sábado, 27 de abril de 2013

...del por qué los mexicanos no hablamos en húngaro...

(escrito el 28 de abril de 2013)

La semana pasada parecía todo estar muy claro. En especial el sábado.

Atravesé por “esos momentos” en los cuales tienes una serie de descubrimientos ante los que te quedas perplejo. Uno de ellos, fue el considerar (casi asegurar) que no había podido enfrentar de lleno la muerte de alguien a quien quise mucho. Por más que hubiera tenido la oportunidad de despedirme de él, su muerte me afectó. Comencé una intempestiva y casi compulsiva rutina de negación y distracción fácil. Cogía con todos, y con todo.

El final a esto vino hace dos semanas, cuando hablando con alguien que intermitentemente se aparece en mi vida, y cada que lo hace noto mayor amabilidad en su persona, me preguntó por el… yo le dije que había muerto, y como tal vez es natural (y más natural después de haber tomado alcohol) solté a llorar… le dije, a este personaje intermitente, cuánto lo extraño y lo que su muerte me hizo sentir…

Esa plática la tuvimos mientras nos dirigíamos a casa de Miguel. Esa noche, no era una noche común, o por lo menos, una como las que he tenido desde el pasado enero, cuando Mike se fue del Distrito Federal. Miguel se encontraba aquí, en el D.F. y por esa noche, todos “jugaríamos” a que “todo seguía igual”…

Me encontré a mi amigo muy contento… y en un momento que tuvimos él y yo, en medio de los gritos, las cervezas, el vodka y lo demás… hablamos. Me preguntó cómo estaba yo, me dijo cómo estaba él… comentamos lo que había pasado en mi reciente visita a la ciudad donde actualmente vive… y extrañamente, lo vi muy conmovido. Le dije, bromeando: “Miguel, ahora tú eres yo… eres el sentimental”… reímos. Nos abrazamos… éramos de nuevo dos amigos queriéndose… encontrándose… y riéndose.

Unos días después tenía claro que quería seguir con un poco de introspección en mi vida. Viendo una película un tanto cuanto infantil… no pude evitar “quebrarme”… término que uso cada que lloro sin control. En ese momento hice algo que no me había atrevido a hacer. Miré la única fotografía que él y no nos tomamos, y que había puesto sobre un espejo que está en mi habitación. En esa fotografía, los dos sonreímos mucho. Había sido un buen día, importante para mí, porque le presenté a Miguel. Fuimos a comer a un lugar que me gusta mucho, y comimos muy rico… y reímos. El se veía muy guapo. Y su sonrisa lo hacía mucho más guapo. Mientras sostenía la fotografía recordé eso… su sonrisa, y lo que me causaba verla… Lo feliz que me hacía verlo sonreír. Y la última vez que salimos… ahora que lo pienso, sonreía con dolor. Se sentía muy mal.

Hablé con él, llorando… y sin más ni más… le pedí disculpas, por no haber podido “sobrellevar” su muerte como tal vez el hubiera querido…

Incluso, me siento mal y un poco culpable por no haber ido a ver, en todo este tiempo, a su mamá… quien durante todo el tiempo que estuvo hospitalizado, se portó muy linda conmigo.

Al día siguiente, logré terminar de leer un libro que tenía detenido, señal de que una buena energía pasaba por mi momento del día… sonreí cuando eso pasó… Esa sensación, esa descarga de adrenalina que pasa por tu cuerpo cuando llegas a la última página del libro… cuando ves que sólo le quedan unas líneas a esa historia que alguien te está contando… cuando ese personaje, de quien tú eres confidente, está a punto de decirte adiós… esa adrenalina me encanta.

Salí a caminar… noté lo bonito que puedes ver las cosas que normalmente ves y que te rodean, si las miras desde una perspectiva distinta… Son momentos que debes aprovechar, porque son momentos. No duran para toda la vida.

Esa noche, de sábado… sucedió lo que tal vez debía suceder.

Tuve un sueño. Aunque si nos apegamos a que siempre soñamos, debería decir, esa noche recordé mi sueño. Entre los personajes se encontraba mi psicoanalista. Una mujer judía. Tal vez eso último suene extraño, pero en una ocasión, yo hablando de un tema en cuestión, entre lo que surgió fue un comentario de su parte diciéndome: “usted sabe que yo soy una mujer judía”.

Desperté de golpe. Asocié un viaje a Hungría –a Budapest- donde vi en una pared de la sinagoga de ésa ciudad, un apellido similar al de ella (Weiss), cosa que le mencioné cuando volví (siempre supuse que su apellido es compuesto, como según entiendo, muchos apellidos judíos son). Acompañaba a mi anécdota, el hecho de que quien me hubiera dado el recorrido turístico ahí, fuera una mujer con un enorme –desde mi punto de vista- parecido físico a “la doctora”… Le pregunté si ella –o sus orígenes- se encontraban en Hungría. Nunca respondió (nada raro).

Cuando Luis Ricardo falleció, tomé una amarga decisión. Puse en “jaque” (tal como yo definí) mi situación económica, comprando un boleto a un destino bastante lejano, porque se me antojó… y porque decidía volver a viajar “lejos”… El boleto según yo (y sigo sosteniéndolo) era una ganga… pero el sacrificio que implica poder pagar el resto del viaje incluía, entre otras cosas, suspender mi psicoanálisis. Fueron 6 sesiones más.

El “no se puede ir así… usted no está bien” fue determinante. El “no me importa… no quiero seguir con esto… es muy doloroso”, también.

