Nunca
he recibido una postal. A veces, me sorprende verlas en venta, y me pregunto
quién, además de yo (si es que así se debe de escribir), las utiliza.
Fue
en mi segundo viaje, que se debería definir como mi primer viaje absolutamente
solo, cuando decidí empezar a enviar postales.
Decidí
que eso se convertiría en una “tradición”. Misma que se vio truncada por un pésimo sistema de correos a nivel
mundial. De las más de 15 postales que he enviado, solo 5 han llegado a su
destino.
A
veces, tienes toda la intención de contarle a alguien lo bien que la estás
pasando, o decirle por qué te acordaste de él (o ella)… y la vida, lo
logístico, te juega una broma pesada. La historia que quieres, con mucho
entusiasmo, contarle a alguien, no le es informada.
¿Destino…
desgracia… o infortunio? No estoy en condiciones de saberlo, a veces me quedo
en lo superficial. En la emoción de contarle a alguien a quien estimo, un
familiar o un amigo –para mi, lo mismo-, algo que atravesó mi mente en el
momento en el que escribí unas líneas en un cartón que no mide más de 10
centímetros de largo, por mucho menos de ancho.
Hace
unos días, alguien, me escribió algo así como: “nunca me cuentas nada de
ti”.
Lo
tomé a personal. E intenté reflexionar sobre lo último acontecido en mi vida.
Lo primero que sentí fue una evidente lejanía con él… “¿qué se supone que le
debo responder? ¿Me lo preguntará por mero compromiso? ¿Será prudente que le cuente que lo de adoptar un perro va en
serio… que mi vida se volvió una rutina, con ciertos “tropiezos” (como aparecen
definidos en los menús de restaurantes, aquellos adornos en pequeñas
proporciones que acompañan a los platillos) que me causan muchísima
satisfacción…? ¿Sería mejor decirle que me encuentro en unos días donde veo la
tarde pasar, pensando en qué será de mi vida el siguiente año… si debo
renunciar a mi trabajo, si debo esperar a que se acomode todo… si debo
marcharme a Buenos Aires a vivir mi capricho de vida… o si debo pensar
seriamente en volver a México, para evitar que mi familia me vea como un
extraño?
Me
molesta (así, en seco) que me pregunten cómo estoy, y luego no respondan. Que
me dejen en “visto”.
Me
molesta pensar que (yo) acepto, que ese sea el único medio de comunicación con
la gente que quiero… Me molesta, como también me molesta que los conductores en
Bogotá, cuando chocan con otro auto, se nieguen a retirar su auto, aún así
bloqueen el paso a cientos de otros seres humanos detrás de ellos. Me parece
una hijoputez. Me expliquen lo que me quieran explicar; es una hijoputez.
Su
pregunta (la esencia del “cómo estás”)
combinada con reclamo, llegó mientras yo me dirigía a mi casa… el trayecto de
no más de 30 minutos (afrontémoslo, en Bogotá los trayectos son cortos) me
llenó de preguntas e interrogantes.
Desde
pensar que soy mal amigo por mantenerme “a raya” en lo que comunico o no
comunico… en pensar que debo “no extra comunicar” a la gente que no me haya
pedido “extra información”… y que esa, e-s-a, es la forma en como la gente
quiere una amistad hoy en día… en esperar a que pase un año, para verte con tus
amigos, sonreír y decir que todo está “chévere”.
Me
molesta ese tipo de “establishment”.
Cambié
el nombre que pondré a mi perro. En realidad quiero que sea hembra… se llamará
“Almojábana”. Quiero que algo colombiano me acompañe por mucho tiempo.
Me quedé
frío, cuando, al preguntar por un perro en adopción, la mujer que atendía el
lugar, me dijo que pensara bien las cosas… “esto es una decisión a, mínimo, quince años”. (La pronunciación
del “mínimo”, fue remarcado con un clarísimo acento colombiano… que los
colombianos no notan jamás, pero yo sí. Sentí que Andrea Echeverri hablaba
conmigo).
¿Pienso
vivir al menos otros 15 años? –Me pregunté de inmediato-. ¿Acaso quiero eso?
¿Te
ves al espejo de 48 años… con un perro dálmata, colombiano… que se llamaría
Almojábana, junto a ti?
A
veces, cuando escribo postales, quisiera una respuesta igual de eufórica a mi
redacción… quisiera que alguien, mi “contradialogante”
(aquel que dialoga, en posición contraria –físicamente- a mi), respondiera de
forma que me hiciera sentir bien. Contento… y acompañado. Escuchado.
La única
alternativa que se me ocurre al momento, solo llega en figura de 4 patas (y con
motas… siendo perseguido por una mala del cuento, que busca a toda costa
hacerse un abrigo con su piel).
Mis
amigos y familiares (y mi ex), han sido destinatarios de postales desde Turquía,
Polonia, ESLOVEnia, Hungría e Italia… solo han recibido una postal, de las
muchas que les he enviado. Desafortunadamente, no recibieron mis historias del
lado asiático, contadas desde una ciudad maravillosa –y gigante-, como
Estambul… no supieron la historia de Laocoon, la cual me dejó helado, en los
jardines de la Ciudad del Vaticano… Pensé, y quería transmitirle, a mi gran amiga
Fabiola, lo importante que era para la psicología, y el desarrollo del
Psicoanálisis, la historia –ahí plasmada, frente a mis ojos- de la primera
escultura que hablaba de la tragedia… de lo trágico. Jamás la recibió.
Pienso,
hoy… tarde de domingo. Tarde de esos domingos en que sobreviviste a ser
soltero, en tus treinta… gay, expatriado… en una ciudad pequeña, que a veces se
esfuerza demasiado para resultarte atractiva, cuando tú ya piensas en alguien
más… que, de lo poco que estás plenamente seguro, es que no quieres terminar
siendo uno de esos atractivos y neuróticos chicos judíos que protagonizan películas de Woody
Allen.
Y
que sabes que el nombre de tu perrita, que te acompañará los próximos 15 años
(mínimo), te hará sonreír mucho… y te recordará a Usaquén: al grupo que toca
Jazz los domingos… a los helados de Mascarpone con Flat White (y hechizo
perfecto) que te tomas en tu cafetería favorita… y los ventarrones de domingos
por la tarde.
Mientras
todo esto pasa, sabes también, que tus amigos son personas que viven un mundo
distinto al tuyo (y tú, al suyo)… ninguno mejor, o peor… que tienen
expectativas tuyas, que a veces no cumplirás… que a veces los has hecho sentir
abandonados… que no has estado cuando te han necesitado. Y que no te lo dicen,
porque no son tan dramáticos como tú.
Así
son las cosas… y fin. A veces las postales no llegan.
Y
mientras tu crees que esto se debe a que, porque en su momento Purificación
Carpitneyro te caía muy bien, el mundo te castiga… Otros, solo se lo dejan a que
así son las cosas. Forman parte del club de ...las postales que nunca llegaron… Con
historias increíbles por contar.
(en
enero llega Almojábana… ya la conocerán).
*He inventado la palabra (término y como le quieran usar) "Contradialogante". Si algún día la RAE la registra y no me agradece tan destacada creación, será una tragedia (así como el Laocoon... y una hijoputez de su parte, como los conductores que chocan en Bogotá, y se niegan a quitar sus putos y mierderos coches del camino).
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