domingo, 30 de noviembre de 2014

...la vida que viven los otros...

(escrito el 30 de noviembre de 2014).
 
“no hay lío Leo”.

No tengo ni idea cuántas veces me habrá dicho eso esa noche… solo sé que me encantaba que lo dijera, porque lo acompañaba de una sonrisa y una mirada que parecía destinada a causarme mucho más interés en él (y sospechar del interés, o lo que sea que yo le cause). La misma sonrisa y mirada fue la que utilizó cuando nos conocimos, meses atrás, cuando llevaba esa “cazadora” verde y su playera negra, con un toque desalineado pero “cool”, muy a la Mark Zukerberg… No hubo defensa en mí que pudiera contra eso.

Unas horas después de lo ocurrido, como de costumbre, llegué al espacio en donde hablo y analizo lo que ha transitado por mi mente, e intento –a veces con sendos errores- darles una interpretación y un “por qué” ante mi vida. En esta ocasión hablé de mi mecanismo de seducción, de cómo idealizo a la gente de una forma que impacta, de cómo le puedo decir al chico que me gusta, cómo iba vestido la primera vez que lo vi… de qué hablamos… y de por qué, me gusta tanto. Al final, esta manera “muy mía”, me ha dado, todo tipo de resultados (cualquiera que éstos sean). Me cuesta trabajo aceptar que hay en mí una forma de seducir –como si eso estuviera permitido únicamente a modelos de revista que se pasean en los bares o en los barrios de clase alta-, pero sé que ese día perdí el control, y fui yo quien se rindió plenamente. Él ganó. Y por mayoría absoluta.

En este caso en particular… aún es muy pronto para saber qué es lo que está ocurriendo, por su mente y su corazón… y saber qué de eso tiene que ver conmigo. Me gusta “fantasear” con que resultará en algo… pero me hago el discreto para no caer presa del miedo o desesperación –cosa que, estando lejos de casa, de mis amigos y de mi círculo de protección, me pondría en una situación (muy) comprometedora-.

Tiendo a idealizar a las personas (amigos, conocidos, compañeros… etc.), eso ya lo he escrito muchas veces antes, y sé que es de forma desproporcionada. Tiendo a idealizar sus vidas, a pensar que éstas son “mejores” que la mía, atribuyéndoles cualquier cantidad de juicios de valor, que hacen palidecer cualquier intento de presentar mi vida como “atractiva”.

Pienso que la vida que veo, que me cuentan de otras personas, es mucho mejor a la mía, por continuamente estarme cuestionando las decisiones que he tomado sobre ésta. Por necesitar constantemente una aprobación o una palmada en la espalda. Por saber que la forma en que mi mente me dirá que está bien lo que hago, es cuando tenga a alguien a mi lado que esté deseoso de compartir conmigo aquello que yo he creado a mi alrededor. Cuando la llamada “psicología de café” (o psicología de los alienados, lo siento) me “intenta” hacer ver que tengo mucho por lo cual sentirme “orgulloso” o “contento”, prefiero quedarme callado antes de responder con alguna frase cargada de sarcasmo hiriente y agresión directa.

Cuando en la obscuridad, me recuerdo que en la forma en que está construida –o sostenida- mi mente, hay un pilar que reclama estar acompañado de alguien. Y es entonces cuando viene una carga de autocrítica que no responde a súplicas, y no sabe lo que es una indulgencia. Es feroz… arrasa con todo… y me deja seco. En posición fetal… angustiado. Temeroso…

No es momento de hablar del por qué la necesidad de estar con alguien, como tampoco es momento para debatir la existencia de Dios, o si es mejor hacer un spin o un pasing shot para defenderte en el tenis… son posturas, son formas de acomodarse ante el deseo de vivir… maneras de sobrellevarlo.

Esa figura de amor tan necesaria en mí, y que que fuera tan perfectamente representada por Él, ahora desvanecida… me ha llevado a estar en severos aprietos por intentar recuperarla.

Severos aprietos que al día de hoy no terminan.

Cuando pienso en las vidas que otros viven, es imposible de vez en vez no realizar una comparación con la mía. A veces eso es bueno. A veces descubres cosas que quieres para ti, y está en ti –y en tus posibilidades- buscar incorporarlas. A veces, descubres que ni por error quisieras estar en los pies del otro.

El tema es, únicamente, ir un poco más allá. Cuando escarbas, cuando indagas en esa vida que aparenta tan atractiva, descubres que hay una persona como tú, que no sólo también tiene problemas, sino que descubres que esa persona tiene más –o menos- desarrollados pilares o ejes de su vida, y que por lo tanto, pueden o no ser compatibles con los tuyos. Sé también, que muy difícilmente esto puede ser modificado, porque eso es algo que se forja muy a temprana edad (y no quiero sonar teórico con esto), ¡pero lo sabemos! Sabemos que algo que fue “mamado”, cuando eras un niño (formas de relacionarte con los otros, el cómo percibiste el primer “amor verdadero”, valores y actitudes ante la vida) muy difícilmente podrá ser modificado. Creo que puedes entenderlos, identificarlos, para detectarlos cuando se activan. Desde lo más simple, hasta temas complejos que, a veces, son totalmente nocivos para ti.

Cuando este chico comenzó a hablar de su vida, frente a mí, “eso” se activó. Que se abriera de tal forma, que frente a un total desconocido (o sea yo) compartiera cosas que lo habrían marcado (o tocado) de la manera en que dijo había ocurrido, trascendió en mí. Recordé un libro… “Amante de lo Ajeno” de Sabina Berman. Pensé que esa sería nuestra historia; no porque yo fuera a caer en la desgracia (eso espero), sino por la forma tan titánica en cómo conducía su diálogo… en cómo me seducía y disfrutaba tenerme ahí, atrapado contra la pared (metafóricamente hablando… en realidad estaba sentado en una silla de la barra de mi cocina).

