jueves, 1 de enero de 2015

...corte y queda...

(escrito el 1o. de enero de 2015).
 
Sólo vi cómo hizo un recorte que emocionó a varios, y disparó… el gol lo dijo todo. ¡La emoción de miles, y la mía incluida, hizo estallar gritos y alaridos en la “Zona T”! James daba a Colombia el 1 a 0 frente a un Uruguay que sufría la falta de Luis “meto la mano” Suárez…

Sabemos cómo terminaría eso, además claro, de la multitud increíble de gente que vi bailando y celebrando por la calle, desde donde ya mencioné me encontraba, hasta el Parque del Virrey… pero vuelvo un poco antes a que eso ocurriera.

Era mi segunda semana en una nueva ciudad, y ese día en particular (ese sábado) estaba un poco triste. Me había “caído el veinte” de que atrás, había quedado hasta la lavadora que vendí… y empecé a sufrir unos esporádicos ataques de ansiedad, fatales, que me ponían a merced del terror. Acepto que mi asombrosa capacidad de exagerarlo todo, ayudó mucho a que estos ataques a veces, en verdad, parecieran ponerme en posición de jaque ante el mundo.

Supongo que lo han experimentado, esa particular sensación de darse cuenta de que su mundo ha cambiado. De que han dejado de ser los mismos, o que están en ese proceso y que ya es muy tarde para “devolverse” –del colombiano, “regresar”-. A ese sentimiento, o asunción –conocimiento y aceptación- de un cambio propio lo podemos responsabilizar de los dichosos ataques.

No es presunción, porque a veces, cuando uno cambia, también adquiere actitudes o destapa comportamientos non gratos. Es muy fácil pensar o hablar de que un cambio trae consigo absolutamente cosas buenas. ¡No! Es importante ver qué cosas se aparecen en tu vida, que tampoco son muy buenas tener ahí, y saber que nada (nada) llega por arte de magia a tu vida (aún resuena en mi cabeza la frase: “no Leo, la generación espontánea no existe…” y miren que en la vida que uno vive, aplica tanto como en la biología).

Y es en esos momentos de ataques, de cualquier tipo de ataques que “a usted se le presente”, cuando uno recurre a sus más básicos recursos, y aceptas pedir ayuda.

Decidí volver a psicoanálisis. Un psicoanálisis que aparenta estar pasado por agua, en la tierra del café y las aromáticas (con fresa, manzana y yerbabuena), pero que es mucho más efectivo frente a esa fugaz idea que se me cruzó de tomar alguna pastilla para controlarme… y fue ahí cuando salí a la terraza de mi casa y con un café (un buen café) en mi mano dije, y mirando al cielo: “¡sobre mi cadáver muerto!” –ya sé que es pleonasmo, pero da más enjundia-.

Cuando decidí “no quitarle lo bonito a lo bonito” (frase que tiene toda una historia en mi vida), y apreciar la vista que tenía desde del piso 26 de una torre al –muy- norte de la ciudad donde vivo; a disfrutar las conversaciones con gente que me ha aportado mucho, además de abrirme las puertas de su vida, y de ofrecerme compañía en momentos donde la soledad se aparecía como un verdadero ejército de Mordor frente a mí.

Y descubrí –también- nueva música (desde un Maluma guapísimo, hasta un grupo llamado Clean Bandit, otro llamado Glass Animals… ¡bailé jazz con Macy Gray en un parque Colombiano!, y me causó simpatía conocer a los intérpretes de Cool Kids, y a la chica que fuma mota para olvidar a su ex… mientras va a clubes a tener sexo con desconocidos… -le voy a cobrar regalías por andarse pirateando mi vida) nuevos libros como aquel donde apareció Silvain… culpable de saber que pronto volveré a Madrid… nuevas películas (“por culpa de ese hombre se suicidó tu papá, ¿y a ti sólo se te ocurre insultarlo?”), nuevos parques (sin olvidar el amado parque Lincon), cafeterías (donde hay tortas de almojábana), restaurantes… platillos, ¡lagunas y leyendas y también museos! ¡y un día me puse a rumbear!

Y cuando volví a “casa” de vacaciones… di cuenta que el proceso de cambio ha comenzado. Que hay cosas (actitudes, pensamientos) que se presentan frente a mí que no me gustan, y que no aparecieron por arte de magia, así que no desaparecerán por esa misma fantástica causa. Pero también me doy cuenta, que mi vida está en este momento en otro lugar, que no es la ciudad que me vio nacer. Y eso, créanme, causa una confusión trigonométrica… causa sentimiento de traición. Cuando te tratan como el visitante… y no el residente.

A los 31 años, volteo a ver los últimos años que he vivido y han sido una vorágine… que me llevan desde caminar maravillado en Budapest, hasta el funeral de mi papá (quien, justo hoy, cumpliría 61 años)… volar en globo por Turquía, pensando en el chico que hacía unos meses besaba y hacía unas semanas había muerto… mudarme 2 veces de casa, tener 3 roomies, escuchar hablar gallego junto a mí a cada rato… y brindar en argentino, aprendiendo a preparar un buen corte de carne (aún siento como Federico me observa cuando preparo carne, y me “boludea” si lo hago mal). Y por supuesto… aquel llamado a abordar el avión que me llevaría a vivir a otro país, y esa sensación que recorrió mi cuerpo al entrar en él, y asumir que me iba de mi país por tiempo indefinido.

¿En qué momento apreté el acelerador… dejando, no, ¡provocando! que mucho de esto ocurriera? (con sus claras excepciones de aquello que no estaba en mis manos controlar).

Por alguna extraña, pero obvia razón, siento como si el 2013 se hubiera extendido hasta Junio del 2014… y que mi vida ha tenido varios “corte y queda”.

Soy un acaparador de recuerdos. Puedo hablar de cómo iba vestido alguien cuando lo conocí (si cubre algunos requisitos)… o a qué sabía ese platillo de arroz con pez gato que comí en Croacia… reírme por acordarme de alguna analogía que mi compañera de trabajo (patriótica y revolucionaria) hace de algo en la vida, o cómo olía Luis Ricardo la última vez que lo vi. Puedo ir de un extremo al otro, sin ser diagnosticado bipolar… porque como ya lo dije, sobre mi cadáver –muerto, sí- que me medico.

Afortunadamente, hoy me doy cuenta que una porción importante de las decisiones que he tomado en mis recientes años de vida, han estado bien tomadas. Y que me he cagado por los errores que he cometido, también… ¿pero quién no?

Y afortunadamente, el día de hoy, ese extremo de felicidad, está en recordar el gol del guapísimo James, y a mi viviendo en su país. Así que …corte y queda…

(y cuando toda la “Zona T” estaba boquiabierta viendo ese balón volar… de mi ronco pecho salieron las siguientes palabras: “¡no mamen, que pinche golazo!”… y voló maicena al por mayor y la rumba comenzó).

Constrúyanse un feliz año y muchas gracias por leerme.