domingo, 6 de noviembre de 2016

...las postales que nunca llegaron...

(escrito el 06 de noviembre de 2016).


Nunca he recibido una postal. A veces, me sorprende verlas en venta, y me pregunto quién, además de yo (si es que así se debe de escribir), las utiliza.

Fue en mi segundo viaje, que se debería definir como mi primer viaje absolutamente solo, cuando decidí empezar a enviar postales.

Decidí que eso se convertiría en una “tradición”. Misma que se vio truncada por un pésimo sistema de correos a nivel mundial. De las más de 15 postales que he enviado, solo 5 han llegado a su destino.

A veces, tienes toda la intención de contarle a alguien lo bien que la estás pasando, o decirle por qué te acordaste de él (o ella)… y la vida, lo logístico, te juega una broma pesada. La historia que quieres, con mucho entusiasmo, contarle a alguien, no le es informada.

¿Destino… desgracia… o infortunio? No estoy en condiciones de saberlo, a veces me quedo en lo superficial. En la emoción de contarle a alguien a quien estimo, un familiar o un amigo –para mi, lo mismo-, algo que atravesó mi mente en el momento en el que escribí unas líneas en un cartón que no mide más de 10 centímetros de largo, por mucho menos de ancho.

Hace unos días, alguien, me escribió algo así como: “nunca me cuentas nada de ti”.

Lo tomé a personal. E intenté reflexionar sobre lo último acontecido en mi vida. Lo primero que sentí fue una evidente lejanía con él… “¿qué se supone que le debo responder? ¿Me lo preguntará por mero compromiso? ¿Será prudente que le cuente que lo de adoptar un perro va en serio… que mi vida se volvió una rutina, con ciertos “tropiezos” (como aparecen definidos en los menús de restaurantes, aquellos adornos en pequeñas proporciones que acompañan a los platillos) que me causan muchísima satisfacción…? ¿Sería mejor decirle que me encuentro en unos días donde veo la tarde pasar, pensando en qué será de mi vida el siguiente año… si debo renunciar a mi trabajo, si debo esperar a que se acomode todo… si debo marcharme a Buenos Aires a vivir mi capricho de vida… o si debo pensar seriamente en volver a México, para evitar que mi familia me vea como un extraño?

Me molesta (así, en seco) que me pregunten cómo estoy, y luego no respondan. Que me dejen en “visto”.

Me molesta pensar que (yo) acepto, que ese sea el único medio de comunicación con la gente que quiero… Me molesta, como también me molesta que los conductores en Bogotá, cuando chocan con otro auto, se nieguen a retirar su auto, aún así bloqueen el paso a cientos de otros seres humanos detrás de ellos. Me parece una hijoputez. Me expliquen lo que me quieran explicar; es una hijoputez.

Su pregunta (la esencia del “cómo estás”) combinada con reclamo, llegó mientras yo me dirigía a mi casa… el trayecto de no más de 30 minutos (afrontémoslo, en Bogotá los trayectos son cortos) me llenó de preguntas e interrogantes.

Desde pensar que soy mal amigo por mantenerme “a raya” en lo que comunico o no comunico… en pensar que debo “no extra comunicar” a la gente que no me haya pedido “extra información”… y que esa, e-s-a, es la forma en como la gente quiere una amistad hoy en día… en esperar a que pase un año, para verte con tus amigos, sonreír y decir que todo está “chévere”.

Me molesta ese tipo de “establishment”.

Cambié el nombre que pondré a mi perro. En realidad quiero que sea hembra… se llamará “Almojábana”. Quiero que algo colombiano me acompañe por mucho tiempo.

Me quedé frío, cuando, al preguntar por un perro en adopción, la mujer que atendía el lugar, me dijo que pensara bien las cosas… “esto es una decisión a, mínimo, quince años”. (La pronunciación del “mínimo”, fue remarcado con un clarísimo acento colombiano… que los colombianos no notan jamás, pero yo sí. Sentí que Andrea Echeverri hablaba conmigo).

¿Pienso vivir al menos otros 15 años? –Me pregunté de inmediato-. ¿Acaso quiero eso?

¿Te ves al espejo de 48 años… con un perro dálmata, colombiano… que se llamaría Almojábana, junto a ti?

A veces, cuando escribo postales, quisiera una respuesta igual de eufórica a mi redacción… quisiera que alguien, mi “contradialogante” (aquel que dialoga, en posición contraria –físicamente- a mi), respondiera de forma que me hiciera sentir bien. Contento… y acompañado. Escuchado.

La única alternativa que se me ocurre al momento, solo llega en figura de 4 patas (y con motas… siendo perseguido por una mala del cuento, que busca a toda costa hacerse un abrigo con su piel).

Mis amigos y familiares (y mi ex), han sido destinatarios de postales desde Turquía, Polonia, ESLOVEnia, Hungría e Italia… solo han recibido una postal, de las muchas que les he enviado. Desafortunadamente, no recibieron mis historias del lado asiático, contadas desde una ciudad maravillosa –y gigante-, como Estambul… no supieron la historia de Laocoon, la cual me dejó helado, en los jardines de la Ciudad del Vaticano… Pensé, y quería transmitirle, a mi gran amiga Fabiola, lo importante que era para la psicología, y el desarrollo del Psicoanálisis, la historia –ahí plasmada, frente a mis ojos- de la primera escultura que hablaba de la tragedia… de lo trágico. Jamás la recibió.

Pienso, hoy… tarde de domingo. Tarde de esos domingos en que sobreviviste a ser soltero, en tus treinta… gay, expatriado… en una ciudad pequeña, que a veces se esfuerza demasiado para resultarte atractiva, cuando tú ya piensas en alguien más… que, de lo poco que estás plenamente seguro, es que no quieres terminar siendo uno de esos atractivos y neuróticos chicos judíos que protagonizan películas de Woody Allen.

Y que sabes que el nombre de tu perrita, que te acompañará los próximos 15 años (mínimo), te hará sonreír mucho… y te recordará a Usaquén: al grupo que toca Jazz los domingos… a los helados de Mascarpone con Flat White (y hechizo perfecto) que te tomas en tu cafetería favorita… y los ventarrones de domingos por la tarde.

Mientras todo esto pasa, sabes también, que tus amigos son personas que viven un mundo distinto al tuyo (y tú, al suyo)… ninguno mejor, o peor… que tienen expectativas tuyas, que a veces no cumplirás… que a veces los has hecho sentir abandonados… que no has estado cuando te han necesitado. Y que no te lo dicen, porque no son tan dramáticos como tú.

Así son las cosas… y fin. A veces las postales no llegan.

Y mientras tu crees que esto se debe a que, porque en su momento Purificación Carpitneyro te caía muy bien, el mundo te castiga… Otros, solo se lo dejan a que así son las cosas. Forman parte del club  de ...las postales que nunca llegaron… Con historias increíbles por contar.

(en enero llega Almojábana… ya la conocerán).

*He inventado la palabra (término y como le quieran usar) "Contradialogante". Si algún día la RAE la registra y no me agradece tan destacada creación, será una tragedia (así como el Laocoon... y una hijoputez de su parte, como los conductores que chocan en Bogotá, y se niegan a quitar sus putos  y mierderos coches del camino). 




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