miércoles, 1 de mayo de 2013

...como en familia...

(escrito el 1o. de Mayo de 2013).

Ocurrió en un taxi.

Recordé la frase, que creo, le adjudican a Oscar Wilde: “Nadie como tu familia para destrozarte”. En realidad no sé si sea de él o no… pero en el taxi lo pensé. Me dije a mi mismo: “claro, lo olvidé”. Todo se remonta a lo último que escribí, el texto que lleva por título “del por qué los mexicanos no hablamos en húngaro”… cuando lo escribía sabía que olvidaba algo… pero no recordaba qué.

Me enteré, el día de hoy al medio día, que mi abuela paterna tenía horas hospitalizada porque se había caído la noche anterior. Nadie me había notificado… ni a mí, ni a mi hermana. Sus dos únicos nietos.

Cuando me enteré, y hablé con un familiar responsable… alguien que estaba con ella, se negó a decirme el hospital donde estaba internada, limitándose a decirme que me mantendría al tanto… ¿Por qué? Pues “porque no”. Así, o más claro…

Me enojé. Creo que no es para menos. Al hablar con mi hermana y decirle lo que había pasado, se enojó también… inclusive tengo la impresión de que se molestó más que yo.

Pensé que si lo que opinaban o querían mis familiares era, separarme de mi familia, pues por lo menos no me enojaría. ¿Por qué? Porque mi familia son mis amigos.

Y entonces… ocurrió en un taxi. Recordé, mientras el chofer me llevaba al restaurante alemán donde decidí comer.

Pensé en una interpretación que mi psicoanalista lanzó hace una semanas, cuando le había comentado que debido a la hospitalización de alguien con quien yo salía, conocí a su familia, misma que me trató muy bien y sentí me dio un buen recibimiento.

No entendí cuando ella dijo: “lo que usted no busca, al parecer, es una pareja… usted busca una familia”.

De inmediato lo asocié a la enorme frustración que sentí (y siento) por el hecho de que la persona con quien tuve una relación de más de cinco años, nunca me presentó con su familia… y yo permití y acepté permanecer en el anonimato ese mismo periodo de tiempo.

De ahí no pasó. La interpretación aún no hacía efecto.

Hasta que pasó lo siguiente.

Hace dos semanas, mi mejor amigo me invitó a una comida con su familia. Lo tomé con toda la seriedad del mundo… me arreglé… me cambié la ropa como 3 veces intentando verme bien. No era para mí cualquier cosa… era una comida con la familia de mi mejor amigo. Familia a quien ya había conocido, y que en su momento, había sido la misma historia…

En esta última comida, como en la anterior ocasión… se reunió gran parte de su familia… papás, hermanos, sobrinos… había cerca de 15 o 20 personas en su casa… comida… sonrisas, plática… era una familia. Recordé en un momento, las reuniones que se llevaban a cabo en la casa de mis abuelos maternos, en la casa de la familia Guzmán… Eran muy similares. Gente. Mucha gente… muchas sonrisas, pláticas… risas… comida. Mucha familia.

Todos parecían quererse. Todos parecíamos...

Hasta que murió mi abuelo… Hasta que la senilidad de mi abuela se convirtió en un tema…

Fue ahí donde la familia se fracturó… y se volvieron sub-núcleos.

En la reunión en casa de mi amigo, me sentía muy bien. Inclusive su casa, parecía por momentos la casa de mis abuelos… Por un momento, no quería que terminara. Quería que todo siguiera… seguir platicando, viendo a mi amigo disfrutando y escuchando a sus papás… a sus hermanas (muchas, por cierto)… a sus sobrinos.

Pensé en que chica es mi familia ahora. Mi mamá, mi hermana, su pareja y su hija… y yo.

En la reunión en casa de Miguel… vino súbitamente a mi mente la frase: “usted no busca una pareja… busca una familia”. Y caí en cuenta de qué quería decir mi psicoanalista.

No sólo de cómo me he alejado yo de mi familia, sino de lo importante que significa “estar” con alguien (en singular) y con gente (en plural) que te quiere, que ME quiere. Pensé y asocié de inmediato en que como mi familia, La Familia (con mayúscula), a la cual yo había pertenecido (la gran familia Guzmán) se había extinguido… necesitaba casi como única especie sobreviviente de ese legado, unirme a otra. De lo contrario, desapareceré.

Pensé en que lindo es sentirse así. Unido… en calor…

Tal vez pocos lo han notado, pero así es como me siento cuando la gente me invita a convivir con “su núcleo”… Incluso, hace un par de semanas, cuando un miembro de mi vida (de nombre Sebastián) me invitó a una, ya casi tradicional, parrillada en viernes santo en su casa, yo me preocupaba y mucho porque posiblemente no podría ir (un día antes tuve un pequeño accidente jugando tenis)… y les decía a los médicos en el hospital que al día siguiente tenía una comida en casa de un amigo a la cual NO podía faltar. Los médicos no me hacían mucho caso o parecían restarle importancia… yo insistía, “¿verdad que puedo ir…?”. Al final fui… y me sentí, …como en familia…

En el texto anterior (cuyo título ególatramente me encantó), olvidé mencionar esto… olvidé mencionar cómo mis amigos y mi círculo cercano, siento, se ha volcado a mi cuando los he necesitado… me han demostrado el más puro y vital de los afectos cuando me han visto abajo, a veces sin yo pedirlo… a veces pensando que se han cansado de mi.

Pensando en que mi verdadera familia… son ellos. Mis amigos. Y que bien me siento por eso…

Por eso, cuando pensé en la frase que sigo sin saber, le pertenece o no a Oscar Wilde… pensé en que en mi caso no aplica…

Porque mi familia, afortunadamente… son mis amigos.

Espero mi abuela esté bien… espero encontrar una familia.

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