sábado, 18 de octubre de 2014

...por una canción...

(escrito el 18 de Octubre de 2014)

Le sonrío como la Mona Lisa… soy un caso de atar estoy perdida… ¡ya no me tengan piedad!*

Tenía ya algunos días llegando (él) de muy mal humor. Cualquier persona “con dos centímetros de frente” podía darse cuenta de eso. Y cualquier persona que me conozca más “de dos centímetros”, sabe que nunca he podido quedarme callado, cuando algo me molesta. No puedo vivir “con el pinche vestido al revés”.

Hacía ya casi dos meses desde que nos habíamos conocido. Nos bastaron un par de pláticas para entender que, él y yo, nos entendíamos muy bien. Pero ninguno de los dos se atrevía a decir por qué.

Después de hablar por muy buen rato esa noche… no fue extraño para ninguno de los dos concluir que nada estaba funcionando, y que estábamos juntos por algo que nos “convenía” (ya saben… como dice aquella famosísima canción: they’re sharing a drink they call loneliness… but is better than drinking aloneBilly Joel –Piano Man).

Al fin, después de casi dos meses, nos atrevíamos a hablar… Prácticamente vivíamos juntos. Llegaba 5 o 6 noches a dormir junto a mi… a contarme sus sueños… a escuchar los míos… a volvernos cómplices. A no decir nada más. Hasta que yo lo despertaba con un: “ya me voy… por favor, desayuna… te veo en la noche… te quiero”. Y me iba rumbo al trabajo… pensando en todas las frases que él dormido, decía… sin que se diera cuenta… la mayora de su trabajo. “hoy fue el embajador de México... pidió un postre de tres leches… muy chévere”…

Y el ciclo se repetía. Hasta que llegó esa noche. Mi mal humor no soportó más. Ya saben lo que dicen de los que estudiamos en un sistema Montessori: no soportamos la frustración… atacamos cuando nos sentimos frustrados.

Los dos, nada sorpresivo, lo dijimos: “somos amigos… amigos que se besan” (para no dejar de lado la -puta- ironía, unos días después, la Real Academia de la Lengua, no tardó en dar un término a esa definición)… me abrazó fuerte, y él, como característica que a la postre me molestaría, se puso sus audífonos… a lo lejos inició (o a lo bajo) una canción que hacía años (sé que esta expresión se usa, a veces mal usada, día a día.. pero en este caso, es real) no escuchaba. Una paisana suya… una chica que nació en la misma ciudad que él decidió abandonar para venir a Bogotá, interpretaba “Quiero”. La, muy seguramente, Barranquillera más famosa del planeta, me hizo pensar en mi adolescencia… e imaginarme la suya.

Lo imaginé con su familia… tal y como él me la había descrito varias veces… con esa mirada de niño… ¡y con esa risa y sonrisa que me mataba!... lo imaginé escuchando esa canción, sonriendo… imaginando su mundo, ¡su vida!… creyéndola tan distinta de como es hoy.

A veces, hay días… u ocasiones, en las que odio llorar. Esa ocasión, esa noche… fue una de esas ocasiones.

Unos días (u horas, como lo quieran ver) después, llegué a mi cita con el diván. El diván y yo, tenemos la relación más sólida que haya tenido (yo) antes… “Esto” estaba escrito… solo era momento de esperar.

Siguió viniendo por unas noches más… hasta hoy. Donde al salir de la casa, lo vi con ojos rojos… me (nos) dio (mos) un abrazo… y me prometió que nos veríamos pronto.

No lo dudo, porque ahora creo, que desde cierta mirada… se ha convertido en mi primer amigo en Colombia.

Nunca, hubiera pensado (yo), hace unos 12 u 11 años, que algún día tendría un amigo de Barranquilla… que, mientras él se paseaba por la ciudad más grande de la costa colombiana, aprendía a cocinar en el restaurante de su mamá; escuchando a Shakira… pensando con emigrar a Buenos Aires (… no Leo, nada en la PUTA vida es coincidencia, años en psicoanálisis te lo han dejado claro)… yo en México, en el D.F… pensaba en estudiar gastronomía… tener un restaurante en Madrid, y que mi vida, sería muy diferente, a como lo es hoy.

El mundo se está volviendo muy pequeño… y hoy por hoy, parece que el Distrito Federal y Barranquilla, están separados únicamente …por una canción…

Quiero excederme… perseguirte, pretenderte… quiero amarte noche y día, quiero gastarme la vida.

Quiero amarrarte a mis 60 de cintura, llevarte como un tatuaje, quiero perder la cordura… - Shakira – Quiero (de su famoso disco, “Pies Descalzos”).

*Alejandra Guzmán – Si No Hay Vacuna Contra el Amor (de su famoso disco “La Guzmán”).

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