(…) pero quería decirte “hola amigo” (…)
Despertar
el lunes, con un correo electrónico de alguien con quien no cruzas una línea
desde hace más de un año, me alegró la semana. Y desbloqueó mi mente, que
llevaba varias semanas orbitando sobre un mismo tema.
El
primer “tiempo” del año me entregó un par de noticias que, por un lado me
dieron mucho gusto, y por otro, me causaron un efecto colateral. Despedirme de
alguien que, por una u otra razón, me es importante, me provoca ansiedad. En el
corto y mediano plazo. Me hace pensar viciosamente en si, será la última vez
que nos veamos… y así, sin más ni más, nuestra relación (cualquiera que ésta
fuera) se convertirá en una pieza de museo…
Dos
personas me hicieron saber que se van, de forma “temporal”, de la que se volvió
(como alguna vez me dijeron), mi “patria adoptiva”… dejarán de habitar en la
ciudad que está 2600 metros más cerca de las estrellas, por unas nuevas sedes…
por obtener y buscar, nuevos retos personales y profesionales.
En
ambos casos, me emocioné. Pero la emoción llegó a tal, que me hizo un poco mal.
Y para todo mal, un buen mezcal… y fue así como llamé a México.
Mi
amiga Fabiola atendió mi llamada un domingo muy en la mañana. Ambos nos
conocimos en la universidad. Ambos, somos psicólogos. Ambos, no nos andamos por
las ramas… le dije que me sentía mal, que estaba muy ansioso… que me sentía un
tanto solo y que, en mi eterna paranoia y necesidad de ver mensajes donde no
(sé si) los hay… pensaba que la vida me mandaba un claro mensaje de que ésta etapa,
el “haberme ido”, estaba terminando.
“Tal
vez esto está por terminar Fa… y me aterra”. Fabiola está acostumbrada a que
mis llamadas en ataques de pánico y estrés, no duran 15 minutos…
Durante
las casi dos horas que hablamos… le conté sueños que había tenido (donde
aparecía él… otros donde aparecía mi psicoanalista… y en varios de ellos, mi
familia y amigos). Le dije que estaba
supremamente estresado… tanto así, que hasta sentía que estaba sudando
demasiado… “pues claro Leo, tu cuerpo te lo está aventado… lo tiene que sacar
por algún lado… está hirviendo, estás hirviendo… y claro, estás sudando”.
Hablé…
le conté de ellos dos. Uno de ellos se habría ido para ese momento a la ciudad
de los vientos a estudiar un idioma nuevo… el otro, unos días antes, frente a mi… en mi casa… tomando vino, comiendo fresas, queso y jamón serrano, me dio una noticia que me congeló. Aun
me emociono cuando la pienso –la noticia- (y cuando lo pienso –a él-…). “Te
tengo que decir que me voy…”.
Sí…
en Colombia me enseñaron a combinar vino tinto y fresas. Aún desconozco si ése
maridaje va con noticias así… pero él tiene fuero ante muchas cosas. Yo se lo
he dado, y no hay negociación alguna para dirimírselo. Me declaro incompetente.
Uno
de los protagonistas de las
historiecillas de amor me hablaba de frente… obtuvo una beca, según me
dijo… con un cuadro de una película
de la que le hablé una vez en mi casa.
Sentí
que el cuerpo se me partía en pedazos. Y no sabía si de la alegría, de la
emoción… de la tristeza… o de algo extraño que pocas veces sientes, y por eso
cuesta trabajo nombrarlo.
Se
va… ni más ni menos… que a la Capital de la Galaxia.
Bogotá
es una ciudad hermosa… pero todos lo sabemos, a él le quedaba chica (tal vez
muy chica). O al menos, esa es la respuesta que me doy para justificar y
alentar su partida.
Pero
eso él no lo sabe (a menos que lo leas, claro).
Minutos
después de hablar con Fabiola, apareció Miguel. Despeinado y en la sala de su
casa (¿les he comentado que me encanta cómo diseñó Miguel la sala de su casa?
¿No?... pues me parece espectacular… me parece fenómeno… de portada de revista
de Marta Stewart).
Miguel
no es psicólogo. Miguel me conoce absolutamente todo… Me veía (a través de esta
herramienta tecnológica que te permite hacer llamadas por video de forma
gratuita) con cara de: “Leo… ¿tomaste mucho anoche… estás pedo, ¿verdad?”.
Me
reí… le dije que un poco (que había tomado un poco)… pero que en verdad
necesitaba verlo, y hablar un poco con él de esto.
Una
hora y media después… mi alma estaba más tranquila. Sentía que tenía respuesta
a la pregunta que orbitaba, una vez más (porque mi alma es muy obstinada,
habrán de entender)…. Saber si estaba listo para algo nuevo… saber si había
valido la pena todo esto… saber si el “haberme ido” (de mi mismo) había valido
la pena…
Reímos
mucho… Y la risa, me calmó.
