jueves, 12 de enero de 2017

...porque te quiero Leo...

“¿Por qué?”

A pesar de ser una pregunta que hacemos una buena cantidad de veces por día, en ocasiones, resuena en nuestra cabeza. Hace eco… hace ruido. Y si no haces caso a explorar (a responder), haciendo un buen ejercicio de introspección y análisis, pierdes una oportunidad de oro de encontrar algo que está queriendo comunicarse contigo.

Así que, por mi parte… estoy contento (y agradecido) con una persona que un día, creo que fue en noviembre, me preguntó “por qué” había tomado una decisión, que les compartí casualmente… en una conversación de elevador.

Le comenté que, un propósito personal el año pasado, había sido no viajar a México durante un año… dejar que el tiempo pasara, y no aferrarme a tener que ir “a cada rato”, pues tenía muchas cosas que ver por otras partes del mundo, y porque quería demostrarme que yo era capaz de mantenerme bien sin tener que estar usando a la Ciudad, a mis amigos… o mi familia, casi con la misma función que un objeto transicional. Ella no se enteró de esto último, que fue reservado “para mis adentros”… como un importante pie de página.

Su respuesta fue un: “ah bueno, pues, mirá, si te sirve… bien”.  La escena terminó ahí, atestiguada por un tercero que, siempre que escucha una conversación entre otros, sonríe y complementa con un comentario con intensión positiva…

El por qué, retumbó en mis centros la tierra. Esa tarde me quedé pensando, casi mudo cuál era el resultado de mi propósito… y llegué a la conclusión de que no lo sabría hasta que llegaran mis vacaciones y viajara a México. Y así fue…

Mi madre y mi sobrina me esperaban en el aeropuerto… jugando junto a una maceta enorme color amarillo. Mi sobrina, al verme, quiso correr para abrazarme, pero esos ataques de pena que les dan a los niños, la hizo detenerse y correr más bien, para abrazar a su abuela, que me recibía con un abrazo. Diana, mi sobrina, acapararía la conversación en el taxi que nos llevaba a la casa… un tema importante para ella, era decirme que su mamá le había comprado el vestido tan bonito que estaba usando ese día (mi mamá me diría después que Diana insistía en ir de vestido a recibirme), y que los Converse eran iguales a unos que también tiene mi hermana (su mamá)… de ahí saltó a darme un estatus del comportamiento de los perros, y decirme que mi perro consentido, está ya muy viejito, se orina en todos lados y la hace enojar mucho.

A lo largo de las siguientes dos semanas, sería testigo de muchos pleitos entre un perro salchicha sumamente viejo, que casi no ve y no tiene dientes, y una niña (mi sobrina) que lo usa de excusa para enojarse y pelearse con la existencia.

El segundo día me sentí fuera de lugar… por un lado sentía que no había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuve ahí… fue raro. Pero no le di mucha importancia, y seguí el plan que llevaba. Ir a comprar un regalo para mi sobrina. Esa tarde empecé a notar que la Ciudad en la que crecí, y que es uno de mis más grandes amores, ha cambiado. Descubrí que se me olvidaron nombres de calles, que restaurantes que me encantaban ya no existen, una saturación de centros comerciales donde antes había nada… y una onda de calor que me pareció imposible en esa época del año.

Vi a mis amigos, en momentos y lugares diferentes… y volví a sentir que no había pasado tanto… pero al mismo tiempo, notaba cosas diferentes. Y escuchaba aquellas cosas que me hacían recordar por qué somos amigos.

Por qué nos queremos tanto.

Me sentí invitado, me sentí… extranjero.

El 25 de diciembre decidí tomar acciones al respecto. Regresar a mi espacio, tomar energía. Hice el recorrido que muchísimas veces realicé viviendo ahí… caminé por todo Reforma… una avenida casi vacía (por el importante feriado religioso) dejaba ver que todo sigue ahí, pero diferente. Y que el diferente, también… soy yo. Todo sigue en mi, pero diferente.

