(escrito el 08 de septiembre de 2013).
“Nunca había estado tan lejos de
casa…”. Al escuchar esto, Kate me miró fijamente y respondió: “¿estás bien?”…
yo sonreí, y comencé a decirle (con sobrado entusiasmo) que me emocionaba saber
que estaba muy lejos de mi casa, explorando nuevas ciudades, conociendo cosas
nuevas y gente nueva…
Kate y yo nos entendimos muy
bien, los dos psicólogos, con posturas ante la vida muy similares y gustos en
común, los 4 días que estuvimos juntos tuvimos muchos temas de conversación.
Tal vez para hablar de ella,
tenga que retroceder unos meses atrás… más precisamente a una noche (o una
madrugada) en la principal avenida de Playa del Carmen, la muy famosa 5ta.
Avenida. Ahí, mi mejor amigo (cuya identidad ya ha sido revelada en otras
historias) y yo hablábamos conmovidos de que seguramente nuestra amistad se
vería muy comprometida por la distancia que ahora existiría entre nosotros… fue
ahí cuando él dijo algo de una película que yo no había visto (película basada
en un libro, entiendo) en donde se habla de cómo las personas nos encontramos
una y otra vez con las mismas personas en distintas vidas y de distintas formas.
Yo no entendí el argumento de la película en un primer momento, y en realidad
lo confundí, y me puse a pensar en que si eso fuera verdad, quién habría sido
él (mi amigo) en mi vida anterior, si en esta existe tanto afecto entre
nosotros. Y ese ejercicio medio agotador para la imaginación, lo hice con mucha
gente que me rodea y que me ha rodeado…
Pensé en que sería interesante
estar dispuesto a recibir a nuevas personas en mi vida, y que cuando éstas
llegaran, simpáticamente sonreír y recordar que posiblemente ya nos habríamos
topado en una vida anterior…
Meses después de esa noche en la
5ta. Avenida, en otra visita para ver a mi amigo, pasó algo digno de recordar…
Despertamos y hablamos de lo que habíamos hecho la noche anterior, donde la
habíamos pasado muy bien… me mostró un anuncio publicitario que, nos hizo reír
a carcajadas… no podíamos parar.
Creo, sin afán de drama… que ese
ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. Estar con alguien a quien
quiero… viviendo lo simple. Riendo… viviendo.
La amistad aún no se ha visto comprometida…
pienso que al contrario. Que se ha vuelto más sólida.
Al final de esa segunda visita,
en el aeropuerto (ya de vuelta a la Ciudad de México) Miguel fue el primero en
desearme un “feliz cumpleaños” (el número 30) y un feliz viaje a Turquía… mismo
que iniciaría 3 semanas después de haberlo ido a ver.
Y así fue… un viaje planeado e
interpretado como una fuga más… “una fuga más”… Varias veces pensé en cancelarlo,
y sin embargo, Turquía se resistía a desaparecer. Al mismo tiempo, se mostraba
muy misteriosa en qué me quería contar… qué historia habría para mí en un país
tan lejano y sin ningún tipo de vínculo conmigo, o con mi historia. ¿Para qué
me quería Turquía ahí?
Y todo comenzó. Despegamos…
volver a cruzar todo un océano de noche para después, despegar y aterrizar nuevamente
de noche, en la única ciudad en el planeta que está dividida en dos
continentes, unida por dos únicos puentes (el puente Bósforo y el puente Atartük).
La experiencia de cruzar de un continente a otro en tan solo minutos, fue
irreal.
Amanecí en América, aterrizaba en
Europa… y esa noche dormía en Asia. De eso se trata viajar… de descubrir (y
descubrirte) en el mundo.
Cumplí treinta años en el 5to. Piso
(como la 5ta. Avenida) de un hotel, en su terraza restaurante. Quería darme un
regalo especial, y era ese… mi comida. Busqué un lugar que fuera muy lindo, y
encontré un restaurante llamado Le Fumoir (sí, cocina fusión francesa con turca…
que barbaridad). La vista era un espectáculo… mi mesa (que mamonamente tuve que
hacer reservación para una persona, y cuando llegué me veían con cara de
situación…) estaba ubicado justo a un costado del barandal, la vista al mar de
Mármara y al cuerno de oro, desde el hotel ubicado en la muy linda zona de
Galata… a unos pasos de la famosa torre Galata (de nombre claramente italiano).
Nadie supo por qué estaba ahí
solo… nadie supo que ésa era mi comida especial, la cual había planeado
meticulosamente y con mucho esmero, casi por meses…
Solo yo lo supe. Ese era el plan.
Y funcionó.
La tarde la pasé en la plaza
Taksim y en el parque Gezi… el ahora famosísimo parque Gezi, tomé un café y un
delicioso pastel de frutos secos en una muy linda cafetería, y se acabó… era
momento de dejar Europa para volver a mi hotel en el lado asiático de Estambul…
y en esa ocasión, lo hacía ya con 30 años.
Unos días después salía al
sureste de Turquía, a la increíble región de Cappadocia. Ahí, tomé valor para
hacer algo que pensé me costaría mucho trabajo. A 780 metros de altura, en un
globo aerostático, me despedí de Luis Ricardo, quien falleciera en febrero
pasado. “Hola Luis, vine al cielo a saludarte… porque te extraño” fue la frase
que elegí poner en un papel que alguien me dio, minutos antes de subir… tal vez
suene muy a película tonta, pero funcionó… a veces, dejar ir a alguien,
complica nuestra existencia. Mi miedo a las alturas esa mañana, por espacio de
1 hora, parecía haber desaparecido. Luis Ricardo yo, disfrutamos mucho el
viaje, y la vista del amanecer en Cappadocia. Es espectacular.
Y después… inició la historia.
La siguiente fase de ese
recorrido era ir mucho más al sureste. Ahí se integraron dos personas que venían
de Australia: Jill y Kate. Viajaban juntas por segunda ocasión en sus vidas.
Eran dos amigas, que dijeron, se conocen …desde
hace 30 años… sin embargo, tienen un problema… una de ellas vive en
Melbourne, y la otra en la isla de Tasmania (“Tasi”, como le decían, y cada vez
que lo hacían yo sonreía, pues me parecía muy lindo que dijeran “Tasi”). Esta
situación, su diferencia en ciudades, la han resuelto exitosamente. Son muy amigas…
y se notaba.
No pude evitar notar la similitud
y cómo tantos datos “curiosos” se asocian a mi vida.
Al menos así lo quiero pensar,
porque es un buen momento para pensarlo así…
Por eso cuando Kate me preguntó
si yo estaba bien, después de decir que “nunca había estado tan lejos de casa”,
me dio gusto poder contarle a ella y a Jill por qué estaba yo ahí. Porque era
mi regalo de cumpleaños, “de mi para mi”… Eso las sorprendió… aplaudieron y
rieron… “supongo que es un cumpleaños importante, ¿me equivoco?”, me preguntó
Kate…
Lo es… Son 30 años… y qué mejor
que celebrarlo, en la única ciudad de une
dos continentes.
En los últimos meses, desde
aquella noche en la cual Miguel y yo hablamos de nuestra amistad y surgiera
esta idea de pensar que pronto nuevas personas llegarían a mi vida… eso ha
ocurrido de forma desbocada. Ahora vivo con alguien proveniente de Buenos Aires
(sobra decir el buen vínculo que eso nos ha dado)… y su grupo de amigos resultan
más que agradables.
Ahora sé, que aunque mis amigos
vivan en “Tasi”… son mis amigos, y ahí estarán.
Al igual que yo para ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario