viernes, 16 de diciembre de 2011

...unas "no tan peores"...

(escrito el sábado 10 de diciembre de 2011).


Durante mucho tiempo he pensado… en realidad qué quiero decir.


Es decir, me cuesta realmente aceptar darle crédito a un pensamiento, y no pensar que entra como un señuelo a mi mente, para distraerme. El día de hoy, o más bien, la noche de hoy –justo después de un temblor que no sentí, por estar viendo un perro a lo lejos- sé que lo que les quiero decir… es una especie de despedida, una especie de adiós… y no porque me vaya a algún lugar, o porque me vaya a matar y esté escribiendo esto al estilo “Lupe Vélez” , sino porque creo que en las últimas semanas, directamente influenciado por el hecho de que ya no vivo en casa de mi madre, y que por tal motivo, despierto en una cama distinta, mucho más grande, que camino por calles distintas, muchas de ellas con árboles y edificios… con muchas cafeterías y gente amable… que mis rumbos han cambiado… creo que ello me ha ayudado a combatir la depresión que sencillamente, ha declarado un #OcuppyLeonardo.


En los últimos meses, mi vida ha estado marcada por el llanto, la depresión… los recuerdos que bombardean como misiles sin piedad de los civiles… por quiebres involuntarios… por necesidad de que gente me escuche y/o abrace… en los últimos meses… mi vida, ha estado cuasi destruida… derruida… mi vida, es el clásico ejemplo de una eterna depresión de una mente con recuerdos… y un corazón desalojado.


Hace unos días pasó algo… “curioso”. ¿Se los cuento?...


Ocurrió un lunes, al término de una sesión de psicoanálisis (ese eterno psicoanálisis que insiste en analizarme, y yo que me dejo)… surgió la pregunta del por qué no logro enojarme “con él”. Por qué si Leonardo es un tipo sumamente explosivo, por qué no logra expulsar de su mente y corazón ese enojo que sencillamente se niega, inclusive… en hacerse presente. Tres calles después de haber abandonado el consultorio, decidí entrar a una tienda a buscar una frazada que me cubriera del frío que ésa semana en particular, se empeñaba en hacer sufrir a la Ciudad más grande del mundo… por un “error” mío, entré a la tienda atravesando la rampa de salida de los automóviles… cuando de pronto, un Yaris me golpeaba la pierna izquierda, haciéndome girar en 180 grados y un poco hacia atrás… ya ahí, el conductor del auto se empeñó en demostrarle al mundo su estupidez flagrante, dejando caer el auto a todo, golpeando mi mochila. Todo esto que cuento, pasó en no más de 10 segundos. Tras el susto, el conductor me miró, y decidió ignorarme, intentando irse del lugar, sin saber que 1 metro adelante, el tráfico lo conminaría a no poder pasar una calle en al menos 20 minutos (Horacio esquina Arquímedes… en Polanco).


Estallé.


Decididamente golpeé la ventana del automóvil, pateando la defensa del auto japonés (cada que digo alguna palabra y la junto con el gentilicio “japonés” me acuerdo de la frase de la canción “y me contaron que te vieron paseando con ella, en el bosque japonés”…)… mis golpes e intentos (sí… intentos) de patadas voladoras, hicieron que al menos 20 personas miraran con expresión de pánico y otros de empatía a mi enojo.


El punto, es algo que me da pena, y que puede no ser entendido por mucha gente –sobre todo si ésta no me conoce-… pero para que el futuro contexto se entienda, lo tengo que decir…


“¿Vos no sabés manejar? ¡Mirá que sos pendejo!”… cerré mi puño, y tras decir esas palabras –mismas que salieron de mi boca, sin pensarlas… ¿alguna vez han dicho algo, y tras escucharse a sí mismo, se dan cuenta que no lo pensaron… que salió “en automático”?- comencé a golpear el auto…


La “guzmanidad” se apoderó de mi… “transformen éste cuerpo decadente…”… “transfórmame Sinergy”… todo pasó por mi mente… destruir al tipo y al auto en cuestión.


Tres días después, el jueves, comentaría en el diván lo sucedido… además, de ir vestido de forma particular. De negro.


Al final de la sesión, cuando suelo romper en llanto, cuando mi cuerpo ya no aguanta y explota… dije algo… “pues no sé cómo se haga eso… preguntémosle a Cristina Fernández, seguro ella sabe”. Unos minutos después vino el comentario con el que cierro la anécdota del “¿se los cuento?”…


Creo que está en duelo. Esta imposibilidad de enojarse con él… “ay Doctora, lo dice porque hoy me vestí de negro…”, y mire –respondió ella- ahora que lo comenta, desde que lo vi noté algo distinto en usted… que normalmente se viste de colores claros… el que hable de Cristina Fernández, que se viste y vestirá de negro… que está en duelo… que usted llore, que aún no se permita integrar, que no pueda si quiera enojarse… porque tiene motivos, ¿no se merecía usted una explicación a lo que estaba pasando?... y explota… se enfurece con “otro”… con un ajeno.


Pensé en ese momento para “mis adentros”… “y hablo con el vos, y el sos”…


El duelo imposible de combatir…


El duelo que se tiene perdido, antes de que comience… el duelo que me quitó todo, y para que no me quitara más… tuve que adquirir un colchón nuevo… uno que no tuviera recuerdos…


Mi vida no podía permanecer sin cambios, si acaso yo quería seguir viviendo.


Hoy… terminé de ver por segunda ocasión la película “París te amo”. Me encantan algunos de las historias que ahí salen… el matrimonio que se pide el divorcio… el chico invidente que hace una retrospectiva brutal de su relación con la actriz… el muchacho que habla del sentir de un alma gemela, con un chico que no entiende nada por no hablar francés… y por supuesto, la mujer cartera que visita París como su gran sueño… y rompe en alegría / tristeza cuando siente que se ha enamorado de París, porque la ha hecho sentirse viva…


Hoy… otro sábado más… terminé… sintiéndome. En duelo.


Solo que la persona con quien tendría que combatirlo (en juego de palabras)… me dio la espalda, para irse a otra vida…


A veces… últimamente me pregunto… ¿qué tanto vale la pena seguir?


¿o si sólo es… por darle felicidad a otros?… mientras por dentro… la hemorragia –lo sabes- te ha matado…


A veces… últimamente me pregunto… ¿cómo es que sigo aquí?


Si nunca me sentí lo suficientemente fuerte como para aguantarle el paso a la hostilidad…


A veces… me creo el fuerte… juego “al que sí puede”…


Y cuando inicia una canción que lo trae a mi mente… todo se derrumba… y suplico se detenga.


Quiero creer que esto terminará… y que mi sonrisa natural… surgirá con todo.


A título personal… les quiero agradecer, nuevamente, el estar conmigo… el apoyarme… el llevarme e invitarme a los toros… el invitarme a un café en un lugar lindo… el invitarme a una fiesta, y platicarme de su vida… el abrazarme cuando ya no podía mas, y terminar contándome un chiste pendejísimo que a los dos nos hace reír… agradecer el que sean mis amigos… y que me le demuestren con todo.


Gracias… (Hvala!)...


Y que pasen unas buenas fiestas. Las mejores… o por lo menos …unas “no tan peores”…


Cuando llevábamos más de una hora de vuelo, ya de vuelta a México… el piloto extrañamente habló en español, sólo para decirnos que íbamos a entrar en turbulencia “porque estábamos entrando a una nube”… la señora junto a mí dijo riéndose hacia mí: “¿entrando? En qué momento salimos, si esto se mueve todo el tiempo…”


Reí… y pensé, que no voy a salir de esto… en mucho tiempo... tanto como ese avión atravesando la nube.


Un abrazo fuerte… y me quedo con la frase que me vino a la mente, grosera y majadera… naca y sin sentido… gloria y con pena… ¿Quién necesita París?… cuando existe un Budapest.


Se va el año… que me mostró ballenas en Los Cabos… el por qué para los habitantes de Zagreb una fuente representa toda una historia… el dragón esloveno que no me deja (y que bueno) en paz… un parlamento húngaro que me hizo sentir muy chiquito… el laberinto del centro de Bratislava… el museo Freud en la calle Bergasse 19 (asse, significa calle, so… es la calle Berg)… y Jakub, en la torre de Praga…


Ah… y también me tomé un café en Bogotá.


Solo alguien con una depresión de libro… no podría ver que este año, tuvo cosas muy buenas… por otras tantas terribles.


Sretan Božić, Sretna 2012!

jueves, 6 de octubre de 2011

...un colador de café...

(escrito el 06 de octubre de 2011).


Dos meses antes de partir... un Tsunami destruyó mi pueblito.

"Imagínate que mi vida es un pueblito... bonito, junto al mar. Un día... una tarde, llegó una ola que nadie vio venir. Mató a todos, ¿sabes? Cuando busqué desesperadamente si había algún sobreviviente, o me había quedado algo para mi... descubrí con terror (y algo de extrañeza) que sólo había quedado un colador de café"... -¿un colador de café Leo?... ¿y por qué un colador de café?- "no sé... yo tampoco entiendo por qué".

Conté esta analogía muchas veces... porque así me sentía (y para ser honestos, cuando se mete el sol... me sigo sintiendo así). Normalmente... mi expresión, y la forma en cómo lo contaba... hacía que la persona que me estuviera escuchando (y yo mismo)... riéramos. De nervios, claro está.

La historia fue así... el año pasado, en octubre, tuvimos un gran pleito... fue, la vez que más recuerdo me enojé con él... nos gritamos... yo, inclusive lo insulté.

Nos dejamos de hablar por unos días... cuando iniciaba el otoño del 2010. Una noche... en ésta misma pantalla donde he escrito tantas y tantas veces... vi (en esta página tan afamada de videos) un comercial. Como ustedes saben, me encanta ver comerciales de otros países... pero este no era cualquier comercial... era un comercial, de la agencia de turismo de Croacia.

