domingo, 15 de junio de 2014

...el día que me fui de México...

Cuando desperté, la pregunta obligada fue: “¿en dónde estoy?... ah claro, es el hotel”. Respiré muy hondo… y me volví a dormir. La cama estaba deliciosamente suave, y las almohadas, aunque un poco gruesas para mi gusto, me hicieron descansar muchísimo.

Habían pasado ya algunas horas desde que la señorita en el mostrador me informó que no había asientos disponibles en ventanilla… y que mi lugar sería “el asiento de en medio, hasta atrás… junto a los baños”. Reí un poco, la ironía me acompañaba hasta al hacer check in justo en el momento que, se suponía, se cerraba un ciclo tan importante en mi vida… y lo tendría que hacer “en el asiento de en medio, hasta atrás, junto al baño”.

Casi cinco meses quedaron atrás. Cinco meses desde que la posibilidad de salir de México, para tener una experiencia en otro país, se comenzó a discutir. Desde aquel desayuno en Cancún, con la entonces “jefa de mi jefa”, en donde –con sus lentes obscuros y brasilerísima actitud- me hizo saber que todo indicaba que este año no lo terminaría en México.

Una serie de decisiones por tomar, tomaron fila para hacerse presente, una tras otra en mi vida (tomar decisiones es algo que, como a muchos, me cuesta trabajo).

Sé que la racionalidad con la que enfrenté las cosas es sólo una defensa característica y pilar en mi vida… característica que no pudo contra el alcohol que ingerí en una fiesta de despedida que hice con amigos… llorar y hacer dramas es una especialidad que no puedo esconder. Y más allá de “no poder”, a veces siento que es un “no querer”.

Al decidir aceptar, se incluía dejar “todo” lo que conocía y que “tenía” para iniciar de cero. Dos maletas con mi ropa, unos Converse nuevos y yo nos hacemos presentes en una ciudad que llama a sus avenidas “carreras” y que lleva a cuadricular tu mente, para que entonces logres entender cómo llegar de un punto a otro. No hay otra alternativa… es una calle o una carrera (o una “vertical”, para que sepas que también tienen espacios para la esquizofrenia).

Aquí no está Miguel… aquí no hay recuerdos de mi ex… aquí no hay restaurantes en donde Luis Ricardo me haya sonreído, mientras tomaba su vodka “azul con Sprite zero”. Aquí no hay cafés donde haya llevado a alguien para contarle una parte de mi vida… aquí no hay parques donde he caminado y visto como hacen “carreritas” con sus botes a control remoto, mientras un expresidente de los Estados Unidos los observa con sigilo… aquí no hay restaurantes a donde haya ido con mi familia… aquí NO HAY HISTORIA MIA. Sólo una gran hoja en blanco, para un escritor to be.

Por eso, cuando la señorita en el mostrador me dijo que estaría junto al baño, lo tomé con cierta filosofía… hasta que le respondí que no –“hoy me voy de México… y no me voy a ir sentado junto al baño”.

Si hay algo que en verdad sentí con pena… con lástima, fue el no haberme podido despedir con un abrazo de mi mejor amigo, que por cuestiones logísticas, no estuvo presente.

Si hay algo que en verdad me hace sentir orgulloso de mi mismo, es la amistad que tengo con él… que a pesar de la distancia, nos hemos vuelto dos personas, absolutamente cercanas.

Pensé mucho en mi papá… pensé en que estaría muy orgulloso de mi. Imaginé lo que diría… no pude evitar sentir, de nuevo, mucha tristeza por no poder platicar ya con él.

Abracé muy fuerte a mi mamá y a mi hermana… y mi sobrina me sonrió mucho cuando le di un beso de despedida.

Sentí un alivio bárbaro al hacer “esa” llamada que me hacía falta. Me sentí un hombre (el hombre que tanto le gustaba), cuando me agarré de los huevos y fui al cementerio a ver a Luis Ricardo.

La vida continúa… unos con trabajos nuevos, otras, en espera de ver cómo crece su familia.

Por todas las decisiones que me costaron un huevo tomar, por todo lo que pasó por mi mente y mi corazón en estos días… es que no acepté que la vida se pusiera de irónica. Que se vaya con sus hijoputeces a otra parte.

Eso, ha formado mi carácter.

Y fue así como descubrí lo que hay más allá de esa cortina que siempre se cierra cuando llegas a los 10,000 pies de altura… fue así como me sirvieron 5 tipos de quesos y ate… cacahuates al por mayor. Vino tinto mexicano y chileno… agua mineral que no viene en lata… crema irlandesa con hielos… platillos distintos… y todo tipo de atenciones, que la primera clase del Caballero Águila me mostró …el día que me fui de México…

Un abrazo… desde Bogotá.