domingo, 8 de septiembre de 2013

...desde hace 30 años...

(escrito el 08 de septiembre de 2013).
 

“Nunca había estado tan lejos de casa…”. Al escuchar esto, Kate me miró fijamente y respondió: “¿estás bien?”… yo sonreí, y comencé a decirle (con sobrado entusiasmo) que me emocionaba saber que estaba muy lejos de mi casa, explorando nuevas ciudades, conociendo cosas nuevas y gente nueva…
Kate y yo nos entendimos muy bien, los dos psicólogos, con posturas ante la vida muy similares y gustos en común, los 4 días que estuvimos juntos tuvimos muchos temas de conversación.
Tal vez para hablar de ella, tenga que retroceder unos meses atrás… más precisamente a una noche (o una madrugada) en la principal avenida de Playa del Carmen, la muy famosa 5ta. Avenida. Ahí, mi mejor amigo (cuya identidad ya ha sido revelada en otras historias) y yo hablábamos conmovidos de que seguramente nuestra amistad se vería muy comprometida por la distancia que ahora existiría entre nosotros… fue ahí cuando él dijo algo de una película que yo no había visto (película basada en un libro, entiendo) en donde se habla de cómo las personas nos encontramos una y otra vez con las mismas personas en distintas vidas y de distintas formas. Yo no entendí el argumento de la película en un primer momento, y en realidad lo confundí, y me puse a pensar en que si eso fuera verdad, quién habría sido él (mi amigo) en mi vida anterior, si en esta existe tanto afecto entre nosotros. Y ese ejercicio medio agotador para la imaginación, lo hice con mucha gente que me rodea y que me ha rodeado…
Pensé en que sería interesante estar dispuesto a recibir a nuevas personas en mi vida, y que cuando éstas llegaran, simpáticamente sonreír y recordar que posiblemente ya nos habríamos topado en una vida anterior…
Meses después de esa noche en la 5ta. Avenida, en otra visita para ver a mi amigo, pasó algo digno de recordar… Despertamos y hablamos de lo que habíamos hecho la noche anterior, donde la habíamos pasado muy bien… me mostró un anuncio publicitario que, nos hizo reír a carcajadas… no podíamos parar.
Creo, sin afán de drama… que ese ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. Estar con alguien a quien quiero… viviendo lo simple. Riendo… viviendo.
La amistad aún no se ha visto comprometida… pienso que al contrario. Que se ha vuelto más sólida.
Al final de esa segunda visita, en el aeropuerto (ya de vuelta a la Ciudad de México) Miguel fue el primero en desearme un “feliz cumpleaños” (el número 30) y un feliz viaje a Turquía… mismo que iniciaría 3 semanas después de haberlo ido a ver.
Y así fue… un viaje planeado e interpretado como una fuga más… “una fuga más”… Varias veces pensé en cancelarlo, y sin embargo, Turquía se resistía a desaparecer. Al mismo tiempo, se mostraba muy misteriosa en qué me quería contar… qué historia habría para mí en un país tan lejano y sin ningún tipo de vínculo conmigo, o con mi historia. ¿Para qué me quería Turquía ahí?
Y todo comenzó. Despegamos… volver a cruzar todo un océano de noche para después, despegar y aterrizar nuevamente de noche, en la única ciudad en el planeta que está dividida en dos continentes, unida por dos únicos puentes (el puente Bósforo y el puente Atartük). La experiencia de cruzar de un continente a otro en tan solo minutos, fue irreal.
Amanecí en América, aterrizaba en Europa… y esa noche dormía en Asia. De eso se trata viajar… de descubrir (y descubrirte) en el mundo.
Cumplí treinta años en el 5to. Piso (como la 5ta. Avenida) de un hotel, en su terraza restaurante. Quería darme un regalo especial, y era ese… mi comida. Busqué un lugar que fuera muy lindo, y encontré un restaurante llamado Le Fumoir (sí, cocina fusión francesa con turca… que barbaridad). La vista era un espectáculo… mi mesa (que mamonamente tuve que hacer reservación para una persona, y cuando llegué me veían con cara de situación…) estaba ubicado justo a un costado del barandal, la vista al mar de Mármara y al cuerno de oro, desde el hotel ubicado en la muy linda zona de Galata… a unos pasos de la famosa torre Galata (de nombre claramente italiano).
Nadie supo por qué estaba ahí solo… nadie supo que ésa era mi comida especial, la cual había planeado meticulosamente y con mucho esmero, casi por meses…
Solo yo lo supe. Ese era el plan.
Y funcionó.
La tarde la pasé en la plaza Taksim y en el parque Gezi… el ahora famosísimo parque Gezi, tomé un café y un delicioso pastel de frutos secos en una muy linda cafetería, y se acabó… era momento de dejar Europa para volver a mi hotel en el lado asiático de Estambul… y en esa ocasión, lo hacía ya con 30 años.
Unos días después salía al sureste de Turquía, a la increíble región de Cappadocia. Ahí, tomé valor para hacer algo que pensé me costaría mucho trabajo. A 780 metros de altura, en un globo aerostático, me despedí de Luis Ricardo, quien falleciera en febrero pasado. “Hola Luis, vine al cielo a saludarte… porque te extraño” fue la frase que elegí poner en un papel que alguien me dio, minutos antes de subir… tal vez suene muy a película tonta, pero funcionó… a veces, dejar ir a alguien, complica nuestra existencia. Mi miedo a las alturas esa mañana, por espacio de 1 hora, parecía haber desaparecido. Luis Ricardo yo, disfrutamos mucho el viaje, y la vista del amanecer en Cappadocia. Es espectacular.
Y después… inició la historia.
La siguiente fase de ese recorrido era ir mucho más al sureste. Ahí se integraron dos personas que venían de Australia: Jill y Kate. Viajaban juntas por segunda ocasión en sus vidas. Eran dos amigas, que dijeron, se conocen …desde hace 30 años… sin embargo, tienen un problema… una de ellas vive en Melbourne, y la otra en la isla de Tasmania (“Tasi”, como le decían, y cada vez que lo hacían yo sonreía, pues me parecía muy lindo que dijeran “Tasi”). Esta situación, su diferencia en ciudades, la han resuelto exitosamente. Son muy amigas… y se notaba.
No pude evitar notar la similitud y cómo tantos datos “curiosos” se asocian a mi vida.
Al menos así lo quiero pensar, porque es un buen momento para pensarlo así…
Por eso cuando Kate me preguntó si yo estaba bien, después de decir que “nunca había estado tan lejos de casa”, me dio gusto poder contarle a ella y a Jill por qué estaba yo ahí. Porque era mi regalo de cumpleaños, “de mi para mi”… Eso las sorprendió… aplaudieron y rieron… “supongo que es un cumpleaños importante, ¿me equivoco?”, me preguntó Kate…
Lo es… Son 30 años… y qué mejor que celebrarlo, en la única ciudad de une dos continentes.
En los últimos meses, desde aquella noche en la cual Miguel y yo hablamos de nuestra amistad y surgiera esta idea de pensar que pronto nuevas personas llegarían a mi vida… eso ha ocurrido de forma desbocada. Ahora vivo con alguien proveniente de Buenos Aires (sobra decir el buen vínculo que eso nos ha dado)… y su grupo de amigos resultan más que agradables.
Ahora sé, que aunque mis amigos vivan en “Tasi”… son mis amigos, y ahí estarán.
Al igual que yo para ellos.
 

 

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