Mi mente se fue años atrás... años. Recordé cuando tenía 11 años, y jugaba en casa de mi amigo (más bien, mi compañero de la primaria) por las tardes entre semana. Su mamá -quien acostumbraba ir a comer a su casa, en la hora de comida que tenía en su trabajo- veía un noticiero por las tardes. Estoy 100% seguro que la señora no tiene la menor idea el efecto que causaba en mi escuchar siempre las noticias. Escuchar de una guerra. Una guerra lejana, pero una guerra. Aviones bombardeaban villas matando gente... tanques arrasaban pueblos... gente huía.

Era la muerte de un país. Un país que resurgiría en 6 países.

Cuando vi ése comercial, una de esas noches... de esa semana donde no hablamos porque estábamos enojados... pensé en que tenía que ir ahí. No era una opción... era un deber. Ellos habían pasado por la peor de las guerras... por una división absoluta... por matanzas que sólo demuestran que el hombre, es el peor enemigo del hombre.

Cuando planeamos nuestro segundo viaje al extranjero juntos... yo insistí. El... accedió.

Unos meses después, estaríamos recorriendo juntos, lo que alguna vez fue parte (gran parte) del imperio Austro Húngaro... el imperio que gobernaron los Habsburgo. 5 países... 5 ciudades... 5 lugares "extraños".

Unas semanas antes... me hizo una confesión que causó un tsunami... derrumbó todo en mi pueblito... y me dejó solo. Claro... con un colador de café. Mi novio, en realidad mi pareja... la persona con quien había sido cómplice de mi vida por 5 años... había decidido separarse de mi. Ya no éramos una relación. Sus palabras... su expresión "ya no te amo" cayeron como una bomba sobre los platillos libaneses que ése día, habíamos decidido comer.

No puedo decir que mi psicoanalista "nunca" había visto llorar a alguien así (porque no lo sé)... Pero sí puedo decir que voluntariamente decidí no acostarme en el diván... cosa, que evidentemente sorprendió. También puedo decir... que tuve que ir mucho más a mi espacio... para poder salir a flote.

La noche del 31 de agosto... mi mente me dio una tregua (tratado de paz que mi corazón no accedió a firmar). "Vete Leo" -me dijo-... lárgate 17 días. Yo, obediente y aterrado de miedo, obedecí. Cuando el avión se despegó de la pista... y sentí que todo el aparato temblaba... me puse a llorar. Para asombro de la mujer negra (o debería llamar Europeo-Africana... o ese término no existe... ¿¿??) que me veía con ojos de extrañeza y cero simpatía.

Me encantaría contarles cada historia... cada cosa que vi... cada platillo y vino que probé... cada calle extraña por la que caminé... los olores que llegaban a mi sentido. Me encantaría que entraran a mi mente y vieran lo que vi. Pero no será así, porque además de seguramente considerarme engreído y presumido... estoy seguro que cada uno de ustedes habrá tenido una experiencia similar. Y si no, realmente deseo que la tengan.

Les quiero contar algo que ocurrió. Como saben -creo que no lo saben- mi madre es bruja. (No... paren de reír... que es verdad). Insistió en acompañarme al aeropuerto -cosa que en realidad me parece ridícula, pero creo que ella tenía miedo de que me suicidara en el camino-. Ya estando allá, me dijo que tenía algo que darme, que por favor no lo fuera a rechazar (esto porque ella sabe que siempre mantengo mi distancia de lo que hace... no porque sea malo -mi madre no haría mal a nadie-, sino porque no lo entiendo y me confunde). Extendió su mano y me dio una pluma. "Ponla en tu cartera... te va a proteger, es un amuleto".

No le quise decir que me sentía como Dumbo y la pluma mágica que lo hacía volar... sonreí y accedí.

Horas... días... y varios días después... un ejército de personas amables llegaban a mi vida sin hacer otra cosa que sonreírme.

Sonreír a alguien que está deprimido y solo... es un tanque de oxigeno para alguien que muere ahogado.

Gente extraña...

Un sujeto llamado Ygor (de casi dos metros)... que con su perfecto español, me enseñó que los croatas no tienen una forma de decir "adiós"... "tal vez sea porque creemos que vamos a vivir para siempre" (reía... su chiste, solo lo entendimos dos. El, y yo).

Una modelo llamada Ivana... otra mujer llamada Tanya... un pintor cuyo nombre es Dôman (con los ojos azules más increíbles y sexys del mundo)... un tipo raro y atractivo que se llama "primer hombre" -Primuch- (¡¡¡pero que nombre!!!). Un dragón... que defiende a toda una ciudad... y que fue un honor conocer. Dezan (Dellan)... ese chavo... en serio me gustó. Y aunque solo hablamos 40 minutos... no se imagina lo que me ayudó.

Un gitano que se llama Rajmund (¡Ray!)... un gitano... que sin un peso en la bolsa, me enseñó a recuperar la confianza en la gente.

Jack ("like Jack Sparrow" me dijo su dueño que a duras penas hablaba inglés), un perro negro que en realidad... en realidad fue la onda conocer... fue el ser vivo más amable que me topé en la ciudad donde Freud desarrolló el psicoanálisis... la ciudad que te grita en la cara: "yo fui la capital del imperio... ¡¡¡admira mi opulencia!!!"