Se hablaron de algunas últimas cosas… que evidentemente quedarían en el tintero… sobre todo mi “casi” imposible trámite ante los duelos…

La decisión de Carlos de terminar nuestra relación, y mi implicación en ello… la muerte de mi padre, y mi abandono hacia él… la partida de Miguel a otra ciudad, y la amistad que era más que evidente, es el único pilar que me sostiene cuerdo… y ahora la muerte Luis Ricardo.

Vaya a donde vaya… toda mi historia irá conmigo…

Vaya a donde vaya… mi mente habla en español…

Pero a veces… el lenguaje entra en problemas, y no entiendo nada. “Y eso me gusta”… me gusta no entender… me gusta no saber qué dicen, ni saber qué dice un letrero o un aviso… me gusta no saber… “me gusta no hablar”.

Frase CATACLÍSMICA en una persona que por años se ha acostado en un diván a decir lo que le cruza por la cabeza…

El no hablar en psicoanálisis, por no querer explorar algún tema… no “querer saber”… es casi un volver a repetir aquello que le aqueja, más que asegurado.

El hacerme víctima por mucho tiempo, el no aceptar o reconocer mi responsabilidad en muchos de mis actos… el saberme solo, y por qué mi soledad me lleva directamente a una asociación con mis “modelos” de vida (mi padre y mi madre), son temas que sin duda, me acompañarán en cualquiera de mis viajes y en cualquier idioma.

“Tal vez sea por eso que usted se identifica con una mujer judía”. “Tal vez por eso es que se identifica con la víctima”.

Y me quedé callado.

Ya no dije más… al igual que no dije nada cuando ella dijo, con un tono de voz enfático: “usted sabía que él iba a morir… ¡el estaba enfermo!”…

Fue distinto de la primera vez que lo escuché… aún recuerdo su tono de voz diciéndome “él se va a morir, y muy pronto”. En esa ocasión… todavía intenté negarlo. Diciéndole que no, que ella se equivocaba… que él estaría bien. Que él saldría del hospital y estaría bien.

Anoche soné con Luis Ricardo… era su funeral… y por un momento cobraba vida y alguien tenía que matarlo. Yo sufría mucho… gritaba y lloraba. Y lo veía muerto. La imagen era aterradora.

De pronto, su cuerpo… todo él… se parecía a mi padre.

Y desperté.

Y di gracias… pensé que había tenido un terrible sueño. Fue lo primero que dije: “que sueño tan horrendo”. Miré el reloj, eran las 06:08am…

Intenté dormir un poco más.

Recuperé la idea de que mi vida no es tan sencilla… de que lo difícil no ha pasado… volví a pensar …del por qué los mexicanos no hablamos en húngaro…

Porque personas como yo, no tendrían cómo complicarse más la vida.

domingo, 31 de marzo de 2013

...se llama el juego...

(escrito el domingo 31 de marzo del 2013).

“Tranquilidad… se llama el juego”. Esa era la frase que continuamente una ex compañera de trabajo decía, cuando las cosas se ponían tensas, o cuando me veía nervioso.

Era mi primer trabajo “grande”, en una empresa “enorme”… de esas empresas en donde las áreas (o departamentos internos) se hacen llamar en inglés, con acrónimos a veces difíciles de recordar. Yo, muchas veces, me ponía nervioso. Ella, sabía jugar su juego.

Las cosas no me han salido del todo bien en las últimas semanas.

Hace unos días, incluso me molesté, por recibir una devolución de mi analista, en la que me decía (casi en tono de oráculo): “los actos que usted está haciendo, pueden poner en serio riesgo su salud… y su vida –además de otras cosas-“.

Soy alguien que, desde hace mucho tiempo, dejó de creer en el destino. No puedo concebir que haya algo “escrito” y que no podamos movernos de ahí… eso me parece casi una tragedia griega. Intento muchas ocasiones, ver en dónde está el error o la acción que me llevó al lugar donde estoy; sea bueno o malo.

Tampoco soy alguien religioso, que de para bien la voluntad del Dios al que confíe –y agradezca- mi existencia… es más, siendo honestos, me parece un poco espantoso ese pensamiento… “si Dios lo quiso así, así será”… Casi puedo escuchar a mi abuela diciéndolo, y yo casi puedo ver mi rostro enfadándose y ver a mi padre sonriendo sarcástico…

Desde hace semanas no me he sentido en mi mejor momento para tomar decisiones; y sin embargo… las tomé.

Mi afán por “conocer gente” y pensar que tal vez así pueda ampliar mi círculo social… o encontrar a alguien dispuesto a arriesgar-se en un compromiso conmigo… es la mayor de las falacias que me construí, y en la cual decidí creer… y cuando conocí a alguien con quien me involucré, no pude ver la magnitud de la decisión que estaba tomando. Hasta que asistí a su funeral, y su mamá al despedirse de mí, se acercó y en voz baja me dijo: “Leo… cuídate”.

Mi analista elevó en esa ocasión el tono de voz: “usted sabía que iba a morir”… “usted se involucró como hacía mucho no lo hacía…”… “usted así lo decidió…”

Mi mente se defendió… “aléjate”.

Y estaba tan alejado (o no sé si decir estoy) que ni para leer he “estado”. Todo lo que abro y leo me parece lejano, insuficiente, poco interesante… poco ligado a mí. Inclusive, “poco arriesgado”.

