(escrito el 29 de marzo de 2015).
Nos vimos para
comer, pero más era un tema de vernos y saber de nosotros, que del propio acto
de comer.
Detalles como
esos, me tocan. Que alguien me haya ido a buscar al aeropuerto para que
pudiéramos hablar, y ponernos al día, unos minutos antes de “volverme a ir”.
Ella y yo tenemos una conexión que pocos entienden (inclusive extraños en la
calle llegaron a preguntarnos si nosotros éramos hermanos). Hace pocos meses se
convirtió en mamá, y su esposo, a quien le tengo un enorme afecto (y con quien
comparto mucho de su humor), papá. Su familia creció y hay algo nuevo que tal
vez solo los “externos” a ellos dos notamos.
Hablamos rápido…
pues había mucho que hablar, y teníamos muy pocos minutos para hacerlo. Dos
temas salieron a flote. Uno de ella y uno mío. Me tomó por sorpresa, pero me
gustó, que cuando le decía cómo me había estado sintiendo estos meses, y que
por alguna “extraña” razón había pensado mucho, recientemente, en “el”… ella
dijera: “Leo, hay ocasiones donde los muertos reviven… déjalo que reviva”. El
contexto de esa frase, según la entendí, es que no intentara tapar el afecto
que tengo por alguien… que tal vez si lo dejara salir, yo volvería a estar
bien… tranquilo. Además, la forma en cómo lo dijo… tranquila, sin pena. Totalmente
casual. Tan “fresca”*.
Tal parece que
hay ciertas personas que te conocen tan bien, que saben qué necesitas escuchar
y cuándo decirlo, para detonar en ti una serie de eventos, los cuales
afortunadamente, no podrás detener fácilmente (o sencillamente no puedes
detener por más que quisieras).
Me refiero a que
anoche soñé con él…
Iniciemos por el
principio. Ja. Anoche soñé, o más bien… recuerdo muy bien el sueño de anoche.
Mi represión dejó escapar bastante. Sobre todo el final.
Anoche, antes de
irme a dormir, re-inicié mi “disfrute” por una serie de televisión que me ha
encantado, y que tiene un personaje que me llena de interés. Ya saben, uno
siempre se identifica con alguien… sea un personaje ficticio (de libro, de
televisión… de lo que sea), con algún presidente (o presidenta) que se niega a
ser presa del ataque mundial sensacionalista en contra suya… etc., etc…
Entonces, “estaba yo viendo” esta serie que tanto me gusta y disfruto, y
resulta que la trama del capítulo trataba (entre otras cosas) de cómo ella era
invitada a volver a vivir. Su abuela (que es idéntica a mi recién fallecida
abuela), su cuñado y su mayordomo (que en realidad, es su gran y único amigo)
hablan con ella, buscando encuentre la fortaleza que necesita para salir
adelante y superar la muerte de su esposo. En un diálogo muy lindo, entre dos
personajes de la serie, se le invita a “volver al mundo de los vivos”… ella
rompe en llanto, y es su amigo quien, con un abrazo, le da la bienvenida de
vuelta.
No es así de
simple, tanto para un personaje de ficción, como para un ser humano real, dar
ese paso. Me pareció lindo, cómo en esa serie, ella pasa de vestir negro
riguroso (e inclusive negar se a usar una chalina morada) a usar un vestido
(morado) en la última escena del capítulo… me acordé obviamente de Cristina, y
de cómo (sin hacer mayor escándalo… un día decidió usar ya una camisa blanca…
después de meses de vestir un negro riguroso).
Después me fui a
dormir.
Estábamos en la
sala de la casa de mi mamá… donde pasamos mucho tiempo… estábamos de lo más
amables el uno con el otro, pero era como un encuentro donde yo tenía una última
oportunidad de preguntar algo que creo, dejé en el tintero, o cuando lo hice,
nadie respondió…
Si en el
inconsciente no hay tiempo ni espacio, no hay por qué extrañarse que años
después, vengan a mí esas preguntas.
Tal vez sean las
preguntas que dejé allá, en “el mundo de los muertos”, antes de darme el valor
para volver a vivir… y volver a sonreír platicando con mis amigos (uno de ellos
me vio, y sin más ni más… se dirigió a mí y me dio un beso enorme, que me hizo
sonreír mucho y abrazarlo aún más)… cargando a mis perros (uno de los cuales ya
está muy viejito, pero se ve que me quiere mucho, porque cuando me ve, no se
separa de mi)… e inclusive, viendo Pepa Pig con mi sobrina.
Para estas
alturas de mi vida, y lo que llevo hablado… sé que soy alguien que deja entrar
a su vida ese tipo de “sueños”, para después hablar de ellos, darles un
significado, y encajarlos a mi vida.
Envidio –creo- a
las personas que pueden ir por la vida sin pensar en el pasado (cuando escribía
esta última palabra, mis dedos “resbalaron” para escribir “el pesado”)… o sin
hablar con alguien sobre lo que piensan o sienten. Tremendos corajes y
cuasi-pleitos he tenido con gente que me importa, cuando éstos me responden: “ya
déjalo”… o “ya no pienses en eso, ¿qué ganas?”. Estallo en furia. Después, ya
solo, me pregunto cómo pueden ir por la vida navegando con bandera de “yo no
pregunto nada, porque no gano nada haciéndolo”. No lo dudo… que “pesada” vida
han de llevar esos seres… no va con la mía.
No puede ser
nada fácil tampoco tomar ese tipo de decisión ante la vida, y lidiar con una
mente “activa”… en pleno siglo XXI.
Diría, mi muy
sabia amiga (y que muchas personas –infiero también muy sabias- dicen, parece
mi hermana) “y andan por la vida con el
pinche vestido al revés”*.
Afortunadamente,
ella y yo (y muchos de quienes me rodean), ven “ese vestido al revés” y, más
importante aún, lo hablan… aún esto ocurra en un sueño, años después. Aún y
cuando la gente “ya te ha dicho”… que lo dejes pasar… “que no ganas nada”.
Despedí a mi
amiga en el estacionamiento del aeropuerto (caía tremenda tormenta, y yo me
tomé unos minutos de más, así que ya era tarde). Al igual que mi hermana, se ha
vuelto una persona muy hábil al abrir su auto, guardar la carriola de su hijo,
cargarlo, sonreír y abrazar… al mismo tiempo. De mi familiar (mi mamá) me
despedí al abordar el aerotren. A diferencia de enero (en mi anterior visita a
la Ciudad), yo me sentía mucho más tranquilo en esta despedida.
Creo que Fabiola
y yo… sabíamos, que entre ella y yo, no había …ningún pinche vestido al revés…
*Es necesario ver la
película “El Príncipe de las Mareas” y prestar un poco de coraje.
*Hace unos días hablaba con mi jefa, y dije: "es que la gente es muy fresca". Me detuvo (con una leve seña en la mano) y me dijo: "que bonita palabra usas Leo"... Para mis adentros pensé: "claro, la aprendí en Colombia".
(Agradezco,
aunque sé que nunca lo sabrán, a Diana Krall y su nuevo disco “Wallflower” el inspirarme a volver a
escribir, y a Lady Mary… por invitarme, de nuevo, al mundo de los vivos –tal como
ya lo hiciera una vez, mi gran amiga Cristina).
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