Y un trompetista... que sin afán de ofender a los fríos... a los que no sienten... a los que nunca han sentido que lo único que les queda en la puta vida es un puto colador de café... un trompetista que me hizo sentir vivo...

Jakub. (Su apellido me lo ahorro... pero me encanta. Tengo una "extraña" fascinación con los apellidos... y el suyo se pronuncia, de igual forma, que un concepto psicoanalítico que quiere decir: "yo"... que fuerte, ¿no?) Un tipo extraño... cuyo trabajo es anunciar a su ciudad... que una "nueva hora ha llegado... y una hora se ha ido". ¿No es maravilloso? (Sí... lo es, tanto Jakub como su trabajo).

Este joven (de 23 años y egresado del conservatorio de Praga)... miró siempre directo a mis ojos... y fué obvio que vio una tristeza enorme, una desesperación insoportable, y un recuerdo anhelado... tal así... que decidió abrazarme. Sin pedir más. Sin yo pedirlo... frente a todos... un abrazo... que me "despedía" de Europa, y un viaje que plane (amos) por casi 1 año. Y que ahora... veía con asombro, sólo a un visitante, cuando deberían ser dos.

Solo música... y un gran abrazo... justo en la última hora que el sol visitó esa ciudad... el viernes 16 de septiembre... justo unas horas antes de volver a mi mundo real... justo unas horas antes de que la tregua mental llegara a su término... justo ahí, en una torre... que hora con hora... da la hora.

Hoy... pienso. Siempre pienso... siempre hablo. Me he descubierto tomando y fumando mucho.

Otras ocasiones... me descubro riendo tímidamente... no es mi costumbre. Me gusta anunciar al mundo cuando río.

Otras... muchas... me descubro llorando. Pero tengo una carta secreta con la que juego ese reto. Cierro los ojos e invoco a todo ese ejército que se apersonó en tierras extrañas para "defenderme" de mi tristeza. Para combatir junto a mi... una batalla que nunca vi. Un ejército que, con sonrisas... ¡peleaba a todo!

Estoy solo... (Como siempre he estado, y estaré -sin afán de drama-).

Carlos fue un protector de muchas cosas... ayudó a construir mi mundo... mi feliz mundo...

Y cuando se fue -como ya les dije- sólo dejo ...un colador de café...

Con todo mi cariño y agradecimiento a todas las personas que en estas semanas... me han dado algo más que apoyo... me han demostrado su amistad. Los quiero, y sin más... gracias.

Y cuando cierro los ojos... viajo de nuevo... y ya estoy ahí...

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Zagreb (y su calle Tkalciceva)... (T-K-L... do it right!).

Ljubljana (y el dragón en el castillo)... (remember... my name is Dôman. Nice to meet you Leo: "enjoy Ljubljana").

Budapest (y el parlamento junto al Danubio)... (this... is parlament. -dijo, con su acento, y olor a gitano-).

Bratislava (y el UFO)... (your visa please... "sorry, we mexicans do not need visa").

Viena (y su opulencia... su pastel, la ópera, el museo Freud... el palacio imperial... y el guía inglés)... (Welcome... to Sigmund Freud Museum. "One ticket please")

Praga (con Jakub y su trompeta)... (Take a picture with us... "Do you know Devorak?").

domingo, 26 de junio de 2011

...que volveré a hablar...

(escrito el 27 de Junio de 2011).




Hubiera hecho lo mismo...

Pero yo no tenía una raqueta en la mano... y había decidido emborracharme una noche antes (cosa que cumplí) para poder terminar con mi momento de tensión... con la gripa que ya era sintomática, y con la irritación que había inundado mi cuerpo, por casi 10 días.

Me considero alguien con una "buena" (o por lo menos superior a la media) capacidad para procesar momentos emocionales de terceros... pero no de "segundos". Cuando gente que me rodea -y que quiero-, la está pasando "no bien"... cuando están tristes... cuando las cosas se ponen como una tarde antes de una lluvia considerable... me afecta. Y me siento mal. Y es ya "normal", o mejor dicho, acostumbro transmitirlo al cuerpo; a veces con problemas digestivos, o con una irritabilidad fuera de órbita... con mareos constantes, dolores de cabeza que no me dejan... etc. Esta vez fue una especie de irritación en mi piel, que atacó mi cara y mi tórax (además de mis talones... de Aquiles), y cuando por fin pude librarme de ellos, mi amiga la gripa vino con todo a mi vida, para dejarme ver que la tristeza estaba presente en mí. Fácil... que estaba triste.

Me di cuenta de ello, cuando pasaban horas sin que yo hablara con nadie -y peor, ni conmigo mismo-. Suelo ser muy tormentoso, olvido que la lluvia también trae frutos y renovación. Yo, por el contrario, sólo veo la inundación y el caos.

La razón de escribir esto, no es otra que el de compartir en qué momento determiné intentar terminar con esto.