Pienso, parece que únicamente en mí… en él… y en el otro que también se fue –el que no murió… pero sí logró que una parte mía muriera-.

Y entonces sucedió (así como decía Kevin Arnold). Mi nuevo profesor (Juan, un chico de 21 años que juega al tenis desde los 8) me dijo: “va, te tiro un revés al fondo”… y brinqué, doblé la rodilla y puse la raqueta en posición (logré ver ese punto débil que debes ver en tu contrincante para devolver la pelota. Debía ser un revés cruzado). Algo no funcionó, algo no “fue” como “debía ser”… mi pié izquierdo se dobló y caí al piso. El dolor fue demasiado elevado. Grité, maldije… casi lloré…

Por la noche, en el hospital, el médico (un idiota por cierto) se burlaba sarcásticamente de mi poco umbral de dolor, porque según él, un esguince de 1er. grado, no justifica una visita a un hospital. También se burló de mi desmayo causado por mezclar una pastilla contra el dolor con un merlot de Mendoza…

Por la noche, con mi pie vendado, vino a mi mente la frase: “pueden poner en riesgo su salud… y su vida”.

También pensé en él, cuando me confió qué había pasado ese día. “Yo pienso Leo, que cuando uno busca algo, lo encuentra…” (recuerdo que bajó la mirada, y sonrió de la forma en lo que lo hacía… se puso triste…).

Pienso que las decisiones que he tomado me pueden llevar a un severo conflicto con mi existencia, y no sólo con mi existencia futura (si es que…) sino con mi presente, y en ambas la situación se complicaría y MUCHO.

Las falacias en las cuales creí, deben convertirse en eso, y dejar (yo) de pensar que son “realidades”. Recuerdan ustedes al “Sr. Falacia” (¿vieron la serie Ángeles en América?). Una vez, hablé de eso en el diván… me reí: “era un negro doctora, el Sr. Falacia era un negro, un tipo “Pimp”… era EL Pimp… ya sabe, recargado, seductor, mascando chicle… y le preguntaba a la chica, cuyo nombre no recuerdo (ni ahora) a dónde quieres ir nena… ella le respondía, sáqueme de aquí Sr. Falacia… lléveme… al polo norte”.

Las decisiones que tomé, están mal tomadas… ahora, debo decidir qué hacer con ellas.

Y para eso debo recordar que: “tranquilidad …se llama el juego…”

domingo, 10 de febrero de 2013

…saber que estaba ahí…

Luis y yo nos conocimos, físicamente, la tarde de un sábado. Llegó a mi casa, vestido de jeans y una playera negra… y portando esa sonrisa, que enmarcaría nuestra historia.
Durante las siguientes horas, no pararíamos de platicar, rodeados de café… y un sándwich. También sé, que fue ésa sonrisa, la que me llevó a besarlo… muchas veces.
Esa noche le pedí que fuera mi novio… él, demostrándome (no por primera, sino por enésima ocasión) su enorme madurez, pidió ir más despacio. Acordamos conocernos… más.
Durante los siguientes meses, Luis y yo nos vimos muchas veces… muchas en cafés, muchas en restaurantes… muchas más en la casa donde vivo. Mi recámara se convirtió en un lugar donde hablábamos por horas. Mi recámara se convirtió en el lugar donde lo conocí… platicamos, reímos… también lloramos y discutimos.
Cuando le pedí conocer a mis amigos, sonrió  y fue a la cita un tanto nervioso. Ese día, particularmente, se veía sumamente atractivo, y olía delicioso. Noté de inmediato que se había puesto más perfume (loción, colonia… como gusten) del que normalmente se ponía, y no me molestó, porque me encantaba ese aroma.
Fuimos al cumpleaños de mi amigo Miguel… Sentados, juntos, en repetidas ocasiones nos dimos la mano… le acariciaba la pierna… nos sonreíamos con nuestra mirada cómplice. Esa noche me trajo a casa. Era un martes o un jueves, no recuerdo… En su auto, me entregó un regalo, que me mira todas las noches. Un muñeco de peluche. Por más infantil que pueda parecer, ese gesto me conmovió muchísimo… notaba que él y yo habíamos pasado la barrera de conocernos, a querernos. Luis me dijo que notó mi expresión cuando abrí el regalo. La voz se me cortó… situación nada nueva en mí, porque tan sentimental soy, que se me corta como 2 veces a la semana… mínimo. Él sacó una botella de perfume, y roció el peluche.  “Con éste perfume me conociste… “. Nos besamos… sonreí. Lo quería. Me quería. NOS queríamos.
Mi intensión aquí, no es hacer un resumen de cómo fue “nuestra historia”. Mi intensión es “honrar” la memoria de alguien que, definitivamente, intervino en mi vida de forma abrumadora.
Desde hacía mucho (mucho) no sentía algo así por alguien…  
Desde hacía mucho, no le hacía el amor a alguien…
Desafortunadamente, ese “velo” que causa sentir esa avalancha se sentimientos por alguien, no me permitió ver –al menos en ese momento- qué estaba pasando. Su cuerpo se estaba apagando.
Cuando recibí la llamada de su mamá, a quien amorosamente Luis llamaba por su primer nombre, diciéndome que había muerto, yo llevaba días suponiendo que eso ocurriría. El golpe fue fatal, al momento de entrar a la funeraria y …saber que estaba ahí… en ese ataúd al cual, no me atrevía a acercarme.
Me siento muy  triste, de pensar muchas cosas… que no volveré a escuchar su voz… que no volveré a escuchar esas frases tan pegajosas y lindas que decía… que no volveré a ver su sonrisa, o a sentir sus caricias… o a sentir sus besos. Que nos separamos…
Que la vida nos separó.
No voy a decir que “tal vez Luis y yo hubiéramos sido tal o cual cosa…” porque al final del día, Luis y yo fuimos algo.
Algo.
 ¿Qué? En realidad… a nadie le importa… sólo sé que fue algo hermoso… que afortunadamente tuve la oportunidad de vivir.
Luis falleció a la edad de 22 años… unos días antes de cumplir 23.
Esto es solo un mínimo homenaje… a alguien que me leía… y me quería.
A alguien, que nunca olvidaré.

lunes, 31 de diciembre de 2012

...wow, un planetota...