Me gusta pensar, y confieso haberlo realizado varias veces ya, que esa “conexión” que se dio –no solo por la botella de vino que compartimos- se volverá a dar. Solo es cuestión de esperar. Si pasa… y si no pasa, quedará para esos misterios de la vida, en los que uno a veces se dice… “si acaso hubiera pasado que…”

Hace tiempo, en una clase de un gran profesor –del cual también ya he hablado acá- escuché un ejemplo que, en un principio me costó mucho trabajo entender. Hablábamos del “nombre”. El nombre que cualquier de nosotros tenemos, la carga afectiva… la historia detrás de ese nombre. Habló de Van Gogh, y de cómo había tenido un hermano antes que él que habría llevado su mismo nombre –Vincent-, y que habría muerto y había sido enterrado. Como hemos de suponer, en la lápida estaba escrito el nombre: “Vincent Van Gogh”… El profesor habló de cómo al pintor le generaba un verdadero desorden que lo llevaran al cementerio y le dijeran: “aquí está enterrado Vincent Van Gogh”.

Hasta que un día, alguien le dijo: “aquí está enterrado Vincent Van Gogh… ¡pero ese no eres tú!”.

Me llevó mucho tiempo entender esa frase…

Sé que ahora tengo que entender que …la vida que viven los otros… es la de otros, no la tuya (no la mía).

Suena fácil, suena obvio… pero detrás de esa frase, está la defensa que necesito ante mi propia autocrítica que en últimas fechas, me ha dejado en estado de shock. Indefenso. Asustado. Pienso que por eso sentí escalofríos, cuando en una película escuché la frase: “por culpa de ese tipo se suicidó tu padre, ¿y a ti lo único que se te ocurre es insultarlo?”.

Sentí que un pilar (un eje) muy dentro de mí, se activó. Y que había, muy (pero muy adentro) un ejército dispuesto a defenderme. Tan solo es cuestión de encontrarlo.

(Es probable que el profesor haya usado una metáfora con este pintor… metáfora que a mí me sirvió).

sábado, 18 de octubre de 2014

...por una canción...

(escrito el 18 de Octubre de 2014)

Le sonrío como la Mona Lisa… soy un caso de atar estoy perdida… ¡ya no me tengan piedad!*

Tenía ya algunos días llegando (él) de muy mal humor. Cualquier persona “con dos centímetros de frente” podía darse cuenta de eso. Y cualquier persona que me conozca más “de dos centímetros”, sabe que nunca he podido quedarme callado, cuando algo me molesta. No puedo vivir “con el pinche vestido al revés”.

Hacía ya casi dos meses desde que nos habíamos conocido. Nos bastaron un par de pláticas para entender que, él y yo, nos entendíamos muy bien. Pero ninguno de los dos se atrevía a decir por qué.

Después de hablar por muy buen rato esa noche… no fue extraño para ninguno de los dos concluir que nada estaba funcionando, y que estábamos juntos por algo que nos “convenía” (ya saben… como dice aquella famosísima canción: they’re sharing a drink they call loneliness… but is better than drinking aloneBilly Joel –Piano Man).

Al fin, después de casi dos meses, nos atrevíamos a hablar… Prácticamente vivíamos juntos. Llegaba 5 o 6 noches a dormir junto a mi… a contarme sus sueños… a escuchar los míos… a volvernos cómplices. A no decir nada más. Hasta que yo lo despertaba con un: “ya me voy… por favor, desayuna… te veo en la noche… te quiero”. Y me iba rumbo al trabajo… pensando en todas las frases que él dormido, decía… sin que se diera cuenta… la mayora de su trabajo. “hoy fue el embajador de México... pidió un postre de tres leches… muy chévere”…

Y el ciclo se repetía. Hasta que llegó esa noche. Mi mal humor no soportó más. Ya saben lo que dicen de los que estudiamos en un sistema Montessori: no soportamos la frustración… atacamos cuando nos sentimos frustrados.

Los dos, nada sorpresivo, lo dijimos: “somos amigos… amigos que se besan” (para no dejar de lado la -puta- ironía, unos días después, la Real Academia de la Lengua, no tardó en dar un término a esa definición)… me abrazó fuerte, y él, como característica que a la postre me molestaría, se puso sus audífonos… a lo lejos inició (o a lo bajo) una canción que hacía años (sé que esta expresión se usa, a veces mal usada, día a día.. pero en este caso, es real) no escuchaba. Una paisana suya… una chica que nació en la misma ciudad que él decidió abandonar para venir a Bogotá, interpretaba “Quiero”. La, muy seguramente, Barranquillera más famosa del planeta, me hizo pensar en mi adolescencia… e imaginarme la suya.

Lo imaginé con su familia… tal y como él me la había descrito varias veces… con esa mirada de niño… ¡y con esa risa y sonrisa que me mataba!... lo imaginé escuchando esa canción, sonriendo… imaginando su mundo, ¡su vida!… creyéndola tan distinta de como es hoy.

A veces, hay días… u ocasiones, en las que odio llorar. Esa ocasión, esa noche… fue una de esas ocasiones.

Unos días (u horas, como lo quieran ver) después, llegué a mi cita con el diván. El diván y yo, tenemos la relación más sólida que haya tenido (yo) antes… “Esto” estaba escrito… solo era momento de esperar.

Siguió viniendo por unas noches más… hasta hoy. Donde al salir de la casa, lo vi con ojos rojos… me (nos) dio (mos) un abrazo… y me prometió que nos veríamos pronto.

No lo dudo, porque ahora creo, que desde cierta mirada… se ha convertido en mi primer amigo en Colombia.

