(escrito el 03 de mayo de 2014).
Hace ya muchos
escritos, se me vino a la mente la idea de “tener que” explicar el por qué de la admiración que, muchos
saben, tengo por un personaje público (una presidenta de un país sureño). Específicamente, lo pensé porque recordé una
fotografía bastante famosa, o por lo menos, que muchos medios usaron cuando
falleció su esposo (un también presidente de la misma nación).
La fotografía
en cuestión, para describirla, fue tomada desde un ángulo superior (como si
hubiera una cámara arriba de “ellos”), ella parada, parecería en movimiento, a
un costado del féretro en donde se encontraba el cuerpo de su esposo, envuelto
(el ataúd) por la bandera albiceleste con el sol “de mayo”*. Cuando vi esa
foto, en ese momento en cuestión, me pareció algo sumamente duro… por no decir,
que era muy “fuerte” ver una escena así. Una mujer, una esposa… una persona
amada, despidiéndose de la persona a quien amó.
La foto vino a
mi mente, como flash, al volver a ver la portada del más reciente libro que
compré, la cual muestra una casa tipo inglés (una casa aristocrática) y el
perfil de una mujer (también aristocrática) cuyo rostro no se distingue por el
uso de un sombrero de la época… de esos que sacan continuamente en Downton Abbey.
La razón de
ese por qué parece estar matizada.
Ocurrió un cambio en mi perspectiva, no solo política sino personal, hace unos
años. Mi fascinación por viajar se activó en la capital del país que ella, como
presidenta, gobierna. Era su 2do. año de gobierno (había, recién, pasado por
una crisis de agricultores de soja, quienes se oponían a los nuevos impuestos
que les “cargaban”).
Muchos la
daban por “políticamente” muerta… los taxistas, la gente de “a pie”… nos
decían, a mi entonces hombre amado, y a mí… que era una estrategia. Que ella
haría las cosas “difíciles” para cobrar más dinero a la gente, que el país
tuviera recursos para salir adelante del “atorón” y que después, su marido
(quien moriría casi 3 años después), se volvería a elegir presidente para tener
más margen de maniobra.
Eso, como
saben… no pasó.
Su carácter y
determinación por levantar una nación orgullosa y con pasión al tope, que había
sido destruida por un modelo económico de náusea… simplemente vomitivo, me
inspiró. Escuchaba por internet sus discursos (en la ONU, en su congreso –que por
cierto, el edificio del congreso Argentino, es el mismo edificio que el museo
de arte moderno de Hungría… la misma construcción, de ahí que parte de la
película “Evita” se filmara en Budapest- en la Casa Rosada… cada que veía
anunciado un discurso, lo sintonizaba), quería saber todo de ella y de su
modelo, de su propuesta… leí la biografía que una autora* hizo en casi 2 años
(incluida una entrevista en el Hotel St. Regis de la Cd. De México)… la
defendía con amigos (bueno, a decir verdad, lo sigo haciendo… y creo que la
mayoría de mis amigos son de derecha, ¡qué cosa!)… leía las entrevistas que
daba… me fui a dar una vuelta al Soumaya y al hotel donde se hospedó en Paseo
de la Reforma cuando vino al DF para pensar que tal vez… tal vez, podría ver
pasar su comitiva y entonces gritar: “¡Gracias Cristina por ayudar a construir
un mundo mejor!”. Me inspiraba ella como persona.
Me inspiraba a
ser fuerte, a ser inteligente… me inspiraba a hacer (y a decir). A no formar
parte de lo esperado, sino a esperar algo totalmente distinto. Provocar, con
idea… “con onda”.
Incluso, una
persona me vio llorar cuando, por un mal diagnóstico, se le dijo al mundo que
tenía un padecimiento cancerígeno… Sobra decir que mi psicoanalista me regresó
una interpretación sobre mi vestimenta negra, cuando ella perdió a su marido
(porque se murió) y yo a mi hombre amado… porque él me dejó de amar.
¿Y después?
Y después algo
pasó, que me detuvo.
Un lado
sumamente seductor… No un lado, un “cierto tipo de gusto” que me atrapa como
lirio acuático, se hizo presente en mi vida.
Una especie de
rigidez absurda, a la cual a veces pienso “necesaria”, apareció en mi vida. En
mi trabajo, en mi vida personal… inclusive en lo que me gusta ver en televisión
y escuchar en la radio, parecía estar, por un lado adornado con “rojilleces” (¡ay ajá!), pero por otra,
encuadrada en un establishment que da
un poco de qué hablar.
Si ya de por
sí mis rasgos obsesivos siempre se dan a notar… si ya de por sí, soy muy
rígido… creo que ahora me he vuelto mucho más.
Cuando comencé
a ver Downton Abbey (como mero
ejemplo), mi familia y conocidos reían un poco (o bastante) diciendo que era la
serie perfecta para mí… cuando les platiqué que un día me puse a reclamar de
forma airada en una tienda porque no tenían tizana, y entonces no podría
prepararme un té decente… pararon de reír.
