(escrito el 1o. de mayo de 2015).
Leo... ¿de qué lado de la cama duermes?
Leo... ¿de qué lado de la cama duermes?
Su
pregunta no me tomó por sorpresa… sino, desprevenido.
Le
respondí a mi amigo Sebastián, que usualmente duermo del lado izquierdo, pero
que últimamente había notado que dormía en el centro de la cama. “Hace tiempo
leí en una revista que, cuando duermes en el centro de la cama, es que estás
listo para recibir a alguien nuevamente… porque si duermes exclusivamente de
un lado, es como si estuvieras esperando a que otra persona llegara… es como si
le estuvieras guardando el lugar”.
No
recuerdo en dónde leí eso… pero estoy seguro que lo leí. Tal vez en una de esas
revistas de avión, donde escribe medio mundo… y en donde nadie se toma la
mínima molestia de corroborar lo que uno lee. Es una foto… es un momento. Lo
que la gente escribe ahí, es solo un momento. Tal vez nada “científico”… nada
que haya pasado por el riguroso método que, inició Kant, en aquel libro (originalmente
cartas) que le escribió a la reina de Holanda… hace ya, unos cuantos cientos de
años.
De
pronto me confundí… pensé en dos personas a quienes les guardo mucho afecto, a
pesar de que no son “tan” cercanos. Tal vez no en “persona”, pero sí en “alma”.
Me enteré que ellos dos, recién, habían conocido a dos personas que les harían
vibrar. Así que cuando le respondí a mi amigo con mi argumento, cuasi
intelectualoide -digno de hipster- (el cual, repito, seguro leí en alguna revista barata), pensé
en ellos.
Pensé
de inmediato que si ellos habían conocido a alguien que los “emocionara”, y yo
estaba durmiendo en el centro de la cama, querría decir (cuasi ipso facto), que yo estaba listo para
conocer a alguien, e invitarlo a mi vida.
¿En
verdad? ¿Por algo tan somero uno puede pensar que “está listo” (cual Bob
Esponja) para compartir su vida con alguien…? ¿Existe una señal para eso…?
No
me atrevería a responder con “conocimiento de causa”, pues hacerlo me
convertiría en uno de esos escritores que publican (efusivamente) en las
revistas de aviones… así que prefiero tomar mi distancia, y pensar que… si me
atreví a decirlo, es porque me atreví a sentirlo.
Últimamente
he sentido que a mis 31 años de edad, de no lograr superar los “fantasmas” que
me persiguen, me quedaré con mi sombra como único acompañante. Me acuerdo que,
en Lima, tuve una larga discusión conmigo mismo, mientras estaba “detenido” por
un enorme embotellamiento en una de las principales avenidas de la capital
peruana (esa avenida donde, de seguirla de frente, llegas a Miraflores… aún
pienso que el chófer del taxi me consideró un loco, pues como acostumbro hablar
conmigo mismo –cosa que algunos califican de hablar solo-, se espantó, y me
dejó 2 calles antes de llegar a mi hotel).
En
verdad no sé si eso sea cierto, pero a veces –creo- las personas nos vemos
“necesitados” de pensar que “tal o cual señal” implica, que algo va a pasar. Ya
saben… dos más dos son cuatro… para todo el mundo. Solo que nadie estudió con
mi maestra, una de mis grandes maestras, que me enseñó que… dos más dos son
cuatro, si Edipo lo permite.
Mi
amigo es un escéptico. Es un incrédulo… él es un ser humano, a quien le tengo
un respeto increíble… Cuando me conoció, yo estaba a punto de ir a vomitar al
baño (el chico con el que yo salía a mis 16 años, me había emborrachado… esa
era la condición para besarme… y yo se la creí –y la cumplió, me besó en el bañó,
mientras un policía golpeaba la puerta para que saliéramos-). Sebastián llegó al lugar donde yo me
encontraba… se reía de “mi peda loca”… pero me la perdonó. Durante años, nos
vimos al menos 1 vez al año, pero… al menos de mi parte (y sé que de él también)
existió un gran respeto y cariño… cosa que fue incrementándose en los últimos 3
años (su cinismo lo llevó a decirme que “me veía muy bien” el día que yo me
enteré, mi ex me iba a terminar… y mi vida sería devastada por aquel tsunami). Pasó por mi al WTC de la Ciudad de México,
me llevó a un café –y luego a mi casa-… y no me dejó solo ni un solo momento,
mientras mi mente me hacía pedazos.
15
años después de “mi peda loca”… Sebastián vino a visitarme 3 semanas a la
capital de Colombia (término que acuñé del chófer de un taxi en El Dorado). Es
un tipo loco, que por alguna locura –la cual no analizaremos acá- aún viste de
traje cuando viaja en avión. Es un tipo loco, que me permitió quedarme solo en Theatron... porque sabe que me gusta bailar solo, y cuando nadie me ve... me gusta más.
Por
muchas razones que solo dos amigos entienden… nos entendemos muy bien.
Tal
vez, por eso le quise decir –o hacer saber- a mi amigo, que estoy bien… que
“duermo en medio de la cama, porque estoy listo…”. Científicamente, nadie lo
sabrá… salvo le pregunten a un escritor de revistas de avión. Seguro él “es el
putas”.
Aunque
al igual que la reina de Holanda con Kant …aunque yo
no haya entendido nada de lo que escribió en sus cartas…
…
con todo el respeto y admiración a Daniel Krause… el único escritor de revistas
de avión que me hizo suspirar (y logró que mis ojos se pusieran rojos).
(Aplausos
histéricos para mi… pues esta es la 1ª. Ocasión en la que escribo una entrada
de mi blog en Mac… y sufrí horrores. En realidad esto es una locura).
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