domingo, 26 de junio de 2011

...que volveré a hablar...

(escrito el 27 de Junio de 2011).




Hubiera hecho lo mismo...

Pero yo no tenía una raqueta en la mano... y había decidido emborracharme una noche antes (cosa que cumplí) para poder terminar con mi momento de tensión... con la gripa que ya era sintomática, y con la irritación que había inundado mi cuerpo, por casi 10 días.

Me considero alguien con una "buena" (o por lo menos superior a la media) capacidad para procesar momentos emocionales de terceros... pero no de "segundos". Cuando gente que me rodea -y que quiero-, la está pasando "no bien"... cuando están tristes... cuando las cosas se ponen como una tarde antes de una lluvia considerable... me afecta. Y me siento mal. Y es ya "normal", o mejor dicho, acostumbro transmitirlo al cuerpo; a veces con problemas digestivos, o con una irritabilidad fuera de órbita... con mareos constantes, dolores de cabeza que no me dejan... etc. Esta vez fue una especie de irritación en mi piel, que atacó mi cara y mi tórax (además de mis talones... de Aquiles), y cuando por fin pude librarme de ellos, mi amiga la gripa vino con todo a mi vida, para dejarme ver que la tristeza estaba presente en mí. Fácil... que estaba triste.

Me di cuenta de ello, cuando pasaban horas sin que yo hablara con nadie -y peor, ni conmigo mismo-. Suelo ser muy tormentoso, olvido que la lluvia también trae frutos y renovación. Yo, por el contrario, sólo veo la inundación y el caos.

La razón de escribir esto, no es otra que el de compartir en qué momento determiné intentar terminar con esto.

La madrugada del sábado, me despertó una alarma que olvidé apagar de mi teléfono celular (el cual uso también como despertador de lunes a viernes). Eran cerca de las seis de la mañana, y sentía mucho frío (seguramente efecto del alcohol que continuaba haciendo estragos en mi cuerpo). Tardé en dormir de nuevo... comencé a pensar en todo lo que me llevó a sentirme así: amigos, familia... mi vida... la historia que veo día con día escribirse en el mundo.

Hablar de puntos finales... no ha sido -tampoco- mi estilo. Hablar, es por el contrario, lo que me gusta. Lo que necesito hacer para sentirme bien. Hablar de puntos suspensivos... es en cambio, algo que debo hacer.

Comencé a llorar... todo empezaba a fluir. No necesitaba tomar tequilas como pendejo, o hacer cosas como idiota... para hacer que la "cosa pasara"... necesitaba hablar conmigo. Entender, y escuchar... cuáles eran mis miedos de todo lo que había escuchado, leído y visto... pero peor aún (o más importante aún)... de todo lo que había pensado.

Lloré lo suficiente... sin exagerar, sólo lo suficiente.

Y volví a dormir.

Aproximadamente seis horas después, estaba con un humor un tanto más tranquilo, pero aún... con ese sabor a: "espero que recuerdes bien lo que pasó en la mañana... espero que no te vuelvas a quedar callado". Veía un partido que seguramente se volverá hito en la historia del tenis en Wimbledon. Un tenista -al que admiro mucho- estaba siendo atacado de forma directa por él mismo. Algo no estaba en conexión consigo mismo. No estaba jugando como todos sabemos puede jugar... y juega normalmente. Los comentaristas eran duros con él: "mirá Lalo (un argentino hablaba) que no es el Nole que conocemos" ... "algo le pasa a Joker"... "bueno pero qué será... será su alergia de nuevo"...

Yo... callado... veía.

Y entonces pasó:

http://www.youtube.com/watch?v=1KALo1kygo4

Y me paré gritando... aplaudí... grité mas... y le llamé a mi novio... a quien necesitaba más en ese momento de soledad... para contarle lo que había visto (y que les comparto en el enlace de arriba).

Explotó... se enojó... destruyó su raqueta... perdió el set... y a partir de ahí... comenzó a jugar para ganar en el 3er. match point del 4to. Set, del torneo más lindo de toda la gira del Tenis. Puedo asegurar... que "Nole"... habló consigo mismo.

Agradecí el que alguien se enojara, ¡que alguien hablara!... que ese alguien, sea alguien a quien yo admiro... ¡y neta que lo admiro! El hablar, se puede hacer de muchas formas... Emborracharte -a solicitud- es una forma de hablar... el hablar -con palabras- del por qué esa borrachera, cambia la situación.

Por la noche, terminando de ver una muy emotiva película italiana, rompí en llanto junto a mi novio... le dije que estaba triste... y que a veces me cuesta entender qué está pasando... me cuesta entender el mundo... me cuesta no poder hablarlo, cuando de eso se trata para mi... de hablar. Y hablando... me sentí mejor.