Sé que suena a
bluff… pero en realidad, hay que leer
entre líneas. Mi preocupación por mi rigidez, y cómo esto afecta en mi vida… me
llevó a tomar un nuevo tipo de terapia, que ocupa todo menos un diván (y ya ni
qué decir del inconsciente). Mi lenguaje
corporal y mi forma de relacionarme, de acuerdo con la persona a la que acudo
para hablar, provocan una barrera sumamente difícil de pasar… eso no solo aleja
a muchas personas que ya están en mi cada vez más petit círculo social.
Parezco
señora… parezco señora mal cogida. De esas que no supieron nunca qué es un
orgasmo. Y no porque nunca hayan tenido algún tipo de información sexual, en la
que se enteraran de que existe algo llamado orgasmo, sino porque nunca hubieran
tenido la más mínima curiosidad de preguntarse a sí mismas si realmente “eso”
que sentían, era lo “que se suponía debían sentir”… más allá de porque la
información “no dicha” en el lenguaje con su madre, y con su mundo, les haya
informado que “no deben sentir”. Acaso… ¿no les hubiera gustado hacerlo? ¿No se
habrán preguntado si… habría más?
Hace poco cogí
con un tipo que, al escucharme gritar y revolcarme como loco (too much information, I know… créanme,
se justifica) se detuvo y con cara de
asustado me preguntó: “wey, ¿estás bien?... ¿qué te pasa?”. Al responderle que
todo “fluía como debía estar fluyendo” (palabras más, palabras menos),
respondió que le parecía raro que alguien… “se pusiera así de loco”.
¡Chale!… (nada
establishment aquí, ni en el uso de
la palabra “coger” y/o “chale”… y menos en mis gritos). Resulta que “ir más
allá” en la búsqueda de placer, resulta “loco”. Resultó ser que, ni porque el
tipo se fumó medio plantío de marihuana antes de, pudo expandir sus horizontes.
Resulta ser, que fui nuevamente seleccionado de honor para la nefasta y mal
parida, la BASTARDA Y MIERDERA, categoría de “loco”. Aborrezco que me digan que estoy loco. Me resulta
insultante.
Ayer pensé
todo esto, cuando daba la tarde, una hermosa tarde… estaba sentado en una plaza
muy linda, ubicada en la colonia Roma de la Ciudad de México. La plaza en
cuestión está a un costado de la Universidad en donde Luis Ricardo estudiaba…
la colonia Roma en cuestión… era “nuestra” colonia… era “nuestro” barrio.
He “detectado”
(ya saben que los obsesivos “detectamos” las cosas… así, como por arte de
magia) que, desde que murió, voy a esa plaza cada vez que necesito hablar con
él… recordar cómo me hablaba del “chino” (el tipo que estacionaba los autos en
esa misma plaza), de cuando fuimos a comer a “La Piazza”… o a “Non Solo”… (etcétera).
Ayer pensé
todo esto, después de ir al Mueso… después de tomar 2 copas de vino… de comer
una deliciosa ensalada con queso brie,
aceite de oliva y pimienta… pescado con
una torta de coliflor de espectáculo… una tarta de zarzamora con almendras y un
café exprés, que hasta el mismo Federico hubiera dicho ¡que estaba bárbaro!
Ayer pensé (y
mucho) en Cristina Fernández de Kirchner… en Lady Mary… en Luis Ricardo… en
Carlos…
Ayer pensé…
que “siento” (looks like) que a mis
amigos les valgo, un poquito, madres. (Hay que leer entre líneas)…
Ayer pensé que …hasta Cristina tiene un poco de establishment…
Soy bueno para
estar solo… pero se siente bien cuando alguien te pregunta cómo estás. Me
preocupa abusar de la soledad… y que ella abuse de mí. Soy muy indefenso en ese
juego… porque no lo sé jugar.
Me preocupa
que alguien más me diga que estoy loco… cuando lo que está ocurriendo, es que
quiero tener un orgasmo. (¿Ya dije que hay que leer entre líneas?).
Ayer me
hubiera gustado no pensar… no entender (o pensar que entendía). Ayer me hubiera
gustado estar en Budapest (ver el Parlamento de noche... la Ópera en
Andrássy... el Danubio, el castillo de Buda, y la Estatua de la Libertad...).
“tome mate… usted me entiende”.
*Alguna vez,
hablando con Fede, yo dije algo respecto al “Sol de Mayo”… Fede se extrañó y me
respondió (bajando la voz como lo hacía… así, como con gracia, mirándote de
frente… y sacando el tono más argentino que su argentinidad porteña le permitía):
“che… no hay tal cosa como el sol de masho…
eso lo dicen para los turistas”. Le daré el beneficio de la duda.
*La autora es
Sandra Russo… el libro se llama: “La Presidenta, Historia de una Vida” (no… no
lo consiguen en México). El libro que leo ahora, lleva por título: “La Casa de
Riverton”.
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