(Escrito el 11 de noviembre)
A Miguel…
Últimamente mi vida ha visto llegar a nuevas personas… personas a quien yo busco por mi creencia de que “debo” (del maldito deber ser) ampliar mi círculo social… Esta idea me ha dado vueltas desde hace ya mucho tiempo… años para ser más exactos.
Hace 2 años maldecía porque un seis de enero no recibí ninguna invitación a partir una tradicional “rosca de reyes” (y quienes me conocen, saben que no soy muy dado a participar en esos rituales… pero es más el ser partícipe de un grupo, el “pertenecer a…”).
Es evidente que desde el año pasado, cuando vino la “tortuosa” separación, mi “idea genial” de “conocer a personas” se incrementó. Pero… ¿en dónde conoce uno a personas hoy en día? En nuestro momento como sociedad, donde existen aplicaciones tecnológicas que nos indican a qué distancia está un similar, y sus gustos… en un momento social donde lo visual nos provoca y debemos entrar a crear un escaparate, lo suficientemente atractivo… para después dar el siguiente paso, y usar oooootra aplicación de mensajes cortos, donde la mayoría de la gente escribe mal…
Todo se resume… a resumir… todo debe ser breve… corto… directo… “sin malos rollos”… honesto… y “buen plan”.
Cuando se rompe la regla de no ser breve, la gran mayoría de las personas salen (y a veces me incluyo) huyendo, porque la otra persona “se mostró”, y no precisamente en fotografía… se mostró en sentimiento y habló. Hablaba el otro día en el diván que… había conocido a “alguien” que me había fascinado porque había “hablado”… porque se había jugado, porque había expresado qué le gustaba y que sentía y… qué temía. Yo me encontraba fascinado, porque habrán de saber, que la forma en que me es fácil ser seducido, es por el oído… me encanta escuchar… saber… y que eso me lleve a pensar, a re-pensar… y entonces hablo yo.
En todo este tiempo (más de un año ya) he conocido a mucha gente… personas lindas que recién terminaron otra relación de varios años (algunos casos tormentosas… otras no)… gente que nunca ha tenido una relación –ni consigo mismos-… gente al que besar cuando están teniendo relaciones sexuales, cuando están cogiendo, les resulta lo más “imprudente”… “lo más”. Y se molestan… y se van. Gente que no habla… que no vive…
Y gente que padece. Algunos enfermedades… algunos miedos… algunos soledad… otros, tristeza…
Y entre ellos. Me encuentro yo. Entre ellos, nos encontramos todos. Y no lo digo con este cliché cuasi feminista de “cuando golpean a una nos golpean a todas”. Lo digo y lo pienso desde el punto de vista de que la tecnología nos funcionó de cierta forma para acercarnos… y nos ha alejado demasiado.
Lo que me preocupa… es que podemos (o puedo) culpar a “lo tecnológico” como responsable de esto que acontece… pero en realidad es un síntoma de un momento social donde el relacionarse con el otro, (en minúscula…) da pánico, porque ni siquiera nos sabemos relacionar con nosotros mismos.
Tengo que ser honesto… y decir que estoy cansado de estar solo. Me atormento con una melancolía freudiana… me ataco… sangro… y duele. Y se siente feo…
Pero me aterra que “vuelva a ocurrir lo mismo”… que me destruyan en un segundo la vida… y sea la mejor razón para decir: “quiero conocer el mundo”… y allá, en los lugares más lejanos de mi casa, donde nadie conoce mi vida… donde nadie sabe mi historia, y no veo esas miradas de: “pobrecillo”… ahí, sentir que respiro tranquilo, pero también sentirme solo. Y ahí, además, no sé si se están “jugando” o no… porque no entiendo ni siquiera el idioma.
En una de las sesiones de psicoanálisis que le siguieron a la ruptura de la relación sentimental en la que estuve involucrado por poco más de 5 años, estallé… exploté llorando, y entre pasión y enojo grité que nunca más me dejaría coger por alguien, que nadie me haría de nuevo lo que me había hecho él, en término de dolor…
Dije –de una forma altanera, y tal vez muy romántica- que si me habían roto el corazón …tal vez así debería quedar, roto…
Un año después de que esa relación se terminara, decidí viajar a una ciudad un tanto fuera de lo común, al menos turísticamente hablando para los habitantes del Occidente… y más de Latinoamérica. Había leído meses atrás una fascinante historia que, ignoraba por completo. Me enteré que en Varsovia habían tenido que reconstruir el centro de la ciudad vieja… porque fue absolutamente destruida –como casi toda la ciudad- por el ejército Nazi, como una respuesta –un berrinche del malparido Hitler- por la aparición, defensa y muestra de dignidad, de un grupo de Polacos –Judíos del Ghetto de Varsovia entre ellos- del ejército de la Resistencia de Varsovia.
Esa historia, que después vi ilustrada en la película El Pianista –la cual, no había visto antes, a pesar de haber sido estrenada casi 10 años atrás- me impactó…
Varsovia quedó en ruinas… quedó hecha polvo. El pintoresco centro de la plaza vieja –a unos pasos del río Vístula, o “Wilsa” en Polaco- fue reconstruido piedra por piedra… dibujo por dibujo en las fachadas de los edificios… Se muestra en las guías de la ciudad, postales y en centros de información ubicados en la zona, cómo era esa zona antes de la guerra, al finalizar la guerra… y cómo es hoy…
Es de impacto… es soberbio… es de estimular que un pueblo haya sabido cómo levantarse de las cenizas… y re-florecer.
Comenté en análisis… “es que debo ir ahí… es que yo tengo una historia –con las debidas y claras proporciones- así… a mi me destruyeron… y yo quiero que mi vida vuelva”…
Cuando terminé mi recorrido de algunos días por la hermosa Polonia… y cuando terminó mi semana en la fascinante Varsovia… el último día, en la noche (el domingo 2 de Septiembre) fui a la plaza y me senté en una mesa de una cafetería… me senté en una mesa afuera, justo en la plaza… justo para ver la fuente de la Sirena –la sirena, es el símbolo de la ciudad de Varsovia-. Me agradó mucho que las mesas que están ubicadas en el exterior, cuenten con mantas colocadas en cada silla, para que puedas cubrirte del viento… y disfrutes la plática sin tanto frío. Eso hice… me puse la manta, una manta verde pistache… pedí un pastel de manzana y un café… y no dejé de ver a la Sirena… que con su escudo y su espada… me decía: “ahora ve… y reconstrúyete”.
Será complicado… pero supongo que en algún momento… -pienso- podría lograrlo… aunque no siempre tenga tantas esperanzas…
Soy un “sube y baja”… a veces sí… a veces no…
Por eso… cuando Miguel me confirmó que se iba de la ciudad… pensé en que tenía ya otro motivo, para dejar mi corazón… hecho pedazos.
Un abrazo.
(Varsovia en Polaco se escribe Warszawa… me encantó esta historia… ¿me dejan contárselas…? Resulta ser que un marinero viajaba en su embarcación por el río Vístula (Wisla)… y se topó con una sirena en una de las Islas que se forman justo a las afueras de la, hoy capital. El nombre del marinero era Wars… el de la sirena Zawa… Pienso –yo- que la ciudad que formaron… es el resultado de su amor, un amor tan digno, como el orgullo y el honor polaco).
Leo.