Queridos amigos... 

Por alguna extraña razón "no tuve tiempo" de escribir mi ya casi tradicional correo, donde les confiero no otra cosa, que no sea mucha felicidad... Así que decidí tomar el teclado de mi iPad, el cual es un insulto para escribir, porque tengo que escribir "de a dedito", cuando yo sé usar 10 dedos de ambas manos para escribir a más de 80 golpes por minuto, para escribírselos.

Como ya también es casi una tradición, iniciaré diciéndoles que no haré un recuento de mi año... Y como también es una tradición ya, comenzaré por hacerlo... Solo que de manera diferente. 

Este año, en enero... Conocí a alguien, cuya personalidad me pudo encantar. Lo mejor fue haber tenido la oportunidad de viajar con ella a Mazatlán a Tokio, a Paris... A muchísimas ciudades donde Karen Nieto, La Mujer que Buceó dentro del Corazón del Mundo, llevó su gran idea de crear un mecanismo para la reproducción de atunes premuim... Y tener su primer orgasmo en un baño de un hotel en Japón. 

En febrero... Viajé de nuevo a Buenos Aires. La ciudad mágica, la ciudad que me apasiona, que me recuerda tanto a Carlos. En esta ocasión, fui no sólo a la ciudad porteña, sino también a la casa de Néstor y Cristina en la sureñísima ciudad de Río Gallegos, donde dicen que el viento ártico cala los huesos... A unos 500 kilómetros continentales de las Islas Malvinas. Ahí fue donde conocí a La Presidenta, Historia de una Vida... Y me encantó saber que, de ahí, del corazón de la gente, es de donde saca la fuerza Cristina. 

El 1o. De Marzo, lo que había temido por mucho tiempo, ocurrió. El corazón de mi padre se detuvo en punto de las 6:05 de la tarde... Su despedida fue discreta... Su vida, y el impacto que tuvo -y tiene- en la mía, no lo es...

En abril viajé a Corea del Norte... Ese viaje, se los juro, que me impactó... Me dejó helado... Conocer a la señora Ho, y saber tanto, tantísimo de su vida... Del cómo murió su esposo, en la gran hambruna que azotó a ese país en los 90tas, me hace pensar en ella cada que como un plato de arroz. El asunto NO es menor... Conocer al Querido Líder, Vivir en Corea del Norte, me dejó pensando meses... Meses.

Mayo dejó ver cómo la vida siempre se abre camino... Llegó al mundo Diana Paula, mi sobrina, quien como saben, creo se enamoró de algún médico, porque durante mayo, junio y julio, Diana estuvo hospitalizada más de 1 mes y medio... Hoy es una niña sana, y llora si no la cargas... Le estoy enseñando a cantar tangos... En silencio le susurro: "nací en un barrio donde el lujo fue un albur, por eso tengo el corazón mirando al sur"...

Y llegó agosto y el vuelo salió una hora tarde. Junto a mi, Kevin, me recordó el porqué estudié psicología... Ahí, a 36,000 pies de altura sobre el océano atlántico, Kevin me habló de sus ataques de pánico... Y de lo que le ocurría cuando pensaba que su novia lo dejaba. Kevin -que obvio no se llama Kevin- se despidió de mi en el aeropuerto madrileño de Barajas... Lo último que supe de él, es que comía en Brujas, auténticos chocolates Belgas. Junto a su novia.

Y llegó Hungría. Y llegó Budapest... Y re descubrí un motivo adicional para vivir... "Mathias ha muerto... ¡Y también murió la justicia!"...

Y llegó Polonia... Y sonreí en Cracovia... Y lloré en Auschwitz... Y canté y bailé en Varsovia... Y me enteré por qué los polacos quieren tanto al mexicano... En ese bar tan raro al que Kuba, un director de cine, me llevó casi a fuerzas... Polonia, me regresó a la vida... Así como ellos lo lograron, hace 73 años.

Y llegó septiembre... Y dos conocidos se burlaron de la causa judía... Y decidí alejarme de ellos. "Leonardo... ¡Nunca olvides!"

Y en octubre me operaron... Y tuve tanto miedo... Que neta parecía maricón. Miguel, mi mejor amigo... Y uno de los seres humanos a quien más quiero, me demostró -una vez más- que hay gente que me quiere... Y mucho. Cuando me pusieron el sedante y mi cuerpo se dormía, vi la luz de la mesa del quirófano, la cual se veía roja- y dije: "...wow, un planetota...". Lo último que pensé fue que todo se veía más divertido en Dr. House.

Y llegó noviembre... Y El Año con Shopenhauer no me caló. Y me di cuenta qué tan sola está mi vida...