La madrugada del sábado, me despertó una alarma que olvidé apagar de mi teléfono celular (el cual uso también como despertador de lunes a viernes). Eran cerca de las seis de la mañana, y sentía mucho frío (seguramente efecto del alcohol que continuaba haciendo estragos en mi cuerpo). Tardé en dormir de nuevo... comencé a pensar en todo lo que me llevó a sentirme así: amigos, familia... mi vida... la historia que veo día con día escribirse en el mundo.

Hablar de puntos finales... no ha sido -tampoco- mi estilo. Hablar, es por el contrario, lo que me gusta. Lo que necesito hacer para sentirme bien. Hablar de puntos suspensivos... es en cambio, algo que debo hacer.

Comencé a llorar... todo empezaba a fluir. No necesitaba tomar tequilas como pendejo, o hacer cosas como idiota... para hacer que la "cosa pasara"... necesitaba hablar conmigo. Entender, y escuchar... cuáles eran mis miedos de todo lo que había escuchado, leído y visto... pero peor aún (o más importante aún)... de todo lo que había pensado.

Lloré lo suficiente... sin exagerar, sólo lo suficiente.

Y volví a dormir.

Aproximadamente seis horas después, estaba con un humor un tanto más tranquilo, pero aún... con ese sabor a: "espero que recuerdes bien lo que pasó en la mañana... espero que no te vuelvas a quedar callado". Veía un partido que seguramente se volverá hito en la historia del tenis en Wimbledon. Un tenista -al que admiro mucho- estaba siendo atacado de forma directa por él mismo. Algo no estaba en conexión consigo mismo. No estaba jugando como todos sabemos puede jugar... y juega normalmente. Los comentaristas eran duros con él: "mirá Lalo (un argentino hablaba) que no es el Nole que conocemos" ... "algo le pasa a Joker"... "bueno pero qué será... será su alergia de nuevo"...

Yo... callado... veía.

Y entonces pasó:

http://www.youtube.com/watch?v=1KALo1kygo4

Y me paré gritando... aplaudí... grité mas... y le llamé a mi novio... a quien necesitaba más en ese momento de soledad... para contarle lo que había visto (y que les comparto en el enlace de arriba).

Explotó... se enojó... destruyó su raqueta... perdió el set... y a partir de ahí... comenzó a jugar para ganar en el 3er. match point del 4to. Set, del torneo más lindo de toda la gira del Tenis. Puedo asegurar... que "Nole"... habló consigo mismo.

Agradecí el que alguien se enojara, ¡que alguien hablara!... que ese alguien, sea alguien a quien yo admiro... ¡y neta que lo admiro! El hablar, se puede hacer de muchas formas... Emborracharte -a solicitud- es una forma de hablar... el hablar -con palabras- del por qué esa borrachera, cambia la situación.

Por la noche, terminando de ver una muy emotiva película italiana, rompí en llanto junto a mi novio... le dije que estaba triste... y que a veces me cuesta entender qué está pasando... me cuesta entender el mundo... me cuesta no poder hablarlo, cuando de eso se trata para mi... de hablar. Y hablando... me sentí mejor.

Hace unas semanas... mi hermana me platicó que encontró una carta que mi abuela materna escribió en el año de 1981, dos años antes de que yo naciera. No hablaré del contexto... pues es un poco engorroso, y también, porque se entiende, es algo familiar... pero cuando me dio a leer la carta... me dio gusto, saber... que alguien en mi familia nos alienta a seguir, y a estar bien.

Sé que la tristeza, y por ende la gripa, se irán pronto. Sé ...que volveré a hablar... de lo contrario... tendré que destruir mi raqueta y el juez de línea me amonestará por "abuso de raqueta"... ¡Por Dios en qué mundo vivimos!

Un abrazo...

Leo.

"Sé que aún nos quedan camino que andar; pero también sé que, suceda lo que suceda, lo andarás con la frente en alto y la satisfacción de haber cumplido como hijo, como esposo, como padre, como profesionista politécnico y como ciudadano (...) Con todo el cariño para mis hijos y nietos: Magdalena M. de Guzmán. Junio 30, 1981".

domingo, 5 de junio de 2011

...creyendo por momentos...

(escrito el 5 de junio de 2011).


Hablando de ver.


Comenzaba a creer, con cierta dureza, que mi vida estaba siendo el centro de una intriga paranormal, digna en ocasiones de una película de terror, aunque en realidad sabía que tarde o temprano, el inconsciente saldría a relucir para reírnos un rato él y yo.


¿Y Bien? Pues nada, que he tenido uno de los mayores actos fallidos que puedo recordar.

Si bien, me molesté y dejé ver mi humor de fiera y león encabronado… intenté tomarlo con filosofía, tapando el sol.


Pienso que comenzó a tomar forma hace un par de semanas, como suele ocurrir, nombrándolo (o nombrándose, porque no sé –y lo digo en verdad- si se debe tomar como un ente al cual nombrar en tercera persona) en mi sesión de psicoanálisis. Hablaba del ver y del no ver a personas… y también de personas que no me quieren ver, o bien, no me quisieron seguir viendo. Más allá del ver… ¿cómo decirlo…? su persona… es ver lo que son, y quiénes fueron en mi vida… lo que dejaron en mi vida… y como yo, tuve que “vivir” (defendiéndome, apasionándome… riéndome, llorando, cuestionando… idealizando… destruyendo, etc.) ante esas personas.