Me
acordé de un capítulo de Los Simpsons…
donde Bart vende su alma por unos dólares a Milhouse. En un sueño, Bart se ve a
sí mismo, intentando remar un pequeño bote, sin su alma… y no puede; mientras,
a su alrededor, todos sus amigos, reman a la par con su alma muy sonrientes.
Bart despierta gritando, y sale corriendo a buscar su alma.
Una
vez, comenté esa escena de esa caricatura –que marcó no solo mi infancia- en el
diván… hablé demasiado de eso. No es fácil andar remando solo; pero conozco a
varios que lo hacemos.
Cuando
nos despedíamos, el alguna vez vecino del monte “PioNono”, en Sopó, (ahora
habitante de la Ciudad de los Vientos), en el sonido ambiental comenzó una
canción que hacía años no escuchaba… “Linger”. The Cranberries tomaban por
sorpresa la cervecería pequeña más grande de Colombia. Me acordé en qué momento
de mi vida me encontraba cuando esa canción estaba sonando a todo. Estaba
terminando la preparatoria, sabía que sería psicólogo, estaba enamorado de mi
amigo Adrián y hasta ese momento, mi sueño más grande había sido ser el dueño
de un restaurante gourmet en Madrid. (Cuando le dije a mi papá que mi
estrategia sería precios altos por pequeñas porciones de comida fusión, me
respondió: “¿nunca has visto comer a un
español?” Mi sueño se esfumó).
Hoy,
casi 15 años después… mi vida es otra. Las decisiones que tomé, me llevaron a
lugares que, en ese momento, no había –ni siquiera-imaginado.
Tal
vez no rompa el pacto de silencio, diciéndoles que, así como me encanta cómo
Miguel decoró su sala… me parece que Camilo, el muy orgulloso embajador de Sopó
ante el mundo… tiene una de las sonrisas más lindas que el mundo haya visto
jamás.
Saber-te
lejos… saber-te en un proceso, que tal vez comienza a culminar, genera miedo.
Miedo porque sabes que nuevamente vendrá algo nuevo. Pero saber que todo ese
camino andado, ha rendido frutos, causó en mi, una gran sonrisa (casi tan linda
como la de Cami).
Kate,
mi amiga de Australia, habitante de Melbourne… que también es psicóloga, y que
reímos a carcajadas, mientras disfrutábamos un helado de queso de cabra con
ralladura de pistache en las carreteras turcas, me escribió a principios de la
semana. Me dijo que estaba muy bien; escribió de cómo esta su mamá (y la salud
de la misma)… cómo están sus hijos y esposo… y que el hijo de Jill (su amiga de
Tazmania; la famosa usuaria de la muy querida palabra shenanigans), se casó.
Me
escribió diciéndome que en la boda, pensó mucho en mí…
Me escribió. Y eso me hizo recordar que, a veces... por mucha distancia que exista, o que haya pasado mucho tiempo, la gente sigue pensando en ti. Y eso, para mi... tiene mucho valor.
Me escribió. Y eso me hizo recordar que, a veces... por mucha distancia que exista, o que haya pasado mucho tiempo, la gente sigue pensando en ti. Y eso, para mi... tiene mucho valor.
Mi
buen humor regresó. Mi ánimo se vio impactado, esta vez, para bien. Hasta el peinado me cambió (¿les he hablado ya de mi teoría
del peinado… por la que alguna vez Fabiola me mandó a chingar a mi madre? Creo
que aún no… algún día lo haré). Recordé que en estos meses, para suavizar mi estrés me puse a ver nuevas películas, nuevas series… retomé la lectura… mis clases de salsa van cada vez mejor (¡mi
profesor de salsa ya me enseñó a dar 4 tipos distintos de giros!), y ayer por
primera vez, hablé en tiempo “passato
prossimo” en italiano: “nosotros
fuimos a comer una empanada” (noi abbiamo
mangiato una empanada). A lo que el profesor respondió: “lastimosamente, no sé como
se diga empanada en italiano… creo que no hay traducción”.
No puedes evitar sentirte ansioso, o que el nivel de estrés aumente, porque las noticas que pasan a tu alrededor, te afecten más de lo que a otros los afectaría. El asunto, es cómo reaccionas ante ello. Yo sudé, recordé mis sueños, les llamé a mis amigos y hablé... y después de eso, me sentí mejor, y seguí viviendo.
Ahora, tal vez, lo único que me falta… es seguir los pasos del protagonista de la nueva serie que estoy viendo por televisión y buscar un …instructivo para usar un prepucio latinoamericano…
Ahora, tal vez, lo único que me falta… es seguir los pasos del protagonista de la nueva serie que estoy viendo por televisión y buscar un …instructivo para usar un prepucio latinoamericano…
(debería
existir un instructivo para saber cómo decir adiós sin sentir que el páncreas
te deja de funcionar… pues el primero mencionado… ya lo domino).
Con
atentos abrazos hasta la ciudad de los vientos...