Nunca, hubiera pensado (yo), hace unos 12 u 11 años, que algún día tendría un amigo de Barranquilla… que, mientras él se paseaba por la ciudad más grande de la costa colombiana, aprendía a cocinar en el restaurante de su mamá; escuchando a Shakira… pensando con emigrar a Buenos Aires (… no Leo, nada en la PUTA vida es coincidencia, años en psicoanálisis te lo han dejado claro)… yo en México, en el D.F… pensaba en estudiar gastronomía… tener un restaurante en Madrid, y que mi vida, sería muy diferente, a como lo es hoy.

El mundo se está volviendo muy pequeño… y hoy por hoy, parece que el Distrito Federal y Barranquilla, están separados únicamente …por una canción…

Quiero excederme… perseguirte, pretenderte… quiero amarte noche y día, quiero gastarme la vida.

Quiero amarrarte a mis 60 de cintura, llevarte como un tatuaje, quiero perder la cordura… - Shakira – Quiero (de su famoso disco, “Pies Descalzos”).

*Alejandra Guzmán – Si No Hay Vacuna Contra el Amor (de su famoso disco “La Guzmán”).

domingo, 31 de agosto de 2014

...como un pinche clima limeño...

(escrito el 31 de agosto)


Me daban ganas de gritarle: “ya cállate, ¡déjame hablar a mí!”.

Más de un año (casi año y medio) después, he vuelvo a psicoanálisis. Un póster con una imagen “tradicional” de Sigmund Freud fumándose un puro (a veces un puro, es sólo un puro) me mira con desdén hacia un diván improvisado. Mi primer psicoanalista no judía, extrañamente, una psicoanalista que me habla de encuadres ortodoxos, y se despide de mi con un beso en la mejilla… cualquier de ustedes me ha escuchado alguna vez decir la frase: “es por ese tipo de cosas que ahora mismo necesito una copa de vino (o tal vez dos)”.

Dime Leonardo… ¿qué te trae por acá?” Su pregunta resonó, “en sus centros la tierra” dentro de mí… “¿Qué me trae por acá a consulta… de nuevo a psicoanálisis… de nuevo al diván… de nuevo a luchar (dialogar) con mi inconsciente… o acaso se referirá a qué me trae por Bogotá?” De nuevo hablé de él, pues cómo no… la pregunta será si algún día podré dejar de hablar de él… De nuevo apareció Luis Ricardo… y por ahí, en mi mente jocosa, Federico se aparecía con una copa de vino y su argentinidad atestiguada. Hablé del sentimiento de confusión (combinado con muchos otros, por lo menos una docena) que me había generado la última conversación con alguien que me compartió su molestia (en términos claros, se quejó amargamente) porque aparentemente busco continuamente añadir más drama (o drama) a mi vida. Hablé del por qué siento que mi vida es una fuga… de los duelos no resueltos que tengo, de mi imposibilidad de decir adiós… de lo “abismáticamente” apartado que me siento de mi familia, y de la decisión de haberme ido de México (como si se tratara de ir “a la esquina a comprar un pan”).

Mi (no tan) reciente determinación de actuar como un ser autómata… alguien frío, alguien que toma decisiones razonadas, está inspirada claramente en personas a quienes admiro, y que desde mi particular punto de vista, se manejan así en sus vidas. Ambos, en distintas ocasiones, me han demostrado mucho cariño… a su manera… rompiendo con la etiqueta de “autómatas” ante mí. Me resulta muy significativo que una de ellas, en fechas recientes, me esté considerando de sobremanera… Me ha resultado, a su vez, un golpe bajo (una patada en los huevos) que la otra, me haya dicho que se quiere tomar unas vacaciones de mi drama…

El estilo de la primera es ponerme a prueba, es meterme en situaciones en donde yo tenga que tomar decisiones… y decírselas. El lazo que nos identifica se volvió mucho más notorio cuando le dije que quería tomar una posición internacional, que quería vivir la experiencia que ella tuvo en México (país al que sé, adora… y dudo que deje algún día). Ese día, su expresión facial cambió por completo, me pidió tomar asiento, y lanzó la pregunta que meses después cambió mi vida: “¿estás hablando en serio?”.

Por otro lado, él siempre me resultó atractivamente ecuánime. Cuando supo que se convirtió en mi ídolo, en una ilusión que aún hoy me cuesta romper, ese fue el pedestal que lo sostenía… su tranquilidad (ante mi) al tomar decisiones y su seguridad ante el mundo… se convirtió en mi mejor amigo. La historia todos la saben. Lo importante acá es que yo la conozco. Sé en qué momento pasó… sé qué es lo que nos une… y lo que nos genera conflicto. Por eso, cuando me dijo que iba a tomar su distancia, me dolió. Son esos dolores “entendidos”… que no porque estén “convenidos” son menos difíciles de llevar.

Y dolió lo suficiente para darme cuenta que, volver a psicoanálisis, para hablar de lo que necesito hablar, es una decisión, de esas que debo decir. Que debo escuchar de mí que me molesta estar así… como pinche clima limeño: con un cielo gris todo el santo día, que opaca lo lindo que hay que ver… escuchar que no me joda como lo he estado haciendo (paradojas de la vida, y una historia que los hará reír horas, la cual les contaré en otro momento… a mi vecino le llueven condones usados a su terraza, de una loca que vive arriba de nosotros… never mind), y escuchar el por qué llegué a ese punto de confrontación con mi vida… que debo dejar de pensar en él, y si no puedo, por lo menos pensarlo diferente… y que, aunque duela, sé que me fui de México, porque allá no iba a lograr esto.

Es jugarme la carta que no estaba dispuesto a jugar estando allá. Y pienso eso exactamente hoy, cuando hace dos meses, salía de México.