Se cruzaban las imágenes… en ocasiones era mi padre… en otras, personas que ya no están en “mi campo de visión” (y no lo digo en el tenor de esos chistes donde un ciego le dice a otro ciego: “oye… ¿ya viste?”)… sencillamente porque, se alejaron o me alejé… o los dos, y debo decir entonces, “nos”.


Evidentemente, por más que quisiera, no podría compartir en (y por) este medio, la serie de pensamientos que se dieron cita tras darme cuenta, la mañana del jueves… que mis lentes de ver… mis lentes de aumento, no estaban donde debían estar, y tenerme que rendir, tras 50 minutos de búsqueda exhaustiva (que incluyó a mi perro fiel, Salchichudo –así se llama-) por toda mi casa, con especial atención a mi recámara. No voy a decir que me di por vencido, solo tomé una actitud de “espera… mira que esto no lo vas a resolver ahora… así que vete a tu trabajo”. Me senté un momento en el sillón de la sala donde el perro del que ya hice mención, Salchichudo, me acompañó por un momento.


Quienes han compartido su “vida humana” con una mascota… habrán experimentado esa sensación cuando su mascota, les pregunta: “¿hey… qué tienes?” (poniendo su cara de tristeza… puppy face – o puppy eyes si gustan-). Pues bien, eso fue lo que pasó. Mi perro olió que algo estaba mal… que yo estaba que me contra llevaba la chingada… se acercó, y me hizo un cariño con su “húmeda nariz de mañana”. Me dio gusto… que por fin alguien me preguntara, directo y sin rodeos… “¿hey… qué tienes?”.

Fue mi perro.


Me subí al auto, y decidí manejar lento y muy “a las vivas” si me permiten la expresión. Le quería demostrar a mi inconsciente que podía vigilar (ay ajaaaaaaaaaaa) cualquier otra sorpresita que me mandara. Pero ahí daba inicio lo interesante… mientras yo pensaba, e intentaba explicarme, en dónde habría extraviado mis lentes… mientras pensaba cómo haría para que mi cerebro no explotara por el dolor de cabeza que me generaría el forzar mi vista…. Mientras pateaba del coraje por creer, and I mean it, que “algo” se habría llevado mis lentes de mi recámara, mientras yo dormía (tras haber compartido 2 cafés y un alfajor con una amiga, y muy linda persona)… mi vista se veía seducida por un color ámbar, sumamente… ¿cómo llamarlo?... ¿atractivo? Mi vista estaba siendo obstruida… diseminada… bloqueada… mi vista, estaba siendo “alagada” y “seducida” por el color ámbar de mis nuevos lentes obscuros.


Soy de las personas, que gustan de manejar con lentes obscuros… creo que tomé este vicio desde hace como 6 u 8 años… Y realmente, he tenido pocos lentes obscuros en mi vida. 3… (sé que muchos pensarán que esto, en realidad, no tiene sentido y es una banalidad, y que es lo peor que he escrito… quiero pensar que viene algo bueno). Los primeros lentes obscuros que usé hasta “que los perdí” los compré cuando hacía mi servicio social… realmente, eran unos lentes muy bonitos. Los siguientes, me los regaló mi novio. Carlos, se lució en una navidad (justo 3 meses después del evento desafortunado del “tejón mutante”) y me dio unos lentes de regalo, que conservo aún hoy. Pero hace 3 semanas, decidí adquirir unos nuevos lentes… me costó mucho trabajo, pues pensé que estaba siendo “ingrato” o “descortés” con los lentes que me habían dado con mucho cariño…


Estaba estrenando mis nuevos lentes obscuros esa misma semana…


Estaba manejando con mis nuevos lentes …creyendo por momentos… que me veía muy bien… que las cosas se veían muy bien. En un “alto” me miré por el retrovisor… y caí en cuenta del por qué había elegido ese modelo.


Creí que se parecían a los de alguien… de quien había estado hablando mucho en mi sesión de análisis… de alguien, que aunque “no está”… veo mucho. De alguien… que representa no sólo valores personales… sino ideas, causas… formas de ver la vida… maneras de vivirla… hasta sentido del humor.


Son formas de ver a otra persona… de ver otra vida… que a riesgo de sonar meloso y torpe… dan sentido a la propia.


Cada uno de nosotros… tenemos personas en quienes nos inspiramos… personas que por algo llegan a nuestras vidas… personas que hablan y que te escuchas en su hablar… personas que, sabes… representan una idea la cual, tú también piensas.


Creo que eso lo noté 2 días después… y creo que por eso me decidí a escribirlo.


Duele, sin lugar a dudas… enterarte que ya no eres, o al menos así lo piensas, relevante en la vida de muchas personas que en su momento sabías eras…. Y pensabas serías.


Me dolió enterarme de una conferencia… me alegró enterarme de una visita pospuesta a México… me alegró y entusiasmó escucharme de nuevo apasionado por algo… sentir que la sangre fluía en mi torrente sanguíneo por hablar de algo… y porque a veces, hablar es la única forma en que llego a no pensarme “tan tonto”.


