domingo, 5 de abril de 2015

...ningún pinche vestido al revés...

(escrito el 29 de marzo de 2015).
 
Nos vimos para comer, pero más era un tema de vernos y saber de nosotros, que del propio acto de comer.
Detalles como esos, me tocan. Que alguien me haya ido a buscar al aeropuerto para que pudiéramos hablar, y ponernos al día, unos minutos antes de “volverme a ir”. Ella y yo tenemos una conexión que pocos entienden (inclusive extraños en la calle llegaron a preguntarnos si nosotros éramos hermanos). Hace pocos meses se convirtió en mamá, y su esposo, a quien le tengo un enorme afecto (y con quien comparto mucho de su humor), papá. Su familia creció y hay algo nuevo que tal vez solo los “externos” a ellos dos notamos.
Hablamos rápido… pues había mucho que hablar, y teníamos muy pocos minutos para hacerlo. Dos temas salieron a flote. Uno de ella y uno mío. Me tomó por sorpresa, pero me gustó, que cuando le decía cómo me había estado sintiendo estos meses, y que por alguna “extraña” razón había pensado mucho, recientemente, en “el”… ella dijera: “Leo, hay ocasiones donde los muertos reviven… déjalo que reviva”. El contexto de esa frase, según la entendí, es que no intentara tapar el afecto que tengo por alguien… que tal vez si lo dejara salir, yo volvería a estar bien… tranquilo. Además, la forma en cómo lo dijo… tranquila, sin pena. Totalmente casual. Tan “fresca”*.
Tal parece que hay ciertas personas que te conocen tan bien, que saben qué necesitas escuchar y cuándo decirlo, para detonar en ti una serie de eventos, los cuales afortunadamente, no podrás detener fácilmente (o sencillamente no puedes detener por más que quisieras).
Me refiero a que anoche soñé con él…
Iniciemos por el principio. Ja. Anoche soñé, o más bien… recuerdo muy bien el sueño de anoche. Mi represión dejó escapar bastante. Sobre todo el final.
Anoche, antes de irme a dormir, re-inicié mi “disfrute” por una serie de televisión que me ha encantado, y que tiene un personaje que me llena de interés. Ya saben, uno siempre se identifica con alguien… sea un personaje ficticio (de libro, de televisión… de lo que sea), con algún presidente (o presidenta) que se niega a ser presa del ataque mundial sensacionalista en contra suya… etc., etc… Entonces, “estaba yo viendo” esta serie que tanto me gusta y disfruto, y resulta que la trama del capítulo trataba (entre otras cosas) de cómo ella era invitada a volver a vivir. Su abuela (que es idéntica a mi recién fallecida abuela), su cuñado y su mayordomo (que en realidad, es su gran y único amigo) hablan con ella, buscando encuentre la fortaleza que necesita para salir adelante y superar la muerte de su esposo. En un diálogo muy lindo, entre dos personajes de la serie, se le invita a “volver al mundo de los vivos”… ella rompe en llanto, y es su amigo quien, con un abrazo, le da la bienvenida de vuelta.
No es así de simple, tanto para un personaje de ficción, como para un ser humano real, dar ese paso. Me pareció lindo, cómo en esa serie, ella pasa de vestir negro riguroso (e inclusive negar se a usar una chalina morada) a usar un vestido (morado) en la última escena del capítulo… me acordé obviamente de Cristina, y de cómo (sin hacer mayor escándalo… un día decidió usar ya una camisa blanca… después de meses de vestir un negro riguroso).
Después me fui a dormir.
Estábamos en la sala de la casa de mi mamá… donde pasamos mucho tiempo… estábamos de lo más amables el uno con el otro, pero era como un encuentro donde yo tenía una última oportunidad de preguntar algo que creo, dejé en el tintero, o cuando lo hice, nadie respondió…
Si en el inconsciente no hay tiempo ni espacio, no hay por qué extrañarse que años después, vengan a mí esas preguntas.
Tal vez sean las preguntas que dejé allá, en “el mundo de los muertos”, antes de darme el valor para volver a vivir… y volver a sonreír platicando con mis amigos (uno de ellos me vio, y sin más ni más… se dirigió a mí y me dio un beso enorme, que me hizo sonreír mucho y abrazarlo aún más)… cargando a mis perros (uno de los cuales ya está muy viejito, pero se ve que me quiere mucho, porque cuando me ve, no se separa de mi)… e inclusive, viendo Pepa Pig con mi sobrina.
Para estas alturas de mi vida, y lo que llevo hablado… sé que soy alguien que deja entrar a su vida ese tipo de “sueños”, para después hablar de ellos, darles un significado, y encajarlos a mi vida.
Envidio –creo- a las personas que pueden ir por la vida sin pensar en el pasado (cuando escribía esta última palabra, mis dedos “resbalaron” para escribir “el pesado”)… o sin hablar con alguien sobre lo que piensan o sienten. Tremendos corajes y cuasi-pleitos he tenido con gente que me importa, cuando éstos me responden: “ya déjalo”… o “ya no pienses en eso, ¿qué ganas?”. Estallo en furia. Después, ya solo, me pregunto cómo pueden ir por la vida navegando con bandera de “yo no pregunto nada, porque no gano nada haciéndolo”. No lo dudo… que “pesada” vida han de llevar esos seres… no va con la mía.
No puede ser nada fácil tampoco tomar ese tipo de decisión ante la vida, y lidiar con una mente “activa”… en pleno siglo XXI.
Diría, mi muy sabia amiga (y que muchas personas –infiero también muy sabias- dicen, parece mi hermana) “y andan por la vida con el pinche vestido al revés”*.
Afortunadamente, ella y yo (y muchos de quienes me rodean), ven “ese vestido al revés” y, más importante aún, lo hablan… aún esto ocurra en un sueño, años después. Aún y cuando la gente “ya te ha dicho”… que lo dejes pasar… “que no ganas nada”.
Despedí a mi amiga en el estacionamiento del aeropuerto (caía tremenda tormenta, y yo me tomé unos minutos de más, así que ya era tarde). Al igual que mi hermana, se ha vuelto una persona muy hábil al abrir su auto, guardar la carriola de su hijo, cargarlo, sonreír y abrazar… al mismo tiempo. De mi familiar (mi mamá) me despedí al abordar el aerotren. A diferencia de enero (en mi anterior visita a la Ciudad), yo me sentía mucho más tranquilo en esta despedida.
Creo que Fabiola y yo… sabíamos, que entre ella y yo, no había …ningún pinche vestido al revés…
*Es necesario ver la película “El Príncipe de las Mareas” y prestar un poco de coraje.
*Hace unos días hablaba con mi jefa, y dije: "es que la gente es muy fresca". Me detuvo (con una leve seña en la mano) y me dijo: "que bonita palabra usas Leo"... Para mis adentros pensé: "claro, la aprendí en Colombia".
(Agradezco, aunque sé que nunca lo sabrán, a Diana Krall y su nuevo disco “Wallflower” el inspirarme a volver a escribir, y a Lady Mary… por invitarme, de nuevo, al mundo de los vivos –tal como ya lo hiciera una vez, mi gran amiga Cristina).

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