Y llegó diciembre. Y Miguel se va... Y como despedida, me abrazó de la forma más extraña... Más linda... Y Navidad me aburre... Y decidí viajar de nuevo a La Ciudad que el Diablo se Llevó, y por ésta noche, y hasta que alguien compruebe lo contrario, también ser inmortal. Como, Feliks, Kasimericz, Liudwik y San Eugenio de Varsovia...

Así que, como ven, mi año tuvo de todo... Lágrimas, risas, pañales, féretros... Libros, vino, pasaportes, ciudades, dumplings (yummy), vinos rosados húngaros, helados, pasteles, tangos... cogidas, besos... Y abrazos -algunos, de esos que te duran toda la vida-.

Así que (again)... De verdad, ¡Neta! Que espero que el siguiente año... Ustedes, estén ahí...

Bárbaro 2013...!

domingo, 11 de noviembre de 2012

...tal vez así debería quedar, roto...

(Escrito el 11 de noviembre)

A Miguel…

Últimamente mi vida ha visto llegar a nuevas personas… personas a quien yo busco por mi creencia de que “debo” (del maldito deber ser) ampliar mi círculo social… Esta idea me ha dado vueltas desde hace ya mucho tiempo… años para ser más exactos.

Hace 2 años maldecía porque un seis de enero no recibí ninguna invitación a partir una tradicional “rosca de reyes” (y quienes me conocen, saben que no soy muy dado a participar en esos rituales… pero es más el ser partícipe de un grupo, el “pertenecer a…”).

Es evidente que desde el año pasado, cuando vino la “tortuosa” separación, mi “idea genial” de “conocer a personas” se incrementó. Pero… ¿en dónde conoce uno a personas hoy en día? En nuestro momento como sociedad, donde existen aplicaciones tecnológicas que nos indican a qué distancia está un similar, y sus gustos… en un momento social donde lo visual nos provoca y debemos entrar a crear un escaparate, lo suficientemente atractivo… para después dar el siguiente paso, y usar oooootra aplicación de mensajes cortos, donde la mayoría de la gente escribe mal…

Todo se resume… a resumir… todo debe ser breve… corto… directo… “sin malos rollos”… honesto… y “buen plan”.

Cuando se rompe la regla de no ser breve, la gran mayoría de las personas salen (y a veces me incluyo) huyendo, porque la otra persona “se mostró”, y no precisamente en fotografía… se mostró en sentimiento y habló. Hablaba el otro día en el diván que… había conocido a “alguien” que me había fascinado porque había “hablado”… porque se había jugado, porque había expresado qué le gustaba y que sentía y… qué temía. Yo me encontraba fascinado, porque habrán de saber, que la forma en que me es fácil ser seducido, es por el oído… me encanta escuchar… saber… y que eso me lleve a pensar, a re-pensar… y entonces hablo yo.

En todo este tiempo (más de un año ya) he conocido a mucha gente… personas lindas que recién terminaron otra relación de varios años (algunos casos tormentosas… otras no)… gente que nunca ha tenido una relación –ni consigo mismos-… gente al que besar cuando están teniendo relaciones sexuales, cuando están cogiendo, les resulta lo más “imprudente”… “lo más”. Y se molestan… y se van. Gente que no habla… que no vive…

Y gente que padece. Algunos enfermedades… algunos miedos… algunos soledad… otros, tristeza…

Y entre ellos. Me encuentro yo. Entre ellos, nos encontramos todos. Y no lo digo con este cliché cuasi feminista de “cuando golpean a una nos golpean a todas”. Lo digo y lo pienso desde el punto de vista de que la tecnología nos funcionó de cierta forma para acercarnos… y nos ha alejado demasiado.

Lo que me preocupa… es que podemos (o puedo) culpar a “lo tecnológico” como responsable de esto que acontece… pero en realidad es un síntoma de un momento social donde el relacionarse con el otro, (en minúscula…) da pánico, porque ni siquiera nos sabemos relacionar con nosotros mismos.

Tengo que ser honesto… y decir que estoy cansado de estar solo. Me atormento con una melancolía freudiana… me ataco… sangro… y duele. Y se siente feo…

Pero me aterra que “vuelva a ocurrir lo mismo”… que me destruyan en un segundo la vida… y sea la mejor razón para decir: “quiero conocer el mundo”… y allá, en los lugares más lejanos de mi casa, donde nadie conoce mi vida… donde nadie sabe mi historia, y no veo esas miradas de: “pobrecillo”… ahí, sentir que respiro tranquilo, pero también sentirme solo. Y ahí, además, no sé si se están “jugando” o no… porque no entiendo ni siquiera el idioma.

En una de las sesiones de psicoanálisis que le siguieron a la ruptura de la relación sentimental en la que estuve involucrado por poco más de 5 años, estallé… exploté llorando, y entre pasión y enojo grité que nunca más me dejaría coger por alguien, que nadie me haría de nuevo lo que me había hecho él, en término de dolor…

Dije –de una forma altanera, y tal vez muy romántica- que si me habían roto el corazón …tal vez así debería quedar, roto…

Un año después de que esa relación se terminara, decidí viajar a una ciudad un tanto fuera de lo común, al menos turísticamente hablando para los habitantes del Occidente… y más de Latinoamérica. Había leído meses atrás una fascinante historia que, ignoraba por completo. Me enteré que en Varsovia habían tenido que reconstruir el centro de la ciudad vieja… porque fue absolutamente destruida –como casi toda la ciudad- por el ejército Nazi, como una respuesta –un berrinche del malparido Hitler- por la aparición, defensa y muestra de dignidad, de un grupo de Polacos –Judíos del Ghetto de Varsovia entre ellos- del ejército de la Resistencia de Varsovia.