Porque en ocasiones… lo creo por momentos. Sobre todo cuando me entero de estúpidas conferencias… y mi enorme dificultad por sanar episodios en mi vida… que me dolieron, literal… hasta el alma. Hoy, se que son recuerdos que me atacan como retaliaciones Kleineanas… y que ya depende de cada quien (y de su hermosa estructura)… el “cómo” las aborde. Le comentaba a mi analista, el lunes pasado, que en ocasiones hago uso de una analogía (que creo solo algunos harían): “cuando en ocasiones, siento que se están pasando de lanza… recuerdo cuando en el tenis te avientan la pelota al cuerpo, y no te dan chance de atacar, es sólo defenderte del golpe –que sabes dolerá-… no es de caballeros tirar al cuerpo, raquetazos al cuerpo”… “¿al cuerpo?” –respondieron detrás de mi-.


Confieso que por un momento (bastante extenso, por cierto)… creí que un ente (ajeno a mi inconsciente) se habría robado mis lentes para espantarme… para entonces, darle valor a los pensamientos que destruyen mi vida… que destruyen mi pasión, coronando al rey “miedo” como gobernador de facto en mi mente.


De ahí lo feliz que me puse… al encontrar dos días después mis adorados lentes de aumento… debajo de mi cama, entre muchas cajas… ¡No sé cómo pudieron llegar hasta ahí!


Hubo muchas posibles explicaciones a mi acto fallido.


Afortunadamente… sólo fue fallido…


Y creo que mi perro, Salchichudo… lo sabía desde el primer momento.


Un abrazo.


P.D.: El evento conocido como “el tejón mutante” fue la noche en que perdí mis primeros lentes obscuros, jugando “golfito” en Valle de Bravo con Carlos y otras dos personas… esperando que nos entregaran la pizza que habíamos comprado. De broma se quedó, entre nosotros, que el tejón mutante se los habría llevado… supongo que aún hoy, los usa.

domingo, 15 de mayo de 2011

...periodos explicativos...

(escrito el 15 de mayo de 2011).


Mi vida se encuentra en calma... creo haber encontrado una forma de estar, en la medida de lo posible, estable... contento... y alegre.

Como saben, en mi trabajo día con día tengo trato con gente que de profesión, podríamos decir, son grandes cuates de las letras. Hace unos días hablando con una compañera de trabajo que, aunque sé no lo sabe, ha logrado impactar mi inconsciente de forma amena... al mero estilo rococó... descubrí cómo se llama una herramienta de escritura que suelo utilizar, no porque me crea ni siquiera un escritor, sino porque me ayuda a dar un espacio donde en lo literal, me explico... ¿me explico? (jejeje).

Y es que en este periodo ha ocurrido algo que no suele suceder a menudo... me congelo, me quedo sin esa energía necesaria para escribir lo que pienso... y lo que pienso se queda en mi mente, creando revoluciones que no suceden, cantando canciones que sólo yo escucho... contando historias que sólo a mí me parecen graciosas... caminando por los mismos lugares representativos de mi vida, 2 o 3 veces a la semana... Sé que son cosas que podrían parecer comunes, o bien sin importancia. Algo dentro de mí me hacía señales para levantar la cabeza, e intentar nombrar aquello que vivía.

Y ocurrió... con un cuadro.

Hace unos días inició un proceso en mi familia, donde por motivos que no vienen al caso explicar, se puso a la venta la mayoría de artículos existentes en casa de una de mis abuelas... mi abuela materna. Mi madre y mi hermana estuvieron muy activas en este proceso, digamos... "apoyando que todo saliera bien". Un día, en un desayuno en casa, mi madre me preguntó si yo ya había escogido algo que quisiera comprar... y no pensé en algo en particular... hasta que vino a mi mente un cuadro, "el cuadro del japonés". Este cuadro estaba colgado justo a un costado de la chimenea (o lo que suponía debía ser una chimenea) en la casa de mis abuelos... en Echegaray. Pregunté si el cuadro alguien ya lo había adquirido... y para resumir, lo tengo yo.

¿Y esto qué?

Bueno... hace un lunes, en mi pactada cita ya de todos los lunes a las 18:45 en la calle de Hegel, ocurría algo que tenía que ocurrir en algún momento en todo proceso de análisis... el ponerme a discutir con mi analista de una situación ocurrida en ese mismo espacio, días atrás. Pasada la discusión, salió el tema del cuadro... hablé de la emoción que sentí cuando un domingo en la madrugada llegué a mi recámara... y ahí estaba. Mi madre lo había puesto sobre mi cama, para que fuera notoria su presencia en mi recámara... fue su forma de decir: "es tuyo... te lo mandan tus abuelos". Se me enchinó la piel... el corazón se me agitó... sonreí. Carlos estaba conmigo esa noche... se lo mostré y le pregunté si le gustaba el cuadro que algún día, estará en nuestra casa. Evidentemente, el cuadro representa mucho más que la simple imagen (linda en sí) de un japonés acompañado por otro japonés en ropas tradicionales, con un bastón. Hablé entonces... de lo feliz era para mí, cuando yo era un niño... estar en casa de mis abuelos, y lo que mis abuelos representan para mí. Esa casa, la de mis abuelos en Echegaray, siempre fue como un reflejo de calma... plática, sentimientos... honradez... y familia. Lo que acostumbro llamar, al menos en análisis, "la gran familia Guzmán"... o "la guzmanidad".

