“Buongiorno ragazzi”
Danielle,
se presentaba como el profesor del grupo que inicia un nuevo nivel. De inmediato inició con las preguntas
típicas: ¿Cómo están? ¿Cómo les fue en el examen? (él fue nuestro profesor en
el nivel anterior, así que su interés –creo- era muy sincero).
Al
momento de iniciar la clase, dijo –con su acento del norte (muy norte) de
Italia- “hasta el momento, ¿qué tiempos hemos visto?”. La respuesta, muy
natural fue: “presente y pasado (próximo); no hemos visto el futuro”.
Una
compañera de inmediato interrumpió diciendo: “¡pero en italiano no hay futuro!”.
Mi
mente se escindió en ese momento… por un lado prestaba una buena parte (mucho
más que sólo la suficiente) de su atención a la explicación del profesor –que
al principio de la clase se disculpó por no haberse podido ir a cortar el
cabello-; y la otra, a una serie de pensamientos a los que no les he parado
bolas* en los últimos días, e invité a tomar asiento en una sala de espera, con
la promesa de que un día los atendería (yo también puedo ser burocrático, si se
me pega la gana).
Hace
unos días entré en un periodo de tiempo que, conforme avance, será más notoria
la necesidad de tomar una decisión.
El
periodo de tiempo que acordé vivir fuera de México, para la asignación en
Colombia, comienza a llegar a su fin. Increíble cómo pasa de rápido el tiempo…
pensé en aquella última semana, que para mi fue como una suerte de emoción
constante, en la Ciudad de México. Me acordé, incluso, de lo que pedimos para
comer mi mamá, mi hermana y mi sobrina… en un restaurante que no tiene ninguna
otra maravilla, más que estar frente al Ángel de la Independencia… una pizzería
de cadena que con el tiempo, tendría un éxito relativo (y más de 50 amigos comiendo en ella)… pensé en
cómo sería regresar a vivir a la Ciudad de México.
¿En
dónde vivirías ahora Leo? ¿En qué colonia? ¿En qué zona? Sonreí… pensé que la
Escandón siempre me ha sonreído coquetamente, invitándome a ser uno de sus vecinos
(ya que mi colonia favorita –Polanco- es impagable)… pensé que ahora sí podría
tener un perro (pues recién me ha entrado una insana obsesión de tener un
dálmata… y llamarla Sancha). Pensé también, en qué lindo sería continuar mi
italiano allá, en la Dante de la Ciudad de México (que si no me falla, está
frente al parque Río de Janeiro, en la colonia Roma… frente a una réplica del David de
Miguel Ángel). “Ahora sí” –dije- “me compraría el carro que no quise comprar,
me vale…”. Me imaginé de nuevo poder ir a comer con mi mamá y jugar con mi
sobrina, a quien quiero mucho… y que de pronto, cuando hablo con ella por
teléfono, me pregunta por qué no he ido a verla… (a lo cual no se me ocurre una
respuesta sensata para la pregunta de una niña de 4 años)…
¿Y
si no es México?
Si
por fin te decides a dejarlo todo y largarte a vivir en Buenos Aires… y cumplir
el sueño pasional de vivir en la ciudad en la que la palabra “pasión” se siente
hasta en el aire…
¿Y
si te vas a Buenos Aires? Se me enchinó la piel… sonreí… “¡me encantaría vivir
por Palermo!. ¡Me inscribiría a la UBA! Y por fin podría presumirle al mundo
que soy un estudiante de la maestría en psicoanálisis en la Universidad de
Buenos Aires” –seguro eso me causaría muchos problemas y envidias mexicanas,
entre esos círculos de “sagrados” psicoanalistas en la Ciudad, pensé-.
Danielle
seguía explicando la función del italiano, que la parte más que suficiente de
mi atención, atendía:
Luigi va a Parigi (Luis viaja a París) –
Domani Luigi va a Parigi (mañana Luis
viaja a París)… “y así, anteponiendo la palabra mañana, ya estamos hablando de
algo que va a pasar, por seguro, y estamos hablando en tiempo futuro”…
Me
encantó un ejemplo tan sencillo… y el uso de la expresión “por seguro”.