Esa historia, que después vi ilustrada en la película El Pianista –la cual, no había visto antes, a pesar de haber sido estrenada casi 10 años atrás- me impactó…

Varsovia quedó en ruinas… quedó hecha polvo. El pintoresco centro de la plaza vieja –a unos pasos del río Vístula, o “Wilsa” en Polaco- fue reconstruido piedra por piedra… dibujo por dibujo en las fachadas de los edificios… Se muestra en las guías de la ciudad, postales y en centros de información ubicados en la zona, cómo era esa zona antes de la guerra, al finalizar la guerra… y cómo es hoy…

Es de impacto… es soberbio… es de estimular que un pueblo haya sabido cómo levantarse de las cenizas… y re-florecer.

Comenté en análisis… “es que debo ir ahí… es que yo tengo una historia –con las debidas y claras proporciones- así… a mi me destruyeron… y yo quiero que mi vida vuelva”…

Cuando terminé mi recorrido de algunos días por la hermosa Polonia… y cuando terminó mi semana en la fascinante Varsovia… el último día, en la noche (el domingo 2 de Septiembre) fui a la plaza y me senté en una mesa de una cafetería… me senté en una mesa afuera, justo en la plaza… justo para ver la fuente de la Sirena –la sirena, es el símbolo de la ciudad de Varsovia-. Me agradó mucho que las mesas que están ubicadas en el exterior, cuenten con mantas colocadas en cada silla, para que puedas cubrirte del viento… y disfrutes la plática sin tanto frío. Eso hice… me puse la manta, una manta verde pistache… pedí un pastel de manzana y un café… y no dejé de ver a la Sirena… que con su escudo y su espada… me decía: “ahora ve… y reconstrúyete”.

Será complicado… pero supongo que en algún momento… -pienso- podría lograrlo… aunque no siempre tenga tantas esperanzas…

Soy un “sube y baja”… a veces sí… a veces no…

Por eso… cuando Miguel me confirmó que se iba de la ciudad… pensé en que tenía ya otro motivo, para dejar mi corazón… hecho pedazos.

Un abrazo.

(Varsovia en Polaco se escribe Warszawa… me encantó esta historia… ¿me dejan contárselas…? Resulta ser que un marinero viajaba en su embarcación por el río Vístula (Wisla)… y se topó con una sirena en una de las Islas que se forman justo a las afueras de la, hoy capital. El nombre del marinero era Wars… el de la sirena Zawa… Pienso –yo- que la ciudad que formaron… es el resultado de su amor, un amor tan digno, como el orgullo y el honor polaco).

Leo.

viernes, 13 de julio de 2012

...el portarretratos...

(escrito el 13 de Julio de 2012).

Las historias… casi siempre tienen un final.

Odio los finales, porque si la historia logró conmoverme, el final me hará llorar.

Hace unos días decidí terminar con la historia de un guardián. Un guardián que por mucho tiempo “nos” miró, y nos prestó mucha atención. Aunque tenía una mala costumbre: “caerse”.

El guardián no es otro que un portarretratos que recibí de regalo en el 2008. En él estaba una fotografía donde Carlos y yo aparecíamos muy juntitos, apretados, en los asientos de un barco que nos llevaba de un país a otro, cruzando un río –que en realidad es un estuario- con nombre de metal precioso.

Ya lo saben… ¿no?... es una foto que nos tomamos en ese espectacular viaje a “la patria de la primavera” (según Sabina)… en la mismísima tarde donde conoceríamos el “medio y medio”… donde una guía nos enseñó que el portoñol es una lengua graciosa… y donde, con cara de situación, tomaríamos una fotografía a un monumento… “a la carreta” (lo escribo y me río).

De inmediato puse el portarretratos en un librero junto a mi cama. Cambió algunas veces de lugar, pero siempre estuvo en mi recámara… siempre viendo a nosotros… siempre –parecía- vigilante.

Era raro… cada que limpiaba (sacudía) los muebles de mi recámara (disculpen los millonarios, nunca tuve “servicio”), el marco (llamémoslo así) se caía… se daba cada putazo que qué barbaridad… yo me encabronaba… yo “le echaba bronca”…

Tal vez… y sin mayor pena a que me tiren de loco… años después creí que esa era una señal, una advertencia a la que nunca presté atención…

Recuerdo, que entre lágrimas y llanto de tragedia, mi psicoanalista comentó: “eso no es una advertencia… eso es un acto fallido… -¿del portarretratos, doctora?, pregunté yo”… reí por un momento.

La historia se sabe… Carlos y yo terminamos una relación que, más que todos los años que duró… dolía que la pasión se hubiera ido… que el amor, se hubiera exiliado… y que alguien más, hubiera entrado.

O bueno… debo decir que esa es mi versión de la historia… que como siempre, tiene muchas historias.

En una comida, unas semanas después de que nuestra relación terminara (comida que habíamos pactado tiempo atrás, en dónde sólo estaríamos él y yo), le comenté a Carlos que había quitado todos los marcos que con el paso del tiempo, había comprado y puesto con fotos nuestras (aproximadamente 8) en mi recámara. Le dije que había decidido dejar el marco que él me había regalado, porque era –de todos- el que más me gustaba. Carlos se mostró intrigado, pero con una mirada de: “¿en serio?”… me pidió que, tan pronto llegara a mi casa, revisara el espacio en dónde se coloca la fotografía.

