(escrito el 15 de diciembre de 2013).
“Creo que no sabes esto Rodrigo…” (Rodrigo, alias Krusty, me miró con detenimiento, abriendo los ojos como normalmente hace y de frente), fíjate que hace unos años, creo que cinco, mi ex y yo viajamos a Buenos Aires, y ese viaje, al menos a mí –y creo a él también- me cambió la vida. Creo que fue la pasión que encontramos en la mayoría de los argentinos, algo que nos marcó.
Desde ese momento, a la fecha, muchas veces dije que quería irme a vivir a Buenos Aires. Se lo dije a Fede cuando lo conocí, creo que eso dio al click para que en me aceptara como su roomie, y para que yo decidiera venir a vivir aquí. Es “curioso” como la vida te lleva por analogías que a veces parece sólo entender ella… no pensé que esta sería “mi particular manera de vivir en Argentina”.
El día que llegué a la calle de Petén, Fede me recibió medio dormido. Se tardó en abrirme la puerta (traía su remera de la selección argentina, curioso, yo traía la de la selección mexicana). Pensé por un momento que las personas de la mudanza terminarían por dejarme tirado ahí, con mi colchón, mis discos… mi tele y mi trapeador. Pasando esa anécdota, pusieron todos los muebles en la sala… él se sentó en un sillón rojo, yo en una silla… nos vimos a la cara, y asumimos que no sabíamos ABSOLUTAMENTE nada el uno del otro. Bueno, él sabía que yo era gay, que me llamaba Leonardo… y que a veces me gustaba cocinar. Yo de él, que amaba al River Plate, que consideraba al vino “Las Moras” como el “cabashito de batasha”… y que no se despertaba temprano los fines de semana.
Hicimos un buen click… reímos mucho. Sus amigos eran su familia. Lo querían como, literalmente, se quiere a un hermano; a uno de esos hermanos que uno forma, o genera por elección. Personalmente doy mucha importancia al valor de la amistad. Pienso que quien tiene buenos amigos, amigos sólidos… amigos/hermanos, lo tiene todo. ¿Por qué pienso eso? Pues porque para tener una amistad así, debes ser una gran persona.
“Che no te muevas tanto… ¡giráte! ¡giráte!” me gritaba en Av. Revolución, la primera –y única- vez que me subí a su moto. La primera vez que me atreví a andar en moto por la gran Ciudad de México, la ciudad que por cierto, amaba. Creo que me tomó respeto por eso… porque le había dicho que nunca lo había hecho. Me preguntó: “¿querés un casco…?” y así fue. Leonardo Márquez anduvo por las calles de la Ciudad que Federico tanto recorrió en dos ruedas, con un casco… confiando mi vida a alguien que no conocía, pero que “algo me decía”, se convertiría en un amigo.
La vida te lleva por caminos extraños. Caminos que sólo ella entiende, y que a veces, no te explica hasta mucho después.
Fue hasta que lo escuché hablar. Fue cuando lloró. Cuando me contó parte de su historia… sobre su familia, sobre su ex. Sobre él, por qué era y hacía lo que hacía… de lo cual estaba cansado, pero no paraba… Fue cuando puso un video de Rolón (el tan famoso psicoanalista argentino) para explicarme lo que sentía.
Pensé, en ese momento, que entendía por fin el por qué yo estaba aquí. El por qué se dio ese click… por qué nos entendíamos tan bien, si no nos conocíamos en lo absoluto, si de lejos podríamos ser tan diferentes. Simple, porque éramos, muy en el fondo, sumamente parecidos. Porque sentíamos lo mismo (la diferencia, hoy lo comentaba con Fabiola, es que hay formas en cómo eso se libera… yo lo hablé. El… lo actuó).
Ese día, el día que pasó, yo me encontraba de soberbio buen humor. Caminé calles y calles antes de llegar a casa, venía cantando –literal- de tan contento.
Me lo topé en las escaleras… “¡ey!” –le dije-… “¡qué onda!” –respondió-. “Todo bien”… Retiró el casco de su moto para darnos un abrazo (raro… no era una costumbre, pero creo que los dos notamos que estábamos de buen humor). Un poco de plática rápida… no más de un minuto… “¡Pásala bien Fede!”… “vos igual”.
Nunca más lo volvería a ver.
Con su humor “bárbaro”… “fenónemo”… no me lo imagino más que feliz –o al menos es lo que mi neurosis me invita a pensar- al momento de llegar al más allá. Supongo que en el cielo argentino hay asado… chorizo… bifes… fugazzetas… vino tino “Los Árboles”… música “vishera”… de versuit, y esas cosas raras que a él tanto le gustaban… supongo que en el cielo argentino todos son apasionados… y gritan cosas como: “che boludo… vení que me partís las pelotas” “andá y probá este vino, mirá que es de la patagonia”… con postres de dulce de leche… supongo que bailan con un fernet en la mano…
Y supongo que ahí, entre todos ellos, está Fede …con su remera del River...
La vida se pasa de hija de puta.
Y esa se volvió, mi particular manera de vivir en Argentina.
(felices fiestas).
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