Hace unas semanas... mi hermana me platicó que encontró una carta que mi abuela materna escribió en el año de 1981, dos años antes de que yo naciera. No hablaré del contexto... pues es un poco engorroso, y también, porque se entiende, es algo familiar... pero cuando me dio a leer la carta... me dio gusto, saber... que alguien en mi familia nos alienta a seguir, y a estar bien.

Sé que la tristeza, y por ende la gripa, se irán pronto. Sé ...que volveré a hablar... de lo contrario... tendré que destruir mi raqueta y el juez de línea me amonestará por "abuso de raqueta"... ¡Por Dios en qué mundo vivimos!

Un abrazo...

Leo.

"Sé que aún nos quedan camino que andar; pero también sé que, suceda lo que suceda, lo andarás con la frente en alto y la satisfacción de haber cumplido como hijo, como esposo, como padre, como profesionista politécnico y como ciudadano (...) Con todo el cariño para mis hijos y nietos: Magdalena M. de Guzmán. Junio 30, 1981".

domingo, 5 de junio de 2011

...creyendo por momentos...

(escrito el 5 de junio de 2011).


Hablando de ver.


Comenzaba a creer, con cierta dureza, que mi vida estaba siendo el centro de una intriga paranormal, digna en ocasiones de una película de terror, aunque en realidad sabía que tarde o temprano, el inconsciente saldría a relucir para reírnos un rato él y yo.


¿Y Bien? Pues nada, que he tenido uno de los mayores actos fallidos que puedo recordar.

Si bien, me molesté y dejé ver mi humor de fiera y león encabronado… intenté tomarlo con filosofía, tapando el sol.


Pienso que comenzó a tomar forma hace un par de semanas, como suele ocurrir, nombrándolo (o nombrándose, porque no sé –y lo digo en verdad- si se debe tomar como un ente al cual nombrar en tercera persona) en mi sesión de psicoanálisis. Hablaba del ver y del no ver a personas… y también de personas que no me quieren ver, o bien, no me quisieron seguir viendo. Más allá del ver… ¿cómo decirlo…? su persona… es ver lo que son, y quiénes fueron en mi vida… lo que dejaron en mi vida… y como yo, tuve que “vivir” (defendiéndome, apasionándome… riéndome, llorando, cuestionando… idealizando… destruyendo, etc.) ante esas personas.


Se cruzaban las imágenes… en ocasiones era mi padre… en otras, personas que ya no están en “mi campo de visión” (y no lo digo en el tenor de esos chistes donde un ciego le dice a otro ciego: “oye… ¿ya viste?”)… sencillamente porque, se alejaron o me alejé… o los dos, y debo decir entonces, “nos”.


Evidentemente, por más que quisiera, no podría compartir en (y por) este medio, la serie de pensamientos que se dieron cita tras darme cuenta, la mañana del jueves… que mis lentes de ver… mis lentes de aumento, no estaban donde debían estar, y tenerme que rendir, tras 50 minutos de búsqueda exhaustiva (que incluyó a mi perro fiel, Salchichudo –así se llama-) por toda mi casa, con especial atención a mi recámara. No voy a decir que me di por vencido, solo tomé una actitud de “espera… mira que esto no lo vas a resolver ahora… así que vete a tu trabajo”. Me senté un momento en el sillón de la sala donde el perro del que ya hice mención, Salchichudo, me acompañó por un momento.


Quienes han compartido su “vida humana” con una mascota… habrán experimentado esa sensación cuando su mascota, les pregunta: “¿hey… qué tienes?” (poniendo su cara de tristeza… puppy face – o puppy eyes si gustan-). Pues bien, eso fue lo que pasó. Mi perro olió que algo estaba mal… que yo estaba que me contra llevaba la chingada… se acercó, y me hizo un cariño con su “húmeda nariz de mañana”. Me dio gusto… que por fin alguien me preguntara, directo y sin rodeos… “¿hey… qué tienes?”.

Fue mi perro.


Me subí al auto, y decidí manejar lento y muy “a las vivas” si me permiten la expresión. Le quería demostrar a mi inconsciente que podía vigilar (ay ajaaaaaaaaaaa) cualquier otra sorpresita que me mandara. Pero ahí daba inicio lo interesante… mientras yo pensaba, e intentaba explicarme, en dónde habría extraviado mis lentes… mientras pensaba cómo haría para que mi cerebro no explotara por el dolor de cabeza que me generaría el forzar mi vista…. Mientras pateaba del coraje por creer, and I mean it, que “algo” se habría llevado mis lentes de mi recámara, mientras yo dormía (tras haber compartido 2 cafés y un alfajor con una amiga, y muy linda persona)… mi vista se veía seducida por un color ámbar, sumamente… ¿cómo llamarlo?... ¿atractivo? Mi vista estaba siendo obstruida… diseminada… bloqueada… mi vista, estaba siendo “alagada” y “seducida” por el color ámbar de mis nuevos lentes obscuros.