Esa noche descubriría que Carlos me había dejado un tesoro dentro del regalo… un tesoro MUY bien guardado… pasó muchos años ahí, sin ser visto.

En el espacio en donde se coloca la fotografía, Carlos puso una segunda fotografía… una que nos tomamos debajo de la torre de los ingleses, frente al parque San Martín (lugar icónico en Buenos Aires… y que está justo, frente al mausoleo de los caídos en la guerra de las Malvinas), al fondo en la foto se ve la pared del mausoleo y la bandera Argentina. La fotografía tiene una dedicatoria:

“Me pregunto cuánto tiempo estará oculta la versatilidad de este portarretrato… jejeje.

Ya que la descubras podrás elegir la apariencia que más te agrade. Para mí, ver cualquiera

de las 2 fotos será siempre maravilloso.

Gracias por estar conmigo y por regalarme cosas tan grandes y a la vez tan simples como

tu linda sonrisa.

Te amo Leo…

Carlos G.”

Vaya sorpresa…

Vaya situación…

Vaya desesperación y momento tan difícil el que se venía para mí.

Tan sólo unos días después de nuestra ruptura, se venía el viaje que habíamos planeado por casi un año (esto también lo saben ya). Carlos no iría a ese viaje. Yo me lanzaba a una aventura, que las primeras horas me llevaría a un museo (mmm… un cementerio simbólico) de relaciones rotas. Un lugar en la que un miembro de lo que alguna vez fuera una relación (usualmente el que se denomina “el afectado”), donó un artículo que le recordaba ésa relación, y contaba la historia de ése artículo en la relación…

(La mujer que atendía el museo me veía con cara de impacto cuando rompí en llanto al entrar a la exposición y decidí mejor ponerme los lentes obscuros para que no me vieran “tan” mal).

Pues bueno… supongo que a estas “alturas del partido” saben por dónde va esto, ¿no?

El próximo lunes 16 de Julio… el portarretratos que Carlos me regaló unos meses después de que “nos volvimos de Buenos Aires”…. llegará a su nuevo hogar, justo frente a la plaza de San Marcos, en Zagreb, Croacia (Hrvatska). Me encanta decir esta palabra… ¡Hrvatska, Hrvatska, Hrvatska!... jajaja…

El alguna vez “guardián”, se convirtió en uno de los mayores tesoros que tenía de mi relación con Carlos…

Como buen tesoro (como se lo dije a Carlos recientemente), debe estar en un museo.

Les comparto la historia que acompañará a …el portarretratos…

(en un afán por no morir… pienso que nuestra historia sólo está en una pausa).

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El Portarretratos.

Fue un regalo de nuestro viaje a Buenos Aires en el 2008. Ese viaje nos cambiaría la vida. Coloqué el portarretrato sobre un librero en mi recámara, y ahí permaneció durante 3 años más. Por alguna extraña razón, que yo se la atribuía a un defecto de fabricación, el portarretrato se caía constantemente… eso causó que se dañara el marco.

La relación entre Carlos y yo duró un poco más de 5 años… fue una relación donde predominó el afecto… las palabras y el amor; hasta que me dijo las palabras que sepultaron toda una historia: “ya no te amo”.

En pocos días, nuestra relación dejaría de existir.

En un acto de valor, decidí quitar los más de 8 portarretratos con fotografías de él y yo, excepto éste. A éste le tenía especial cariño. Cuando le dije (en una comida que acordamos) que había dejado el portarretratos en su lugar, me pidió revisar el espacio donde se guarda la fotografía, porque había una sorpresa que había estado escondida por más de 3 años. La sorpresa era una fotografía con una dedicatoria suya…

Esa noche lloré mucho… pensé que, inclusive el portarretratos se estaba despidiendo de nosotros… como un guardián, que ya no tenía a quién vigilar.

Pocos días pasaron, para que él iniciara una nueva relación, saliera del closet… y se mudara con su nueva pareja. Yo ya no existía.

Por algunas semanas el portarretratos se convirtió en algo así como, un tesoro.

Pienso que… si es un tesoro, debe estar en un museo.

Leonardo (México).

lunes, 2 de abril de 2012

...historias para leer (y vivir) sin rímel...

(escrito el 1 de abril del 2012).


Les cuento que… sé, o por lo menos entiendo, que para solucionar un problema, uno tiene que comentarlo.
Pues hoy lo comentaré.


El año pasado tuvo, entre muchos males y situaciones terribles, una en particular que me puede molestar demasiado. Sólo leí 1 libro.


Me costó mucho, mucho trabajo poder terminar “Conversación al Sur”. Algo tenía ese libro que me provocaba detenerme seguido… dejarlo… volverlo a tomar… retomar las ideas… entender qué estaba pasando. Al final, en uno de los momentos donde he estado más triste en la vida… lo terminé. Y como lo comenté ya con algunas personas (mi psicoanalista y amigos), el final me molestó muchísimo.


Por respeto a quien se atreva a leerlo… evidentemente no comentaré cómo termina.


Este año por otro lado, inicié con el propósito de leer mucho más. Y creo que voy mejorando. Y como siempre… algo de lo que “hago” se asocia con una historia de mi vida… a veces son historias graciosas… otras, no tanto.


Hace 1 mes, por fecha, murió mi padre.