La extraña sensación que recorrió mi mente apenas unos días atrás, cuando al volver de un viaje a Bogotá, entré por primera vez a Colombia con un documento que me acredita como residente de este país (no por nada el señor de inmigración me lanzó un cordial: “bienvenido a casa”). El entender que es ésta mi casa, es un proceso que ya inició. Cada quien vive los cambios como puede. Cada quien se vive como puede, y se coloca en donde su estructura le permite… me sorprende cómo me he permitido yo colocarme en donde estoy, y el por qué a veces pareciera que a la par, planeo un boicot.

Tengo un claro sentido de pertenencia… necesito “ser” de alguien. Me encuentro en un momento en donde no soy de nadie, y tristemente actúo como si esto me hiciera valer menos (o nada)… y pienso que comienzo realmente a trabajar la idea de ser mío, y no de un tercero, con la idea/esperanza de recobrar valor. Haber salido de una enorme zona de confort, me lleva a valerme con todos mis recursos, y a saber en realidad qué puedo y qué no puedo hacer por mí mismo. Ante esto, mi ahora psicoanalista, que también es psiquiatra (¡¡¡por el amor de DIOS Leonardo, mejor pide como 5 copas de vino!!!) comenzó a hablar y a hablar… y a hablar… a un punto donde me sentí la paciente de Freud, la que le dijo “déjeme hablar”… y Freud con esa frase (entre muchas otras cosas más), desarrolló el psicoanálisis. En el psicoanálisis… como en los partidos de tenis, se aprecia el silencio… excepto en momentos de ovación, de descubrimiento.

En el reciente recorrido que me llevó a conocer dos países de la región Andina, llegué a la capital peruana. Al tercer día de estar en Lima, entendí que su clima es su peor enemigo. Esa bruma intensa que la encierra todo el día… la niebla de un momento a otro se forma sobre su bahía, impidiendo que salga el sol. El efecto climático que hace que su cielo sea color, literalmente, gris todo el tiempo.

Pensé que Lima me estaba jugando una broma pesada… que se estaba burlando de mí. Me mostraba, poniéndose ella como ejemplo, lo “fastidioso” que puede llegar a ser estar todo el tiempo “gris” volviéndose protagonista sobre el resto… teniendo tantas cosas tan lindas por ver. Pensé que seguramente así me vio, por un momento, mi amigo… y entendí lo pesado de la situación para él… y para mí.

Es por eso esta semana me sentí totalmente energizado… renovado. Disfruté regresar a la vida que estoy construyendo… a la vida donde me siento diferente. En donde respiro aromáticas que me fascinan… tomo el mejor café del mundo, y me emociono cuando me dan una almojábana; la cuadrícula de las calles me resulta totalmente lógica… de pronto todo suena “chévere”… de pronto la vida es “bacana”, y “esas vainas” se vuelven algo para atender… y si no, mejor te vas a rumbear.

Es feo, duele, escuchar que alguien tan importante en tu vida está “saturado” de ti… pero es bueno saber que su saturación tiene por qué: el no quererte ver (ni vivir) …como un pinche clima limeño…

Esos Incas y sus analogías tan condenadotas…

domingo, 15 de junio de 2014

...el día que me fui de México...

Cuando desperté, la pregunta obligada fue: “¿en dónde estoy?... ah claro, es el hotel”. Respiré muy hondo… y me volví a dormir. La cama estaba deliciosamente suave, y las almohadas, aunque un poco gruesas para mi gusto, me hicieron descansar muchísimo.

Habían pasado ya algunas horas desde que la señorita en el mostrador me informó que no había asientos disponibles en ventanilla… y que mi lugar sería “el asiento de en medio, hasta atrás… junto a los baños”. Reí un poco, la ironía me acompañaba hasta al hacer check in justo en el momento que, se suponía, se cerraba un ciclo tan importante en mi vida… y lo tendría que hacer “en el asiento de en medio, hasta atrás, junto al baño”.

Casi cinco meses quedaron atrás. Cinco meses desde que la posibilidad de salir de México, para tener una experiencia en otro país, se comenzó a discutir. Desde aquel desayuno en Cancún, con la entonces “jefa de mi jefa”, en donde –con sus lentes obscuros y brasilerísima actitud- me hizo saber que todo indicaba que este año no lo terminaría en México.

Una serie de decisiones por tomar, tomaron fila para hacerse presente, una tras otra en mi vida (tomar decisiones es algo que, como a muchos, me cuesta trabajo).

Sé que la racionalidad con la que enfrenté las cosas es sólo una defensa característica y pilar en mi vida… característica que no pudo contra el alcohol que ingerí en una fiesta de despedida que hice con amigos… llorar y hacer dramas es una especialidad que no puedo esconder. Y más allá de “no poder”, a veces siento que es un “no querer”.

Al decidir aceptar, se incluía dejar “todo” lo que conocía y que “tenía” para iniciar de cero. Dos maletas con mi ropa, unos Converse nuevos y yo nos hacemos presentes en una ciudad que llama a sus avenidas “carreras” y que lleva a cuadricular tu mente, para que entonces logres entender cómo llegar de un punto a otro. No hay otra alternativa… es una calle o una carrera (o una “vertical”, para que sepas que también tienen espacios para la esquizofrenia).

Aquí no está Miguel… aquí no hay recuerdos de mi ex… aquí no hay restaurantes en donde Luis Ricardo me haya sonreído, mientras tomaba su vodka “azul con Sprite zero”. Aquí no hay cafés donde haya llevado a alguien para contarle una parte de mi vida… aquí no hay parques donde he caminado y visto como hacen “carreritas” con sus botes a control remoto, mientras un expresidente de los Estados Unidos los observa con sigilo… aquí no hay restaurantes a donde haya ido con mi familia… aquí NO HAY HISTORIA MIA. Sólo una gran hoja en blanco, para un escritor to be.