Durante dos semanas pude ser el amigo, el conocido… el compañero de trabajo, el hijo, hermano y tío (incluso hasta el humano de mis perros) que ellos recuerdan.  Me dio mucho (mucho en verdad) ver a gente que hace demasiado tiempo no veía.  

Descubrí que el aprecio que hay entre nosotros, no ha desaparecido… me invitaron a sus casas a tomar Gin & tónicas con cardamomo, mientras escuchábamos a The Kooks y hablábamos del pasado, el presente y el futuro. Comí rosca de reyes con chocolate casero (delicioso), y me enteré de las travesías de un amigo y su familia en su viaje al otro lado del planeta… Comí Rancheritos a montón en una cena (reunión) con amigos que, hace mucho tiempo, no faltaban a reuniones en mi casa donde en vez de Rancheritos, les daba papas baratas (y aún no me lo perdonan)… visité un restaurante que era clásico de mi infancia… y comí la misma sopa que mis abuelos tanto disfrutaban (la sopa Luz) y una hamburguesa alemana con papas a la vinagreta que, desde que tengo 7 años, me hace feliz… me enteré que la vía que rodea el Lago de Chapultepec no se llama El Sope, como yo creía… sino que El Sope está detrás, y al parecer es una vía muy bien plantada para corredores… el hijo de mi mejor amiga, me hacía sonidos de “rrrrrauuuuurrrr” mientras me mostraba a su dinosaurio de juguete, y vi que su mirada, es exactamente la misma a la que tiene Fabiola… me dio muchísimo gusto comer unos tacos gobernador, mientras escuchábamos la canción “Hoy Quiero Chupar” un amigo y yo… Después de eso, fuimos por un café al lugar que yo visitaba –siempre, religiosamente- antes de ir a psicoanálisis (creo que el dueño me reconoció).  Mis perros y yo corrimos por toda la calle, Salchichudo ya muy pausado, pero con entusiasmo… y Juana, con más entusiasmo que reparo por su tío ya muy viejito (es normal, Juana es de Torreón, y Salchicha de la Gran Ciudad)… me tomé unas copas de vino en El Palacio de los Palacios… y me comí unos montaditos junto a una señora que, además de llamarlos insistentemente "tortitas", tenía una competencia clara por ser la campeona universal en romper dietas… Me llevaron a un bar absolutamente “diferente” en la Zona Rosa, al que entras bajando unas escaleras subterráneas (no sé si sea pleonasmo esto último…) y donde me explicaron, “se ve tiene mucha producción… porque si te fijas, el diseño tiene patrón en todo”, en el menú, en las cortinas, en el techo, en todo… me comí una torta de bacalao y una tostada de Marlin en La Cervecería, mientras la copia de la Fuente de las Cibeles (regalo de la comunidad madrileña a la Ciudad de México) nos observaba… Fui (con toda mi familia) a uno de los restaurantes más pretenciosos (y deliciosos) de la Colonia Roma (que lleva el nombre de un color, y un estado mexicano)… y mi sobrina puede presumir que le prepararon un menú especial, único para ella… y casi me explota el páncreas al reírme a carcajadas locas cuando fui con mis compañeros de trabajo a tomar unas margaritas… tan de buenas estábamos, que saludamos telefónicamente a un buen amigo en Australia.

El resumen de mis vacaciones, está en los abrazos, las historias, las canciones, las miradas… y las muchas veces que escuché la expresión: “te quiero Leo”.

Cuando volaba de vuelta a Bogotá, llegué a la conclusión de que ésa es la mejor respuesta que pude haber dado a la pregunta de “por qué” …porque te quiero Leo… Y saber, que es mutuo. 

¡Feliz año!


(y ya en Bogotá, alguien me esperaba en el Aeropuerto… a la 1 de la madrugada, y cuando me dio un beso, me dijo: “¡te extrañé!”).

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