Un
cuadro de Venecia, ubicado en el salón de clase, volvió a robar mi atención… y
sentí que una clara señal de emoción –que la he tenido bien reprimida para este tema-
saltó en mi cuerpo. En unas semanas viajaré (en futuro) a Italia… pasaré mi
cumpleaños 33 en una isla del mediterráneo… en un viñedo. Si todo sale como lo
tengo planeado, estaré en la ciudad de las góndolas para los últimos días, y
podré visitar a un conocido en una ciudad fronteriza con Eslovenia (el país del
dragón… un país que hizo, ni más ni menos, que me enamorara de Europa). Me
imaginé por un momento en una góndola… cliché, lo sé… ¡pero nadie les critica a
lo turistas por ir a México y ponerse un sombrero de mariachi y tomar tequila,
pareciendo imbéciles!
Pues
entonces, asentí, yo también lo puedo hacer en Italia… subirme en una góndola y
sonreír.
Sonreí
mucho, pensé en todo lo que he vivido en Colombia, y cómo mi vida se transformó
de una manera que (por razones obvias), no habría imaginado.
Recordé
por un momento la clase de salsa que había tenido el miércoles pasado, donde al
terminar de volver a ensayar giros cruzados, mi profesor aplaudió y me dijo:
“es la primera vez contigo, que puedo bailar rápido… ¡muchas felicidades!”. Soledad*, una canción del grupo La 33 (un
grupo de salsa bogotana, realmente bueno) me hizo poner en práctica mi
capacidad de llevar a mi pareja, y hacerla girar… y girar yo para el sentido
inverso. Pensé rápidamente en las
decenas de personas que he conocido… las risas que he tenido, los lugares que
he visto, la comida que ya no podré volver a comer (porque seamos realistas, no
creo que en otra parte del mundo uno pueda encontrar patacones bien
preparados…)… los autores que descubrí acá… La vista desde mi habitación, desde
mi cama, a los árboles que inician un bosque en los montes orientales… íconos de
una ciudad.
La
esencia de lo que para mi, es un país.
Así,
de pronto… me llegó un mensaje por Whatsapp desde la ciudad ubicada en la mitad
del mundo.
Alguien
con quien he estado hablando todas las noches, desde hace 3 semanas, se
“apersonó” –por lo menos vía mensaje- para poner en perspectiva todas mis ideas
del futuro.
¿Y
si mi futuro está en Quito… con él?
Él
–quien es homónimo de mi profesor, solo que en la versión que se escribe en
español- se ha creado (y le he creado) una especie de imagen espejo junto a mi…
en un momento donde es muy bueno sentirse acompañado. Más allá de eso... saberse, bien acompañado.
Tomar
decisiones de vida, eso es lo que tendré que hacer en el futuro.
Mi
mente –y mi atención- regresaron en su totalidad al salón de clase, justo para
escuchar la frase que a todos nos haría reír… (y a más de uno, poner una
sonrisa de haber escuchado una frase que, más que regla de tiempo o estructura
de una lengua, refleja un contexto social y cultural).
En
el italiano –dijo Danielle- no hay futuro como lo hay en el español… no podemos
hablar de él… no lo conocemos. Solo nos queda …la esperanza del futuro…
Reímos…
todos. Incluso el profesor (que siempre se ríe y se pone rojo).
Y
esa frase, totalmente esperanzadora, me hizo pensar (y sentir), que pase lo que
pase, cuando llegue el momento (cuando llegue el futuro), tomaré una buena
decisión.
“Bene ragazzi, allora… tutti, andiamo al
libro a pagina otto”.
*parar
bolas (del colombiano, “prestar atención”).
*Según Yoko, mi profesor de salsa... el título que el grupo La 33 le dio a la canción Soledad, es por que ellos -los integrantes- vivían, o tienen un vínculo muy especial, con el barrio del centro de Bogotá, muy lindo por cierto, que lleva ese nombre: La Soledad.
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