Por eso, cuando la señorita en el mostrador me dijo que estaría junto al baño, lo tomé con cierta filosofía… hasta que le respondí que no –“hoy me voy de México… y no me voy a ir sentado junto al baño”.

Si hay algo que en verdad sentí con pena… con lástima, fue el no haberme podido despedir con un abrazo de mi mejor amigo, que por cuestiones logísticas, no estuvo presente.

Si hay algo que en verdad me hace sentir orgulloso de mi mismo, es la amistad que tengo con él… que a pesar de la distancia, nos hemos vuelto dos personas, absolutamente cercanas.

Pensé mucho en mi papá… pensé en que estaría muy orgulloso de mi. Imaginé lo que diría… no pude evitar sentir, de nuevo, mucha tristeza por no poder platicar ya con él.

Abracé muy fuerte a mi mamá y a mi hermana… y mi sobrina me sonrió mucho cuando le di un beso de despedida.

Sentí un alivio bárbaro al hacer “esa” llamada que me hacía falta. Me sentí un hombre (el hombre que tanto le gustaba), cuando me agarré de los huevos y fui al cementerio a ver a Luis Ricardo.

La vida continúa… unos con trabajos nuevos, otras, en espera de ver cómo crece su familia.

Por todas las decisiones que me costaron un huevo tomar, por todo lo que pasó por mi mente y mi corazón en estos días… es que no acepté que la vida se pusiera de irónica. Que se vaya con sus hijoputeces a otra parte.

Eso, ha formado mi carácter.

Y fue así como descubrí lo que hay más allá de esa cortina que siempre se cierra cuando llegas a los 10,000 pies de altura… fue así como me sirvieron 5 tipos de quesos y ate… cacahuates al por mayor. Vino tinto mexicano y chileno… agua mineral que no viene en lata… crema irlandesa con hielos… platillos distintos… y todo tipo de atenciones, que la primera clase del Caballero Águila me mostró …el día que me fui de México…

Un abrazo… desde Bogotá.

domingo, 4 de mayo de 2014

...hasta Cristina tiene un poco de establishment...

(escrito el 03 de mayo de 2014).