Soy de las personas, que gustan de manejar con lentes obscuros… creo que tomé este vicio desde hace como 6 u 8 años… Y realmente, he tenido pocos lentes obscuros en mi vida. 3… (sé que muchos pensarán que esto, en realidad, no tiene sentido y es una banalidad, y que es lo peor que he escrito… quiero pensar que viene algo bueno). Los primeros lentes obscuros que usé hasta “que los perdí” los compré cuando hacía mi servicio social… realmente, eran unos lentes muy bonitos. Los siguientes, me los regaló mi novio. Carlos, se lució en una navidad (justo 3 meses después del evento desafortunado del “tejón mutante”) y me dio unos lentes de regalo, que conservo aún hoy. Pero hace 3 semanas, decidí adquirir unos nuevos lentes… me costó mucho trabajo, pues pensé que estaba siendo “ingrato” o “descortés” con los lentes que me habían dado con mucho cariño…


Estaba estrenando mis nuevos lentes obscuros esa misma semana…


Estaba manejando con mis nuevos lentes …creyendo por momentos… que me veía muy bien… que las cosas se veían muy bien. En un “alto” me miré por el retrovisor… y caí en cuenta del por qué había elegido ese modelo.


Creí que se parecían a los de alguien… de quien había estado hablando mucho en mi sesión de análisis… de alguien, que aunque “no está”… veo mucho. De alguien… que representa no sólo valores personales… sino ideas, causas… formas de ver la vida… maneras de vivirla… hasta sentido del humor.


Son formas de ver a otra persona… de ver otra vida… que a riesgo de sonar meloso y torpe… dan sentido a la propia.


Cada uno de nosotros… tenemos personas en quienes nos inspiramos… personas que por algo llegan a nuestras vidas… personas que hablan y que te escuchas en su hablar… personas que, sabes… representan una idea la cual, tú también piensas.


Creo que eso lo noté 2 días después… y creo que por eso me decidí a escribirlo.


Duele, sin lugar a dudas… enterarte que ya no eres, o al menos así lo piensas, relevante en la vida de muchas personas que en su momento sabías eras…. Y pensabas serías.


Me dolió enterarme de una conferencia… me alegró enterarme de una visita pospuesta a México… me alegró y entusiasmó escucharme de nuevo apasionado por algo… sentir que la sangre fluía en mi torrente sanguíneo por hablar de algo… y porque a veces, hablar es la única forma en que llego a no pensarme “tan tonto”.


Porque en ocasiones… lo creo por momentos. Sobre todo cuando me entero de estúpidas conferencias… y mi enorme dificultad por sanar episodios en mi vida… que me dolieron, literal… hasta el alma. Hoy, se que son recuerdos que me atacan como retaliaciones Kleineanas… y que ya depende de cada quien (y de su hermosa estructura)… el “cómo” las aborde. Le comentaba a mi analista, el lunes pasado, que en ocasiones hago uso de una analogía (que creo solo algunos harían): “cuando en ocasiones, siento que se están pasando de lanza… recuerdo cuando en el tenis te avientan la pelota al cuerpo, y no te dan chance de atacar, es sólo defenderte del golpe –que sabes dolerá-… no es de caballeros tirar al cuerpo, raquetazos al cuerpo”… “¿al cuerpo?” –respondieron detrás de mi-.


Confieso que por un momento (bastante extenso, por cierto)… creí que un ente (ajeno a mi inconsciente) se habría robado mis lentes para espantarme… para entonces, darle valor a los pensamientos que destruyen mi vida… que destruyen mi pasión, coronando al rey “miedo” como gobernador de facto en mi mente.


De ahí lo feliz que me puse… al encontrar dos días después mis adorados lentes de aumento… debajo de mi cama, entre muchas cajas… ¡No sé cómo pudieron llegar hasta ahí!


Hubo muchas posibles explicaciones a mi acto fallido.


Afortunadamente… sólo fue fallido…


Y creo que mi perro, Salchichudo… lo sabía desde el primer momento.


Un abrazo.


P.D.: El evento conocido como “el tejón mutante” fue la noche en que perdí mis primeros lentes obscuros, jugando “golfito” en Valle de Bravo con Carlos y otras dos personas… esperando que nos entregaran la pizza que habíamos comprado. De broma se quedó, entre nosotros, que el tejón mutante se los habría llevado… supongo que aún hoy, los usa.