domingo, 26 de junio de 2016

...la esperanza del futuro...

(escrito el domingo 26 de junio de 2016).

Buongiorno ragazzi

Danielle, se presentaba como el profesor del grupo que inicia un nuevo nivel.  De inmediato inició con las preguntas típicas: ¿Cómo están? ¿Cómo les fue en el examen? (él fue nuestro profesor en el nivel anterior, así que su interés –creo- era muy sincero).

Al momento de iniciar la clase, dijo –con su acento del norte (muy norte) de Italia- “hasta el momento, ¿qué tiempos hemos visto?”. La respuesta, muy natural fue: “presente y pasado (próximo); no hemos visto el futuro”.

Una compañera de inmediato interrumpió diciendo: “¡pero en italiano no hay futuro!”.

Mi mente se escindió en ese momento… por un lado prestaba una buena parte (mucho más que sólo la suficiente) de su atención a la explicación del profesor –que al principio de la clase se disculpó por no haberse podido ir a cortar el cabello-; y la otra, a una serie de pensamientos a los que no les he parado bolas* en los últimos días, e invité a tomar asiento en una sala de espera, con la promesa de que un día los atendería (yo también puedo ser burocrático, si se me pega la gana).

Hace unos días entré en un periodo de tiempo que, conforme avance, será más notoria la necesidad de tomar una decisión.

El periodo de tiempo que acordé vivir fuera de México, para la asignación en Colombia, comienza a llegar a su fin. Increíble cómo pasa de rápido el tiempo… pensé en aquella última semana, que para mi fue como una suerte de emoción constante, en la Ciudad de México. Me acordé, incluso, de lo que pedimos para comer mi mamá, mi hermana y mi sobrina… en un restaurante que no tiene ninguna otra maravilla, más que estar frente al Ángel de la Independencia… una pizzería de cadena que con el tiempo, tendría un éxito relativo (y más de 50 amigos comiendo en ella)… pensé en cómo sería regresar a vivir a la Ciudad de México.

¿En dónde vivirías ahora Leo? ¿En qué colonia? ¿En qué zona? Sonreí… pensé que la Escandón siempre me ha sonreído coquetamente, invitándome a ser uno de sus vecinos (ya que mi colonia favorita –Polanco- es impagable)… pensé que ahora sí podría tener un perro (pues recién me ha entrado una insana obsesión de tener un dálmata… y llamarla Sancha). Pensé también, en qué lindo sería continuar mi italiano allá, en la Dante de la Ciudad de México (que si no me falla, está frente al parque Río de Janeiro, en la colonia Roma… frente a una réplica del David de Miguel Ángel). “Ahora sí” –dije- “me compraría el carro que no quise comprar, me vale…”. Me imaginé de nuevo poder ir a comer con mi mamá y jugar con mi sobrina, a quien quiero mucho… y que de pronto, cuando hablo con ella por teléfono, me pregunta por qué no he ido a verla… (a lo cual no se me ocurre una respuesta sensata para la pregunta de una niña de 4 años)…

¿Y si no es México?

Si por fin te decides a dejarlo todo y largarte a vivir en Buenos Aires… y cumplir el sueño pasional de vivir en la ciudad en la que la palabra “pasión” se siente hasta en el aire…

¿Y si te vas a Buenos Aires? Se me enchinó la piel… sonreí… “¡me encantaría vivir por Palermo!. ¡Me inscribiría a la UBA! Y por fin podría presumirle al mundo que soy un estudiante de la maestría en psicoanálisis en la Universidad de Buenos Aires” –seguro eso me causaría muchos problemas y envidias mexicanas, entre esos círculos de “sagrados” psicoanalistas en la Ciudad, pensé-.

Danielle seguía explicando la función del italiano, que la parte más que suficiente de mi atención, atendía:

Luigi va a Parigi (Luis viaja a París) – Domani Luigi va a Parigi (mañana Luis viaja a París)… “y así, anteponiendo la palabra mañana, ya estamos hablando de algo que va a pasar, por seguro, y estamos hablando en tiempo futuro”…

Me encantó un ejemplo tan sencillo… y el uso de la expresión “por seguro”.