Hace ya muchos escritos, se me vino a la mente la idea de “tener que” explicar el por qué de la admiración que, muchos saben, tengo por un personaje público (una presidenta de un país sureño).  Específicamente, lo pensé porque recordé una fotografía bastante famosa, o por lo menos, que muchos medios usaron cuando falleció su esposo (un también presidente de la misma nación).
La fotografía en cuestión, para describirla, fue tomada desde un ángulo superior (como si hubiera una cámara arriba de “ellos”), ella parada, parecería en movimiento, a un costado del féretro en donde se encontraba el cuerpo de su esposo, envuelto (el ataúd) por la bandera albiceleste con el sol “de mayo”*. Cuando vi esa foto, en ese momento en cuestión, me pareció algo sumamente duro… por no decir, que era muy “fuerte” ver una escena así. Una mujer, una esposa… una persona amada, despidiéndose de la persona a quien amó.
La foto vino a mi mente, como flash, al volver a ver la portada del más reciente libro que compré, la cual muestra una casa tipo inglés (una casa aristocrática) y el perfil de una mujer (también aristocrática) cuyo rostro no se distingue por el uso de un sombrero de la época… de esos que sacan continuamente en Downton Abbey.
La razón de ese por qué parece estar matizada. Ocurrió un cambio en mi perspectiva, no solo política sino personal, hace unos años. Mi fascinación por viajar se activó en la capital del país que ella, como presidenta, gobierna. Era su 2do. año de gobierno (había, recién, pasado por una crisis de agricultores de soja, quienes se oponían a los nuevos impuestos que les “cargaban”).
Muchos la daban por “políticamente” muerta… los taxistas, la gente de “a pie”… nos decían, a mi entonces hombre amado, y a mí… que era una estrategia. Que ella haría las cosas “difíciles” para cobrar más dinero a la gente, que el país tuviera recursos para salir adelante del “atorón” y que después, su marido (quien moriría casi 3 años después), se volvería a elegir presidente para tener más margen de maniobra.
Eso, como saben… no pasó.
Su carácter y determinación por levantar una nación orgullosa y con pasión al tope, que había sido destruida por un modelo económico de náusea… simplemente vomitivo, me inspiró. Escuchaba por internet sus discursos (en la ONU, en su congreso –que por cierto, el edificio del congreso Argentino, es el mismo edificio que el museo de arte moderno de Hungría… la misma construcción, de ahí que parte de la película “Evita” se filmara en Budapest- en la Casa Rosada… cada que veía anunciado un discurso, lo sintonizaba), quería saber todo de ella y de su modelo, de su propuesta… leí la biografía que una autora* hizo en casi 2 años (incluida una entrevista en el Hotel St. Regis de la Cd. De México)… la defendía con amigos (bueno, a decir verdad, lo sigo haciendo… y creo que la mayoría de mis amigos son de derecha, ¡qué cosa!)… leía las entrevistas que daba… me fui a dar una vuelta al Soumaya y al hotel donde se hospedó en Paseo de la Reforma cuando vino al DF para pensar que tal vez… tal vez, podría ver pasar su comitiva y entonces gritar: “¡Gracias Cristina por ayudar a construir un mundo mejor!”. Me inspiraba ella como persona.
Me inspiraba a ser fuerte, a ser inteligente… me inspiraba a hacer (y a decir). A no formar parte de lo esperado, sino a esperar algo totalmente distinto. Provocar, con idea… “con onda”.
Incluso, una persona me vio llorar cuando, por un mal diagnóstico, se le dijo al mundo que tenía un padecimiento cancerígeno… Sobra decir que mi psicoanalista me regresó una interpretación sobre mi vestimenta negra, cuando ella perdió a su marido (porque se murió) y yo a mi hombre amado… porque él me dejó de amar.
¿Y después?
Y después algo pasó, que me detuvo.
Un lado sumamente seductor… No un lado, un “cierto tipo de gusto” que me atrapa como lirio acuático, se hizo presente en mi vida.
Una especie de rigidez absurda, a la cual a veces pienso “necesaria”, apareció en mi vida. En mi trabajo, en mi vida personal… inclusive en lo que me gusta ver en televisión y escuchar en la radio, parecía estar, por un lado adornado con “rojilleces” (¡ay ajá!), pero por otra, encuadrada en un establishment que da un poco de qué hablar.
Si ya de por sí mis rasgos obsesivos siempre se dan a notar… si ya de por sí, soy muy rígido… creo que ahora me he vuelto mucho más.
Cuando comencé a ver Downton Abbey (como mero ejemplo), mi familia y conocidos reían un poco (o bastante) diciendo que era la serie perfecta para mí… cuando les platiqué que un día me puse a reclamar de forma airada en una tienda porque no tenían tizana, y entonces no podría prepararme un té decente… pararon de reír.
Sé que suena a bluff… pero en realidad, hay que leer entre líneas. Mi preocupación por mi rigidez, y cómo esto afecta en mi vida… me llevó a tomar un nuevo tipo de terapia, que ocupa todo menos un diván (y ya ni qué decir del inconsciente).  Mi lenguaje corporal y mi forma de relacionarme, de acuerdo con la persona a la que acudo para hablar, provocan una barrera sumamente difícil de pasar… eso no solo aleja a muchas personas que ya están en mi cada vez más petit círculo social.
Parezco señora… parezco señora mal cogida. De esas que no supieron nunca qué es un orgasmo. Y no porque nunca hayan tenido algún tipo de información sexual, en la que se enteraran de que existe algo llamado orgasmo, sino porque nunca hubieran tenido la más mínima curiosidad de preguntarse a sí mismas si realmente “eso” que sentían, era lo “que se suponía debían sentir”… más allá de porque la información “no dicha” en el lenguaje con su madre, y con su mundo, les haya informado que “no deben sentir”. Acaso… ¿no les hubiera gustado hacerlo? ¿No se habrán preguntado si… habría más?
Hace poco cogí con un tipo que, al escucharme gritar y revolcarme como loco (too much information, I know… créanme, se justifica)  se detuvo y con cara de asustado me preguntó: “wey, ¿estás bien?... ¿qué te pasa?”. Al responderle que todo “fluía como debía estar fluyendo” (palabras más, palabras menos), respondió que le parecía raro que alguien… “se pusiera así de loco”.
¡Chale!… (nada establishment aquí, ni en el uso de la palabra “coger” y/o “chale”… y menos en mis gritos). Resulta que “ir más allá” en la búsqueda de placer, resulta “loco”. Resultó ser que, ni porque el tipo se fumó medio plantío de marihuana antes de, pudo expandir sus horizontes. Resulta ser, que fui nuevamente seleccionado de honor para la nefasta y mal parida, la BASTARDA Y MIERDERA, categoría de “loco”. Aborrezco que me digan que estoy loco. Me resulta insultante.
Ayer pensé todo esto, cuando daba la tarde, una hermosa tarde… estaba sentado en una plaza muy linda, ubicada en la colonia Roma de la Ciudad de México. La plaza en cuestión está a un costado de la Universidad en donde Luis Ricardo estudiaba… la colonia Roma en cuestión… era “nuestra” colonia… era “nuestro” barrio.
He “detectado” (ya saben que los obsesivos “detectamos” las cosas… así, como por arte de magia) que, desde que murió, voy a esa plaza cada vez que necesito hablar con él… recordar cómo me hablaba del “chino” (el tipo que estacionaba los autos en esa misma plaza), de cuando fuimos a comer a “La Piazza”… o a “Non Solo”… (etcétera).
Ayer pensé todo esto, después de ir al Mueso… después de tomar 2 copas de vino… de comer una deliciosa ensalada con queso brie, aceite de oliva y pimienta…  pescado con una torta de coliflor de espectáculo… una tarta de zarzamora con almendras y un café exprés, que hasta el mismo Federico hubiera dicho ¡que estaba bárbaro!
Ayer pensé (y mucho) en Cristina Fernández de Kirchner… en Lady Mary… en Luis Ricardo… en Carlos…
Ayer pensé… que “siento” (looks like) que a mis amigos les valgo, un poquito, madres. (Hay que leer entre líneas)…
Ayer pensé que …hasta Cristina tiene un poco de establishment
Soy bueno para estar solo… pero se siente bien cuando alguien te pregunta cómo estás. Me preocupa abusar de la soledad… y que ella abuse de mí. Soy muy indefenso en ese juego… porque no lo sé jugar.
Me preocupa que alguien más me diga que estoy loco… cuando lo que está ocurriendo, es que quiero tener un orgasmo. (¿Ya dije que hay que leer entre líneas?).
Ayer me hubiera gustado no pensar… no entender (o pensar que entendía). Ayer me hubiera gustado estar en Budapest  (ver el Parlamento de noche... la Ópera en Andrássy... el Danubio, el castillo de Buda, y la Estatua de la Libertad...).
tome mate… usted me entiende”.
*Alguna vez, hablando con Fede, yo dije algo respecto al “Sol de Mayo”… Fede se extrañó y me respondió (bajando la voz como lo hacía… así, como con gracia, mirándote de frente… y sacando el tono más argentino que su argentinidad porteña le permitía): “che… no hay tal cosa como el sol de masho… eso lo dicen para los turistas”. Le daré el beneficio de la duda.
*La autora es Sandra Russo… el libro se llama: “La Presidenta, Historia de una Vida” (no… no lo consiguen en México). El libro que leo ahora, lleva por título: “La Casa de Riverton”.
 
