lunes, 2 de abril de 2012

...historias para leer (y vivir) sin rímel...

(escrito el 1 de abril del 2012).


Les cuento que… sé, o por lo menos entiendo, que para solucionar un problema, uno tiene que comentarlo.
Pues hoy lo comentaré.


El año pasado tuvo, entre muchos males y situaciones terribles, una en particular que me puede molestar demasiado. Sólo leí 1 libro.


Me costó mucho, mucho trabajo poder terminar “Conversación al Sur”. Algo tenía ese libro que me provocaba detenerme seguido… dejarlo… volverlo a tomar… retomar las ideas… entender qué estaba pasando. Al final, en uno de los momentos donde he estado más triste en la vida… lo terminé. Y como lo comenté ya con algunas personas (mi psicoanalista y amigos), el final me molestó muchísimo.


Por respeto a quien se atreva a leerlo… evidentemente no comentaré cómo termina.


Este año por otro lado, inicié con el propósito de leer mucho más. Y creo que voy mejorando. Y como siempre… algo de lo que “hago” se asocia con una historia de mi vida… a veces son historias graciosas… otras, no tanto.


Hace 1 mes, por fecha, murió mi padre.

De mi papá podría hablar mucho… pero mucho. Creo que quien lleva una relación cercana conmigo ha escuchado alguna historia donde lo menciono. Y quien lleva una relación muy cercana conmigo, sabe que los últimos meses (y años) no fueron los mejores en su vida… y en nuestra relación. El irme “preparando” para su muerte los últimos años/meses, suena lúgubre, pero “real”; tanto… que tal vez sea por eso que el día que me informaron que lo iban a internar, sabía que ya no saldría del hospital, ni volvería a verlo, en su vida “normal”.

Creo que fui afortunado… tal vez tuve un golpe de suerte. De esos golpes de suerte que no te das cuenta que tienes, si no los reflexionas… si no los piensas.


Semanas antes, un mes aproximadamente, antes de que fuera internado y a la “corta” muriera… tuve un pleito terrible con él. Terminamos a gritos, a insultos… con todo. Un día antes de morir… hablamos, ya él estando muy mal, y yo sabiendo que era la última vez que lo vería… y que escucharía su voz. Pude decirle que lo quiero… que lo quería “para conjugar correctamente”… pude platicar con él, y despedirme… El estar frente a él, un par de horas antes de que muriera… tomarle la mano, y decirle cosas, pensando que así el estaría más tranquilo al momento de “irse”… es algo que sigo considerando, y creo que así lo haré siempre… un golpe de suerte.


Creo… que entre otras cosas, eso fue lo que me mantuvo tranquilo… sereno, o como gusten llamar a mi actitud en el velorio de mi papá… Todos preguntándome cómo estaba… y cuando respondía: “pues bien… bueno triste pero bien”… le seguía una contra pregunta: “no, en serio… ¿cómo estás?”. No sé si debía tirarme al suelo y berrear… o maldecir a todos por la muerte de mi padre, para complacer a quienes veían con ojos de extrañeza la tranquilidad de mi hermana… y la mía. Pero bueno… mi abuela se encargaría de eso.


Creo además… bueno, aquí si no creo, aquí sí sé que mi papá hubiera estado contento de que todo transcurriera con calma… inclusive, seguro se hubiera reído gustoso de mi decisión de ir a comer, al momento de la misa… pues él detestaba ese tipo de expresiones. Le gustaban las cosas en calma…


Es triste, sí, saber que no lo volveré a ver… ni a hablar con él. Es raro, aún hoy… saber que ya no escucharé sus historias…, que ya no estaré comiendo con él, escuchando algún grupo de música que le gustara (podían ser desde Los Lobos… Dire Straits… o Sarah Vough… lo que fuera)… y lo que sí resulta peor, es que ya no escucharé las historias que me gustara contara, y que nos mantenía a mi hermana y a mí, atentos a todo detalle.
Se de mi padre muchas cosas, muchas historias… muchas buenas, algunas malas y otras con las que no estaba de acuerdo. Pero sé, sobre todo, que era mi padre… y que nos queríamos, y mucho.


En los últimos meses… desde el año pasado a la fecha, mi vida ha estado enmarcada por contrastes terribles… una separación que sentí, se llevaba todo… mi sonrisa… mi energía… mi interés… y mis ganas de vivir. Un viaje que me abrió los ojos… y que introdujo a mi lista de platillos favoritos… el goulash. Un cambio de casa, que me relajó… me distanció de mi vida pasada y de cosas que me molestaban… que me hizo saber que $10 pesos… son $10 pesos, y que me sirven para muchas cosas… pero que también, al estar lejos de mi casa… me siento más solo, y más conmigo… cuando así lo necesito. El embarazo de mi hermana… y enterarme que voy a ser tío de una niña... y que no, no se llamará Ángela, como yo propuse. Y ahora una muerte… que vino a poner a prueba la relación de un hombre con su padre… ni más… ni menos.


Dos días antes de que mi papá muriera, llegó al hospital donde estaba internado, un amigo suyo acompañado de su esposa. Llegaron justo a las seis de la tarde, y ésa era la hora en la que terminaba el horario de visita, por lo que no pudo entrar a ver a mi papá… a su amigo. Después de hablar con él, y decirle cuál era el estado de mi papá, entendió que no lo volvería a ver. Nos despedimos y comenzaba a irse, cuando lo alcancé para pedirle su teléfono y poder comunicarnos con él en caso de que algo pasara. Me dijo: “te pareces mucho a tu papá”… y rió un poco (yo también, porque creo que me parezco más a mi mamá –físicamente al menos- que a mi papá). Después me dijo: “Oye, ¿te puedo hacer una pregunta?”… le dije que claro, que adelante. –“¿Verdad que tu papá ha leído más de mil libros?”… su esposa lo jaló del brazo y le hizo una cara como diciendo: “cómo preguntas eso ahorita”. Yo sonreí, por la pregunta que este señor hizo. Noté que lo conocía muy bien a mi papá… Le respondí: “¿sabe?... yo creo que ha leído muchos más”. El volteó a ver a su esposa y le dijo: “ya ves… te dije que Memo lee mucho”.


Mi vida está llena de historias. No es nada nuevo lo que digo, porque sé que las de ustedes también… es sólo que últimamente, siento que éstas son mis …historias para leer (y vivir) sin rímel…*


En fin… ese es el asunto… la muerte es triste. Porque de ella… no se puede hablar. Sólo se puede, “imaginar”.

*Frase que la “tomé prestada” del título de un libro que me enteré existe, cuando leí “La Presidenta; Historia de una Vida”, sólo que yo le añadí el (y vivir)… para hacerla mía.

Un abrazo.


Leonardo.

1 comentario:

  1. Me recuerda mucho la historia de Big Fish, la has leído??? Creo que sería una linda historia para acompañar la tuya.

    Es verdad, tuviste el gran regalo de tomar la mano de tu padre y decir lo que sólo en esos momentos se puede decir. Espero tenerla yo también algún día.

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