Un cuadro de Venecia, ubicado en el salón de clase, volvió a robar mi atención… y sentí que una clara señal de emoción –que la he tenido bien reprimida para este tema- saltó en mi cuerpo. En unas semanas viajaré (en futuro) a Italia… pasaré mi cumpleaños 33 en una isla del mediterráneo… en un viñedo. Si todo sale como lo tengo planeado, estaré en la ciudad de las góndolas para los últimos días, y podré visitar a un conocido en una ciudad fronteriza con Eslovenia (el país del dragón… un país que hizo, ni más ni menos, que me enamorara de Europa). Me imaginé por un momento en una góndola… cliché, lo sé… ¡pero nadie les critica a lo turistas por ir a México y ponerse un sombrero de mariachi y tomar tequila, pareciendo imbéciles!

Pues entonces, asentí, yo también lo puedo hacer en Italia… subirme en una góndola y sonreír.

Sonreí mucho, pensé en todo lo que he vivido en Colombia, y cómo mi vida se transformó de una manera que (por razones obvias), no habría imaginado.

Recordé por un momento la clase de salsa que había tenido el miércoles pasado, donde al terminar de volver a ensayar giros cruzados, mi profesor aplaudió y me dijo: “es la primera vez contigo, que puedo bailar rápido… ¡muchas felicidades!”. Soledad*, una canción del grupo La 33 (un grupo de salsa bogotana, realmente bueno) me hizo poner en práctica mi capacidad de llevar a mi pareja, y hacerla girar… y girar yo para el sentido inverso.  Pensé rápidamente en las decenas de personas que he conocido… las risas que he tenido, los lugares que he visto, la comida que ya no podré volver a comer (porque seamos realistas, no creo que en otra parte del mundo uno pueda encontrar patacones bien preparados…)… los autores que descubrí acá… La vista desde mi habitación, desde mi cama, a los árboles que inician un bosque en los montes orientales… íconos de una ciudad.

La esencia de lo que para mi, es un país.

Así, de pronto… me llegó un mensaje por Whatsapp desde la ciudad ubicada en la mitad del mundo.

Alguien con quien he estado hablando todas las noches, desde hace 3 semanas, se “apersonó” –por lo menos vía mensaje- para poner en perspectiva todas mis ideas del futuro.

¿Y si mi futuro está en Quito… con él?

Él –quien es homónimo de mi profesor, solo que en la versión que se escribe en español- se ha creado (y le he creado) una especie de imagen espejo junto a mi… en un momento donde es muy bueno sentirse acompañado. Más allá de eso... saberse, bien acompañado.

Tomar decisiones de vida, eso es lo que tendré que hacer en el futuro.

Mi mente –y mi atención- regresaron en su totalidad al salón de clase, justo para escuchar la frase que a todos nos haría reír… (y a más de uno, poner una sonrisa de haber escuchado una frase que, más que regla de tiempo o estructura de una lengua, refleja un contexto social y cultural).

En el italiano –dijo Danielle- no hay futuro como lo hay en el español… no podemos hablar de él… no lo conocemos. Solo nos queda …la esperanza del futuro…

Reímos… todos. Incluso el profesor (que siempre se ríe y se pone rojo).

Y esa frase, totalmente esperanzadora, me hizo pensar (y sentir), que pase lo que pase, cuando llegue el momento (cuando llegue el futuro), tomaré una buena decisión.

Bene ragazzi, allora… tutti, andiamo al libro a pagina otto”.


*parar bolas (del colombiano, “prestar atención”).

*Según Yoko, mi profesor de salsa... el título que el grupo La 33 le dio a la canción Soledad, es por que ellos -los integrantes- vivían, o tienen un vínculo muy especial, con el barrio del centro de Bogotá, muy lindo por cierto, que lleva ese nombre: La Soledad.