 

domingo, 20 de abril de 2014

...las lágrimas de mi tía...

(escrito el 20 de abril de 2014).
 
Un acumulado de emociones, y de manifestaciones somáticas, es lo que ha transitado en mí, desde que me hicieron oficial el ofrecimiento de irme a vivir a otro país.
Quiero ser realista en algo… no pensé que algo así me fuera a suceder. No niego que mucho tiempo lo pensé, incluso cuando más joven, en un arranque de pasión y emoción, pensé en renunciar a mi trabajo, e irme a vivir a la hermosa tierra porteña bonaerense… pero aun así contuve mi atrabancado instinto, y me mantuve como un normal asalariado en México.
Notar las muy diversas reacciones de aquellos a quienes les fui informando la noticia, fue una experiencia singular… desde la persona que no mostró nada de emoción… hasta la de una persona siempre muy atenta conmigo que, temeroso, quería saber si podría verme pronto, para “despedirnos”. Mi familia, dándome el espacio que desde hace ya unos años me dan… con mucha cautela preguntándome datos… y sobre todo, si estaba feliz o no. La sonrisa de Miguel vía Skype… haciendo ese sonido que hace con su respiración, cuando algo le da mucho gusto… creo que ese sonido fue el que más me ha alentado a pensar que no sería una mala idea, después de todo, aceptar la propuesta.
He pensado en mi papá, quien tuvo la misma aventura por 3 años… y quien en varias ocasiones me reclamó no haber buscado una beca al extranjero (como él hizo) y salirme un rato de la ciudad (y país) que me vio nacer y crecer. Todos los días, prácticamente, pienso en alguien referente en mi vida, que atravesó (o atraviesa… no lo sé) esa misma situación en su vida.
No sentir (y saber que las que hay, no son determinantes) ataduras a la vida que llevas, y creer que puedes relanzar tu vida en otro lugar, es algo que me tiene pensando (casi penando) en todo momento.  
Hace unos días una persona muy querida, a la que le gusta acompañar sus alimentos con distintos tipos de pimienta y con muchas especias (por ella es que me enteré de la existencia de la pimienta roja) le hablaba al mesero que nos atendió la noche que cenamos ella, sus grandes amigas y yo, “señor, me trajo dos saleros… le pedí también pimienta”. En esta ocasión, la cena (ya casi una tradición entre nosotros), estuvo acompañado de un elemento que me tomó por sorpresa… uno de esos detalles con los que te das cuenta lo unido que estás con alguien… el lazo afectivo que hay. El cariño y amor, que como familia, nos tenemos. Al pedir nuestras bebidas (yo una clásica copa de vino “rojo”, como ella lo nombra en español), descubrí que a mi tía le gusta el vodka de naranja, con agua tónica, una rueda de naranja… servido en una copa de vino. Fue imposible no acordarme, que hace casi dos años, mi mejor amigo se burló de mi “particular” forma de preparar los vodkas con agua tónica (vodka tonics) que tanto disfruté desde el día que los descubrí… “wey, ¡¿qué pedo con tu lágrima de señora?!”, Miguel dijo riéndose (y provocando carcajadas), en alguna de las muchas reuniones que tuvimos.
La cena transcurrió sin mayores sobresaltos… hablamos de todo y de todos, de las historias que ya sabemos los unos de los otros, nos pusimos al día con nuevas historias (que serán repetidas hasta el cansancio en un futuro, porque nos causan risa o asombro… o porque nos gusta recordarlas siempre), las películas que hemos visto, lugares a donde hemos ido (se emocionó y me sonrió mucho cuando le dije lo mucho que pensé en ella cuando entré por primera vez al Gran Bazar en Estambul)… familiares con quienes hemos estado en contacto (o en mi caso, con quienes ya no tengo contacto)…
Una de tantas historias que les platiqué, es la de un vecino con una particular afición. Cada noche, este señor saca su telescopio y enfoca algún astro o cuerpo celeste (no me pregunten la diferencia, porque incluso, no sé si exista alguna) e invita a todo el que pasa por esa esquina de la colonia Narvarte a ver por su telescopio… “¿no quiere ver la luna? ¡Es gratis!”…  “¿quiere ver Júpiter? ¡Es gratis!”.
Le dije a mi tía y a sus dos grandes amigas (que para mí, son parte de la familia) que por meses pasé junto a este señor (cuyo nombre desconozco totalmente) y, respondiendo lo más amable posible, rechazaba la propuesta… hasta hace muy poco.
Ese día vi 4 lunas de Júpiter, y al planeta en sí… ¡Se veían espectaculares! Me explicó el señor el tiempo de rotación de esas lunas, me dijo que era afortunado porque la luna más cercana al planeta pronto iba a ser bloqueada por el propio planeta, y ya no se vería… “mire atentamente, ¿ve cómo está muy cerca la luna del planeta? Bueno, pues en unos 5 minutos ya no se verá nada”… No entiendo por qué rechacé por tanto tiempo la invitación –tan amable y efusiva- del vecino a observar “más allá de lo cotidiano”…
Mi tía no vive en México desde hace casi 40 años… año con año hace una visita a su país para ver a su familia y a sus grandes amigas (una de ellas, la primer psicoanalista que conocí en mi vida). Desde muy chico he encontrado muchos temas que me han identificado con ellas…
Al terminar la cena y ver el  abrazo que dio para despedir a su gran amiga (la también seguidora del diván), me transportó a cualquier despedida mía con algún gran amigo…
Llegué a preguntarme, y cuestionarme, por qué un amigo no es razón suficiente para decir “no”… y quedarme a vivir la vida que conozco. Seguir rechazando las invitaciones que me hace la vida, para “ver más allá de lo cotidiano” y maravillarme con lo que pasa cuando lo hago.
Sé que en la cena del próximo año, podré contar todo lo que vino a mi mente (y a mi corazón) a las integrantes de la mesa. Sé que será una historia que les gustará escuchar (sea cual sea el resultado), mientras yo me viajo pensando …en las lágrimas de mi tía…
(Mañana inicio el trámite que resultará en una visa de trabajo para mudarme de país…)

domingo, 26 de enero de 2014

...de iniciar, una vez más...