El discurso continuó, y mi mente se centró en mis amigos... y en que al iniciar este periodo de sequía de escritura, iniciaba también un periodo de cuestionamiento sobre el por qué cada vez me rodeaba de menos gente... de amigos que veía partir (por causas tan diversas, como extrañas). "Parece que se repite... una forma de relación", dijo la persona a quien saludo al entrar al consultorio y no vuelvo a ver hasta que me levanto del diván.

El estar rodeado de poca gente, el contar con muy pocos amigos... el, en ocasiones sentirme conmigo mismo ante el mundo... es algo común en mi vida, desde que tengo uso de razón...

Algo que recuerdo muy bien... es que si bien la casa de mis abuelos (que para mí era enorme... aunque en realidad... era solo una casa... grande sí, pero no enorme) era punto obligado para fiestas y reuniones (navidad... año nuevo... cumpleaños... y hasta bodas) la recuerdo mejor estando yo solo. Me encantaba explorarla... aunque la conociera tan bien, como el arquitecto que la construyó... aún hoy, puedo recorrerla de extremo a extremo en mi mente, y recordar donde estaba cada cosa... la cocina y su papel tapiz amarillo con flores... el pasillo con el carrito del té (que nunca vi que usaran, jajaja), el estudio de mi abuelo (el cual originalmente, era una terraza), las recámaras... y mi espacio favorito... el jardín. Ya que el departamento donde vivo, como todo departamento, no tiene jardín... me encantaba estar afuera... pero estar en la sala, junto al espacio donde estaba la chimenea, yo solo... me daba miedo. Tal vez porque recuerdo algunas ocasiones que llovía, y la luz de los relámpagos se metía entre la "toma de luz" (un cubo raro que estaba muy cerca de ahí en el techo) creando un juego de luz que a todo niño, le causaría temor. Ahí, frente al piano... de lado derecho de la chimenea... sobre el radio... ahí, estaba el cuadro del japonés.

Parecía, lo veo hoy así, que ese señor era el guardián de la calma en esa casa. Calma con la que me gusta recordar esa casa... calma con la que mis abuelos vivían su vida, sin dejar de estar emocionados... calma con la que la voz de mi abuelo se expresaba... calma con la que mi abuela se peinaba frente a su espejo enorme...

Calma, con la que mi vida se vive en este momento.

Para aquellos que me conocen, que han hablado alguna vez conmigo... que me han escuchado contar algo de mi vida familiar, o personal, habrán notado que muchas veces, cuando explico algo, intento darle el énfasis o bien, intentar transmitir la importancia que para mí, lo que estoy relatando, tiene en mi vida o en el evento al que lo estoy ligando... Creo que en mi análisis funciona de la misma forma... al estar acostado en un diván, hablando... el discurso, mi diálogo conmigo mismo, en ocasiones se explica... intenta explicar lo que pienso... lo que siento... lo que vivo.

Y siendo muy sincero... me gusta ser así, porque así soy... y así me quiero, aunque a veces me duela.

Mi compañera se llama Mónica, es homónima, tanto de nombre y apellido de una compañera de mi anterior trabajo (de la empresa de los refrescos de manantial)... y homónima de mi hermana, que se llama Mónica (tal vez por eso, hace unos segundos, que estaba escribiendo la palabra homónima, me equivoqué y escribí "homonica"). Esta persona es editora, y me apoyo en ella muchas ocasiones para la corrección de estilo de algunos escritos. Me encanta ver cómo raya el papel con esos símbolos que maneja con toda perfección (y no como un novato como yo). Esa ocasión, Mónica me explicó un uso de guiones con el que estaba equivocado. Me explicó que la literatura francesa es la reina por excelencia en el uso de dicha herramienta -aunque también dijo que ellos le dan un toque muy rococó, de ahí que usé la palaba-.

Mira Leo -dijo- aquí yo te sugeriría poner la oración entre dos "comas" (,), tal como lo haces líneas arriba... Así, entras en un periodo explicativo.

Suena a exageración... suena a drama... suena a disco histriónico (como el disco Congratulations de MGMT en su canción Lady Dada's Nightmare)... suena muy "leonardescu", suena muy Djokovic gritando al ganar Roma... decirles que sentí que la emoción recorría mi cuerpo al haber escuchado el término en sí, y poder nombrar, lo que ocurre en mi vida.

Estoy contento, tranquilo pero contento... porque ya lo puedo explicar.

Espero que estas mismas historias, y muchas otras más, se presenten en mi vida en un futuro. Quiero creer que el japonés defenderá la calma... como ya alguna vez lo logró.

Estoy seguro, que en mi vida se presentarán muchos mas ...periodos explicativos... y si con ellos viene una taza de café Juan Valdez, la cosa se pondrá bárbara...

Un abrazo.