De mi papá podría hablar mucho… pero mucho. Creo que quien lleva una relación cercana conmigo ha escuchado alguna historia donde lo menciono. Y quien lleva una relación muy cercana conmigo, sabe que los últimos meses (y años) no fueron los mejores en su vida… y en nuestra relación. El irme “preparando” para su muerte los últimos años/meses, suena lúgubre, pero “real”; tanto… que tal vez sea por eso que el día que me informaron que lo iban a internar, sabía que ya no saldría del hospital, ni volvería a verlo, en su vida “normal”.

Creo que fui afortunado… tal vez tuve un golpe de suerte. De esos golpes de suerte que no te das cuenta que tienes, si no los reflexionas… si no los piensas.


Semanas antes, un mes aproximadamente, antes de que fuera internado y a la “corta” muriera… tuve un pleito terrible con él. Terminamos a gritos, a insultos… con todo. Un día antes de morir… hablamos, ya él estando muy mal, y yo sabiendo que era la última vez que lo vería… y que escucharía su voz. Pude decirle que lo quiero… que lo quería “para conjugar correctamente”… pude platicar con él, y despedirme… El estar frente a él, un par de horas antes de que muriera… tomarle la mano, y decirle cosas, pensando que así el estaría más tranquilo al momento de “irse”… es algo que sigo considerando, y creo que así lo haré siempre… un golpe de suerte.


Creo… que entre otras cosas, eso fue lo que me mantuvo tranquilo… sereno, o como gusten llamar a mi actitud en el velorio de mi papá… Todos preguntándome cómo estaba… y cuando respondía: “pues bien… bueno triste pero bien”… le seguía una contra pregunta: “no, en serio… ¿cómo estás?”. No sé si debía tirarme al suelo y berrear… o maldecir a todos por la muerte de mi padre, para complacer a quienes veían con ojos de extrañeza la tranquilidad de mi hermana… y la mía. Pero bueno… mi abuela se encargaría de eso.


Creo además… bueno, aquí si no creo, aquí sí sé que mi papá hubiera estado contento de que todo transcurriera con calma… inclusive, seguro se hubiera reído gustoso de mi decisión de ir a comer, al momento de la misa… pues él detestaba ese tipo de expresiones. Le gustaban las cosas en calma…


Es triste, sí, saber que no lo volveré a ver… ni a hablar con él. Es raro, aún hoy… saber que ya no escucharé sus historias…, que ya no estaré comiendo con él, escuchando algún grupo de música que le gustara (podían ser desde Los Lobos… Dire Straits… o Sarah Vough… lo que fuera)… y lo que sí resulta peor, es que ya no escucharé las historias que me gustara contara, y que nos mantenía a mi hermana y a mí, atentos a todo detalle.
Se de mi padre muchas cosas, muchas historias… muchas buenas, algunas malas y otras con las que no estaba de acuerdo. Pero sé, sobre todo, que era mi padre… y que nos queríamos, y mucho.


En los últimos meses… desde el año pasado a la fecha, mi vida ha estado enmarcada por contrastes terribles… una separación que sentí, se llevaba todo… mi sonrisa… mi energía… mi interés… y mis ganas de vivir. Un viaje que me abrió los ojos… y que introdujo a mi lista de platillos favoritos… el goulash. Un cambio de casa, que me relajó… me distanció de mi vida pasada y de cosas que me molestaban… que me hizo saber que $10 pesos… son $10 pesos, y que me sirven para muchas cosas… pero que también, al estar lejos de mi casa… me siento más solo, y más conmigo… cuando así lo necesito. El embarazo de mi hermana… y enterarme que voy a ser tío de una niña... y que no, no se llamará Ángela, como yo propuse. Y ahora una muerte… que vino a poner a prueba la relación de un hombre con su padre… ni más… ni menos.


Dos días antes de que mi papá muriera, llegó al hospital donde estaba internado, un amigo suyo acompañado de su esposa. Llegaron justo a las seis de la tarde, y ésa era la hora en la que terminaba el horario de visita, por lo que no pudo entrar a ver a mi papá… a su amigo. Después de hablar con él, y decirle cuál era el estado de mi papá, entendió que no lo volvería a ver. Nos despedimos y comenzaba a irse, cuando lo alcancé para pedirle su teléfono y poder comunicarnos con él en caso de que algo pasara. Me dijo: “te pareces mucho a tu papá”… y rió un poco (yo también, porque creo que me parezco más a mi mamá –físicamente al menos- que a mi papá). Después me dijo: “Oye, ¿te puedo hacer una pregunta?”… le dije que claro, que adelante. –“¿Verdad que tu papá ha leído más de mil libros?”… su esposa lo jaló del brazo y le hizo una cara como diciendo: “cómo preguntas eso ahorita”. Yo sonreí, por la pregunta que este señor hizo. Noté que lo conocía muy bien a mi papá… Le respondí: “¿sabe?... yo creo que ha leído muchos más”. El volteó a ver a su esposa y le dijo: “ya ves… te dije que Memo lee mucho”.


Mi vida está llena de historias. No es nada nuevo lo que digo, porque sé que las de ustedes también… es sólo que últimamente, siento que éstas son mis …historias para leer (y vivir) sin rímel…*


En fin… ese es el asunto… la muerte es triste. Porque de ella… no se puede hablar. Sólo se puede, “imaginar”.

*Frase que la “tomé prestada” del título de un libro que me enteré existe, cuando leí “La Presidenta; Historia de una Vida”, sólo que yo le añadí el (y vivir)… para hacerla mía.

Un abrazo.


Leonardo.