(escrito el 26 de enero de 2014).
 
Con la muerte de Federico como un sisma en mi vida, vinieron a cuento una serie de sucesos desafortunados que se dedicaron a engalanar mi diciembre… desde una bravuconada de mi parte a un pendejete en un bar, la cual sirvió no solo para experimentar cómo el flujo de sangre se deja sentir con particular perplejidad al salir de la nariz, sino para cambiar de anteojos (más por fuerza que por gusto)… pasar de nuevo por un quirófano para atender una extraña reacción que mi cuerpo no ha podido contener… hasta mi adicción a una serie de época británica, que me hizo pasar momentos simpáticos en solitario.
A pesar de que no han pasado más de 60 días desde ese terrible día, siento –creo que es algo común en este tipo de eventos- que han pasado meses… el periodo de shock que afectó a todos los involucrados, vino… indiscutiblemente, el momento de reacomodar todo. Momentos incómodos y “feos” (por no decir tristes y mediocres) se dejaron venir, tan solo para recordarnos que los seres humanos a veces tenemos que sacar los colmillos para defendernos, para protegernos… para hacernos valer.
Cuando nos vemos en medio de situaciones muy complicadas, cada uno de nosotros utilizamos los recursos y herramientas que tenemos a nuestro alcance… en sentido figurado. Nuestro actuar va acorde a cómo somos, qué podemos hacer y qué queremos hacer (esto último, pienso, de acuerdo a las decisiones que hayamos tomado).
Crecí viviéndome como un niño, un chico… un joven, al que mucha gente consideraba endeble. Protegido por otros… incapaz de moverse por sí solo. Tal vez por eso, pienso, a muchos les sorprende escuchar que esa persona se convirtió, sino en un autócrata, sí en alguien que puede manejarse con bastante autonomía, capacidad de decisión y que, además, lo disfruta. Sin embargo, no es fácil… La semana pasada recibí la llamada de alguien que tiene un muy valorado lugar en mi vida, una autoridad moral suficientemente grande, como para en su momento haber tenido el coraje de hablar de frente y rescatar nuestra amistad del risco en el que se encontraba. Esta persona me llamó para preguntarme cómo estaba… cómo la estaba pasando. Me dijo que había estado pensando en mi… y que sólo me llamaba para decirme que: “estaba sacando la casta… que no esperaba menos de mí en un momento así...”; que sabía que lo que me estaba pasando no era nada fácil, y que quería decirme que él, desde su trinchera… confiaba en mí (palabras generales).
Me senté… la piel se me erizó… había lágrimas por salir de mi… Esos momentos, esos actos, son los que más valoro, y los que más recuerdo de alguien.
Me di cuenta que sólo 2 personas, hasta ese momento, me habían dicho de corazón que yo podría salir bien de esto… mi madre y Miguel. Manuel… se convirtió en la 3er. persona.
No me cuesta trabajo pedir ayuda… pero lo evito. Sé que puedo hacer las cosas yo solo. Seguramente es una forma de querer decirle a todas esas personas que pensaron que yo no podría llegar a ningún lugar sin la ayuda eterna de quienes me protegían, que sí lo puedo hacer… que aquí ando… que a veces “mi vida bonita” se pone en jaque… pero ahí es donde todo mi ejército interno sale a dar batalla… a tranquilizarme… a llevarme a pensar qué debo hacer y cómo, para no caer… para no perderme… para no perder lo que he logrado, aunque a veces termine haciendo unos verdaderos malabares para sostenerla.
Hoy, después de escupirle la cara a un wey en un  bar, yo con la cara ensangrentada, él con dos puñetazos míos y con su camisa rota; hoy, después de haber defendido mi casa, mi hogar… el lugar donde vivo, de pendejos que no pueden ni respetar un luto; hoy, después de haberme operado por segunda ocasión en 1.5 años, y teniendo menos de 2 días para recuperarme y volver al trabajo; hoy, después de que Miguel se volvió a Playa del Carmen, y que eso me haga sentir una persona bastante sola… parece que las aguas se nivelan, y mi vida bonita, vuelve a surgir.
Una nueva historia se comienza a escribir con un nuevo personaje… un chico de particular atractivo físico y de un trato súper ligero, Dany… de Galicia… llega a vivir conmigo. Es mi nuevo roomie. Al menos unos meses, su presencia acá detonará en mi ganas de conocer cosas nuevas y de relacionarme con gente nueva. Eso se agradece.
¿Quién habrá sido este chico anteriormente… por qué llegó él, y no otra persona… qué historia se escribirá entre nuestras vidas?
Después de toda esta turbulencia, es momento …de iniciar, una vez más…  
(a las personas que este tiempo se preocuparon por mi… llevándome a comer DELICIOSAS crepas francesas con una ESPECTACULAR tabla de quesos… a las que me cuidaron y me abrazaron cuando no paraba de llorar, espantado… viendo como mi camisa se ensangrentaba como vil delincuente en Reforma… a quienes me llamaron desde La Paz para preguntarme cómo estaba… por el simple motivo de quererte decir que te quieren… y por supuesto, para quien me dijo que no esperaba menos de mí en un momento así… muchas gracias).