(escrito el 26 de enero de 2014).
Con la muerte de Federico como un
sisma en mi vida, vinieron a cuento una serie de sucesos desafortunados que se
dedicaron a engalanar mi diciembre… desde una bravuconada de mi parte a un
pendejete en un bar, la cual sirvió no solo para experimentar cómo el flujo de
sangre se deja sentir con particular perplejidad al salir de la nariz, sino
para cambiar de anteojos (más por fuerza que por gusto)… pasar de nuevo por un
quirófano para atender una extraña reacción que mi cuerpo no ha podido contener…
hasta mi adicción a una serie de época británica, que me hizo pasar momentos simpáticos
en solitario.
A pesar de que no han pasado más
de 60 días desde ese terrible día, siento –creo que es algo común en este tipo
de eventos- que han pasado meses… el periodo de shock que afectó a todos los
involucrados, vino… indiscutiblemente, el momento de reacomodar todo. Momentos
incómodos y “feos” (por no decir tristes y mediocres) se dejaron venir, tan
solo para recordarnos que los seres humanos a veces tenemos que sacar los
colmillos para defendernos, para protegernos… para hacernos valer.
Cuando nos vemos en medio de
situaciones muy complicadas, cada uno de nosotros utilizamos los recursos y
herramientas que tenemos a nuestro alcance… en sentido figurado. Nuestro actuar
va acorde a cómo somos, qué podemos hacer y qué queremos hacer (esto último,
pienso, de acuerdo a las decisiones que hayamos tomado).
Crecí viviéndome como un niño, un
chico… un joven, al que mucha gente consideraba endeble. Protegido por otros…
incapaz de moverse por sí solo. Tal vez por eso, pienso, a muchos les sorprende
escuchar que esa persona se convirtió, sino en un autócrata, sí en alguien que
puede manejarse con bastante autonomía, capacidad de decisión y que, además, lo
disfruta. Sin embargo, no es fácil… La semana pasada recibí la llamada de
alguien que tiene un muy valorado lugar en mi vida, una autoridad moral
suficientemente grande, como para en su momento haber tenido el coraje de
hablar de frente y rescatar nuestra amistad del risco en el que se encontraba. Esta
persona me llamó para preguntarme cómo estaba… cómo la estaba pasando. Me dijo
que había estado pensando en mi… y que sólo me llamaba para decirme que: “estaba
sacando la casta… que no esperaba menos de mí en un momento así...”; que sabía
que lo que me estaba pasando no era nada fácil, y que quería decirme que él,
desde su trinchera… confiaba en mí (palabras generales).
Me senté… la piel se me erizó…
había lágrimas por salir de mi… Esos momentos, esos actos, son los que más
valoro, y los que más recuerdo de alguien.
Me di cuenta que sólo 2 personas,
hasta ese momento, me habían dicho de corazón que yo podría salir bien de esto…
mi madre y Miguel. Manuel… se convirtió en la 3er. persona.
No me cuesta trabajo pedir ayuda…
pero lo evito. Sé que puedo hacer las cosas yo solo. Seguramente es una forma
de querer decirle a todas esas personas que pensaron que yo no podría llegar a
ningún lugar sin la ayuda eterna de quienes me protegían, que sí lo puedo hacer…
que aquí ando… que a veces “mi vida bonita” se pone en jaque… pero ahí es donde
todo mi ejército interno sale a dar batalla… a tranquilizarme… a llevarme a
pensar qué debo hacer y cómo, para no caer… para no perderme… para no perder lo
que he logrado, aunque a veces termine haciendo unos verdaderos malabares para
sostenerla.
Hoy, después de escupirle la cara
a un wey en un bar, yo con la cara
ensangrentada, él con dos puñetazos míos y con su camisa rota; hoy, después de
haber defendido mi casa, mi hogar… el lugar donde vivo, de pendejos que no
pueden ni respetar un luto; hoy, después de haberme operado por segunda ocasión
en 1.5 años, y teniendo menos de 2 días para recuperarme y volver al trabajo;
hoy, después de que Miguel se volvió a Playa del Carmen, y que eso me haga
sentir una persona bastante sola… parece que las aguas se nivelan, y mi vida
bonita, vuelve a surgir.
Una nueva historia se comienza a
escribir con un nuevo personaje… un chico de particular atractivo físico y de
un trato súper ligero, Dany… de Galicia… llega a vivir conmigo. Es mi nuevo
roomie. Al menos unos meses, su presencia acá detonará en mi ganas de conocer
cosas nuevas y de relacionarme con gente nueva. Eso se agradece.
¿Quién habrá sido este chico
anteriormente… por qué llegó él, y no otra persona… qué historia se escribirá
entre nuestras vidas?
Después de toda esta turbulencia,
es momento …de iniciar, una vez más…
(a las personas que este tiempo
se preocuparon por mi… llevándome a comer DELICIOSAS crepas francesas con una
ESPECTACULAR tabla de quesos… a las que me cuidaron y me abrazaron cuando no
paraba de llorar, espantado… viendo como mi camisa se ensangrentaba como vil
delincuente en Reforma… a quienes me llamaron desde La Paz para preguntarme
cómo estaba… por el simple motivo de quererte decir que te quieren… y por
supuesto, para quien me dijo que no esperaba menos de mí en un momento así… muchas
gracias).
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